La mentira más dulce

azucar

El nuevo enemigo número 1 | Uwe Hermann

Durante los últimos cuarenta años hemos sido bombardeados con la idea de que las grasas son malas, tan malas que se les ha considerado las máximas responsables detrás del aumento exponencial de casos de diabetes y enfermedades cardiovasculares de las últimas décadas. Sin embargo, un artículo de investigación al más puro estilo Watergate recientemente publicado en JAMA Internal Medicine ha demostrado que el culpable bien podría ser otro.

Cristin Kearns y sus compañeros de investigación revisaron multitud de documentos internos de empresas relacionadas con la industria azucarera y descubrió que hacia el año 1967, la llamada Fundación de investigación del azúcar, integrada en su mayor parte por pesos pesados de la industria del azúcar (refrescos, galletas, gominolas…) financió la publicación de una serie de artículos de investigación en una de las revistas médicas más importantes del mundo, el New England Journal of Mediciney firmadas por un grupo de médicos de la prestigiosa Universidad de Harvard, donde habrían desviado la atención sobre el papel del azúcar en el riesgo de desarrollo de enfermedades cardiovasculares y/o diabetes, culpando en su lugar al colesterol y las grasas.

Tanto éxito tuvo la iniciativa, que hasta hace muy poco las grasas han sido vistas como el enemigo a batir y una oleada de productos bajos en grasas, pero ricos en azúcares, desarrollados para aquellos preocupados por su salud. Tan poco como que el azúcar sólo ha empezado a ser vilipendiado por la mayoría de guías nutricionales desde el año pasado. Y eso cuando estudios recientes muestran que dietas elevadas en azúcar implican un riesgo hasta tres veces más elevado de sufrir diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular.

En este momento en que una vez más uno siente que no puede más que dudar de la ciencia, especialmente de aquella en la que existen serios intereses económicos detrás, cabe la pregunta de cómo conseguir respuestas veraces e independientes. Cuando el dinero con que sufragar proyectos de investigación viene acompañado de ciertos requerimientos o asociado a la producción de ciertos resultados, la ciencia pierde su valor. Por otra parte, sin financiación pública muchos centros de investigación encuentran en la financiación privada el único camino de seguir adelante con sus proyectos.

A día de hoy es preciso concretar las fuentes de financiación privada de los estudios sobre salud/medicina, aunque para muchos esta medida es insuficiente. Publicación de protocolos al inicio de los ensayos, publicación íntegra de los resultados para asegurar su fidelidad…son medidas que vienen siendo demandadas por asociaciones de consumidores, pacientes y médicos interesados por una investigación de calidad y transparente.

Si a más de uno le asaltan las dudas a la hora de llenar la nevera con tanta información y contra-información sobre los peligros de éste o aquel alimento, yo recomendaría algo que mi abuela siempre decía: Usa la cabeza. O sea, mesura y dieta mediterránea. Que sobre eso no hay dudas. Y si no mirad los datos de esperanza de vida en España.

Esta anotación ha sido realizada por Rosa García-Verdugo (@starvingneuron) y es una colaboración de Naukascon la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU.

5 Comentarios

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Antonio GarcíaAntonio García

El azúcar es la sustancia más adictiva que hay.

Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHUCátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU

Y quizá aún queden cosas por descubrir sobre él.

Gaston MendezGaston Mendez

Que un laboratorio reciba financiación de una o varias empresas no garantiza que pasen los filtros de revisión de pares en la comunidad científica. Cada investigador pone su reputación en juego sobre todo cuando son temas de relevancia social (no debe mover demasiado el amperímetro de la sociedad si coca cola financia investigaciones sobre los tonos que emiten las ranas mejicanas de mirada fija, ni debe llamar demasiado la atención de la comunidad científica, a menos que postulen algo que sea muy contrario a lo esperable, como que puede haber relación estadística entre los tonos de esas ranas durante el periodo de celo y la incidencia del cáncer de esófago).
Si los temas no son relevantes o controversiales, no llaman la atención y acompañan al paradigma.
Uno puede intentar publicar investigaciones con estadística inventada, donde diga que fumar tabaco en ayunas cura el cáncer de pulmón y reduce el riesgo de epoc, a cambio de dinero de las tabacaleras, pero cuanto tiempo duraría esa mentira?

Manuel López RosasManuel López Rosas

Parece inevitable expresar consideraciones de tipo conciliador: Habrá que mantenernos muy atentos a la inevitable formación de grupos de interés económico, ya que (el interés económico) resulta el estímulo que (acentuado, o no expresamente acentuado en ocasiones), se convierte en el principio que igualmente debemos prever en sus posibles efectos corruptores.

La mentira más dulce – The Starving Neuron

[…] Durante los últimos cuarenta años hemos sido bombardeados con la idea de que las grasas son malas, tan malas que se les ha considerado las máximas responsables detrás del aumento exponencial de casos de diabetes y enfermedades cardiovasculares de las últimas décadas. Sin embargo, un artículo de investigación al más puro estilo Watergate recientemente publicado en JAMA Internal Medicine ha demostrado que el culpable bien podría ser otro. Sigue leyendo en culturacientifica.com […]

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