Ciencia, Modernidad y Posmodernidad

Naukas

En la historia hay edades que más o menos todos ubicamos bien. En lo que se refiere a Europa la Edad Antigua va desde las primeras civilizaciones hasta la caída del Imperio Romano de Occidente en el año 476; la Edad Media desde esta fecha al descubrimiento de América en 1492; la Edad Moderna desde este momento a la Revolución Francesa de 1789; y, desde entonces estaríamos en la Edad Contemporánea. Pero hay otra posibilidad de distinguir eras históricas que se basa en los conceptos de ciencia, tecnología y razón y sus papeles en el proceso histórico: Modernidad y Posmodernidad.

Hegel

El término “moderno” aparece por primera vez en el siglo XVI como una forma de señalar la separación del presente con el pasado. Y aunque en el siglo XVII los filósofos naturales experimentales se distinguían a sí mismos de las prácticas del pasado en el debate entre “antiguos” y “modernos”, fue Georg Wilhelm Friedrich Hegel (1771-1831) quien dio la primera definición formal de modernidad como la persistente re-creación del yo y las condiciones de vida. Desde Hegel existe quien da en llamar Modernidad al período que va de la Revolución Francesa (1789) al final de la Segunda Guerra Mundial (1946). En 1947 los arquitectos comienzan a hablar de la existencia de un estilo “posmoderno” y conforme avanza la Guerra Fría los filósofos y sociólogos articulan el significado (o mejor, significados) de Posmodernidad. Modernos y posmodernos varios coinciden en que la Posmodernidad es la era en la que estamos desde los ochenta.

Tras Hegel la Modernidad se refiere a dos narrativas “maestras”, a saber, el desarrollo de la promesa de la Ilustración de la liberación a través de la razón, y la unificación de todas las ramas del conocimiento mediante la extensión de los métodos racionales de la ciencia y la tecnología. Jürgen Habermas (n. 1929) mantiene que ambas narrativas se han empleado para legitimar la ciencia y la tecnología en el ámbito social desde 1800. La ciencia, para los teóricos de lo moderno, es una práctica representativa, una reproducción de la naturaleza, cuyas características son el resultado del consenso racional entre los que la practican, quienes, a su vez, establecen verdades científicas independientes de los intereses sociales. Desde el momento en que el consenso implica la ausencia de conflicto, desde el punto de vista moderno la ciencia es un instrumento racional de paz.

Hay pensadores, como Habermas o Bruno Latour (n. 1947), que creen que la Modernidad es un proyecto inacabado que aún merece la pena proseguir con objeto de conseguir una sociedad libre de conflictos en la que la comunicación clara y racional es posible. Desde la perspectiva modernista la historia de la ciencia y la tecnología se encuadra claramente dentro de las narrativas teleológicas de progreso, racionalización, secularización, burocratización e, incluso, de estado-nación.

Nietzsche

Los orígenes de la posmodernidad los podríamos trazar hasta la crítica de la razón de Friedrich Nietzsche (1844-1900) y otros a finales del XIX. Pero no será hasta después de las atrocidades del Tercer Reich que se empezó a dudar seriamente del proyecto moderno de liberación y unificación mediante la razón. La Posmodernidad no solo rechaza estas dos narrativas maestras de la Modernidad, sino también la idea de que la representación (tanto en las artes como en las ciencias) pueda ser un espejo preciso de la realidad objetiva.

Los posmodernos como Jean-François Lyotard (1924-1998) reconceptualizan las ciencias como actividades orientadas hacia la reproducción de las prácticas de investigación más que a la producción de resultados acerca del mundo. Lo que Lyotard llama “performatividad” en las ciencias puede apreciarse en la inclinación de las ciencias hacia la interdisciplinaridad y el trabajo en equipo. En la incesante búsqueda de “lo nuevo” (la invención de nuevos vocabularios, prácticas, reglas de investigación, consensos) la ciencia posmoderna es una forma de conocimiento que no reproduce lo conocido, sino que constantemente busca lo desconocido y lo indeterminado.

El carácter anti-representativo de la ciencia posmoderna significa que las imágenes (y las teorías) no representan la naturaleza, sino que son una proyección de los entornos políticos, sociales y económicos en los que se desarrolla la actividad científica. Dicho de otro modo, la naturaleza misma desaparece en un mundo creado de simulacros y simulaciones y la historia de las ciencias se convierte en la historia de las imágenes y de lo que se cree que se encuentra inmerso en ellas.

En la Posmodernidad las ciencias son una parte de la economía, pero en un papel muy diferente al que jugaban en la Modernidad. Ahora sus imágenes son sujetos de la ideología política y, por tanto, su verdad es relativa: frente a unos hechos, existen hechos alternativos. De aquí se sigue la “caridad epistemológica” hacia las creencias irracionales que se encuentra habitualmente entre los posmodernos.

Este post ha sido realizado por César Tomé López (@EDocet) y es una colaboración de Naukas con la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU.

12 comentarios

  • Avatar de Masgüel

    Hay más muertos que sacar de las trincheras. La guerra es larga y ya no recordamos de quién era el burro.

    Newton era neoplatónico declarado. El universo que dibuja la modernidad, y su prolongación en parte de la física contemporánea, es el sueño húmedo de Pitágoras.

    En cierta ocasión, bromeando, Putnam dijo que Rorty no era pragmatista, sino escéptico, en sentido griego. Y creo que tenía razón. La ciencia como ficción útil ya está en Enesidemo, en (lo se dice de) Pirrón, en los sofistas.

    • Avatar de Rawandi

      “El universo que dibuja la modernidad, y su prolongación en parte de la física contemporánea, es el sueño húmedo de Pitágoras.”

      Lo dudo mucho. La cosmovisión científica moderna es materialista y en consecuencia difícilmente podría gustarle a un ferviente espiritualista como Pitágoras.

  • Avatar de Jorge Senior

    Este es un resumen descriptivo de un debate cuasi-obsoleto que tuvo su auge en los noventa. A estas alturas lo que tenemos son los últimos coletazos de los posmos. Sin embargo, la lucha contra el irracionalismo seguirá porque éste siempre aparece con diferentes manifestaciones, nada extraño si recordamos lo que nos dice la neurociencia sobre nuestro cerebro.

  • Avatar de Daniel Roberto Távora Mac Cormack

    Los criterios de periodización de la historia y los conceptos que se utilizan para describirlos tienen el inconveniente de no poder fijar ni detener el fluir de la historia. En tanto necesarios para comparaciones y definir relaciones que permitan identificar elementos que aporten alguna comprensión o que arroje algún tipo de información acerca de porque las situaciones son en un momento dado, de una determinada manera y no de otra, suelen perderse en conceptos que no se actualizaron ni percibieron esos cambios. Si bien hay elementos concretos para poder afirmar que ciertos postulados pos modernos se alejan de la racionalidad, también es necesario intentar discernir cuales refieren, en esa “irracionalidad” a elementos o actores que cambiaron su participación en el juego de la construcción de realidad, y que entonces, buscan en lo irracional formas de “visualizar” o “esconder” e “invisibilizar” esos cambios de modo de sostener “privilegios” y “Status quo” que de otra forma serian puestos en evidencia.

  • Avatar de José Luis Castillo Chaves

    Yo no sé mucho de esto. Acabo de aprender más gracias a tu post, César. 🙂

    Pero llevo tiempo dándole vueltas a si la ciencia conoce la naturaleza o más bien habla de nuestra capacidad de percibir la naturaleza. ¿Soy posmoderno? 🙂

    Si la ciencia habla de nuestra percepeción más que de la naturaleza en sí, ¿necesitamos un método nuevo, diferente al científico, para acceder a nuestra mente, de la cual procede la percepción, que es el dominio de lo subjetivo? Ahí, el método científico, centrado en lo objetivo, tiene dificultades…

    O lo mismo se me ha ido mucho la pinza con esto del puente de mayo… 🙂

  • Avatar de Mario Rodríguez

    Muy buen artículo, a la vez que necesario. Sin embargo discrepo en cierto punto.

    En algún momento, dices “La ciencia posmoderna es una forma de conocimiento que no reproduce lo conocido, sino que constantemente busca lo desconocido y lo indeterminado.”

    No considero bajo ningún concepto que la búsqueda de lo desconocido y lo indeterminado esté englobado bajo la doctrina posmodernista. En este sentido son la búsqueda de la verdad y la expansión del conocimiento lo que da lugar a que se lleven esas prácticas, es decir, lo que importa al fin y al cabo es la finalidad del progreso científico.

    A diferencia de lo que plantea el posmodernismo, la búsqueda de lo desconocido no implica una falta total de objetivos, sino más bien todo lo contrario. Representa el anhelo en su máxima expresión por conocer, partiendo desde puntos de vista que aún no han sido construidos.

    Lo que sí considero es que estamos inmersos dentro de un cambio del paradigma científico, o mejor dicho, una revolución científica. La forma en la que se hace ciencia se encuentra en plena transformación, cada vez se opta más por la apertura de la ciencia, y las estructuras que a ello se han dedicado durante décadas o siglos están viendo cómo están siendo adelantados por la izquierda. Es este cambio de paradigma científico lo que puede interpretarse como ausencia de contenidos y de teleología, cuando realmente dista mucho de ser así.

    En relación a ello me gustaría añadir este artículo que precisamente pertenece a una de esas “estructuras científicas tradicionales”, y que quizá está haciendo todo lo posible para no perecer en unas pocas décadas:

    https://blogs.scientificamerican.com/guest-blog/we-live-in-a-pre-truth-universe/?WT.mc_id=SA_TW_POLE_BLOG

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