La ciencia y la competencia

La ciencia es un sistema de búsqueda de conocimiento, y también el depósito de saberes acumulado por este sistema. Su objetivo es esclarecer el funcionamiento del Universo, saber cómo funcionan las cosas y de qué están hechas; es una búsqueda intelectual y sistemática que intenta dejar a un lado los errores conocidos y trata de aproximarse en sucesivos ciclos a la verdad. En este sentido es inherentemente cooperativa, no competitiva: el conocimiento es de todos y los descubrimientos del otro pueden y deben enriquecer los propios. El hecho de que el final del proceso de descubrimiento científico sea la publicación así lo demuestra: el objetivo es hacer público, dar a conocer lo descubierto para que todos lo conozcan. La ciencia es, por tanto, una república cooperativa. En teoría.

Y en teoría no debería haber diferencia entre la teoría y la práctica, pero en la práctica la hay.

De izquierda a derecha: Crick, Watson, Franklin, Wilkins y Pauling. Cinco de los protagonistas de uno de los casos de competencia en ciencia más conocidos del siglo XX: el descubrimiento de la estructura del ADN. Los hechos se narran aquí.

Los humanos somos primates, y como tales intensamente sociales y muy jerárquicos; esto implica que tendemos de forma natural a competir constantemente para establecer relaciones de dominación y sumisión. Sólo por este factor la ciencia, como cualquier empeño humano, tiende a la competencia, y el triunfo máximo en ciencia es ser el primero en publicar algo: el que pasa a la historia como el descubridor. A veces las reglas de la ciencia así lo reconocen de modo explícito, como cuando el nombre de quien crea una especie biológica forma parte de su denominación taxonómica oficial: descubre y describe una nueva especie y estarás para siempre en los libros de taxonomía. Si eres el primero en desarrollar una teoría o en abrir un nuevo campo de estudio pasarás a la historia. Nadie recuerda al segundo: es el primero el que se lleva toda la gloria. Y así ha sido siempre, y seguirá siendo mientras seamos humanos.

Otro factor importante es el desarrollo de la tecnología como herramienta política. Las técnicas son hijas de la ciencia, pues consisten en aplicar el conocimiento científico para resolver problemas prácticos, y a lo largo de la historia han influido decisivamente en el poder de las naciones. Ya desde antes y desde luego sin duda desde el siglo XX está más que claro que la única forma de mantener una capacidad económica y militar importante es poseer una capacidad tecnológica y científica importante, porque la economía y la tecnología ganan guerras. Es por eso, y desgraciadamente no por amor al conocimiento, por lo que los estados subvencionan el desarrollo científico, lo cual inmediatamente introduce un factor de distorsión: el que paga no quiere regalar lo que tanto le ha costado conseguir. Hay un enfrentamiento intrínseco entre los objetivos de los estados y el alma misma de la ciencia, ya que los gobiernos quieren el secreto que es esencialmente enemigo del pensamiento científico. La coexistencia es complicada, y eso sin entrar a analizar los intereses comerciales de empresas o editoriales a la hora de controlar el acceso público a la ciencia que generan o canalizan.

Un caso de rivalidad científica que provocó portadas e hizo tambalearse a las bolsas del mundo fue el que enfrentó a los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos dirigidos por Francis Collins y a Celera Genomics Corporation dirigida por J. Craig Venter, en su afán por completar el Proyecto Genoma Humano, lo que se dio por conseguido en 2003.

La consecuencia de todo esto es que en el mundo de la ciencia real hay una competencia constante, intensa y feroz; cualquier científico que trabaje en un área de interés puede contar con seguridad con que otros científicos de otros países le están constantemente pisando los talones. La naturaleza no es de propiedad privada: los mismos genes tienen las Drosophilas o los Caenorhabditis o las Arabidopsis en China que en EE UU que en Europa, hay neutrones en cualquier departamento de física del planeta y los ceros de la función zeta de Riemann son los mismos para cualquier matemático, por lo que nadie tiene en principio ventaja: sólo el esfuerzo y el talento cuentan. Quien sea más inteligente, más eficiente y más rápido será el primero, y los demás tendrán que conformarse con ir a la cola. En teoría es la más justa de las contiendas: la naturaleza es la misma para cualquiera y sólo la capacidad determinará quién es el vencedor.

Pero en la práctica dónde estás importa, porque los recursos que se dedican a la investigación no son los mismos ni se reparten de la misma manera, por lo que algunos científicos de según qué países están en desventaja. Todos los científicos compiten a la vez que cooperan, pero algunos lo hacen con más dinero, más becarios, doctorandos y postdocs, más respaldo político, mejores perspectivas laborales y profesionales; y otros con menos. Las políticas estatales importan, porque por muy listo y talentoso que seas sin dinero, sin laboratorios, sin la posibilidad de una carrera profesional estable y sin respaldo político y cultural no se puede competir contra quien sí los tiene. Los países más ambiciosos y poderosos del mundo invierten en su ciencia porque saben que es invertir en poder para sus estados y bienestar para sus ciudadanos. Los demás invierten menos y colocan a sus científicos en posición de desventaja en una carrera en la que todos participamos, seamos conscientes o no. Esta es, también, una decisión política fundamental relacionada con la ciencia. Porque por muy cooperativamente humano que sea el conocimiento mientras seamos como somos la competencia existirá. Y en algunos países la estamos perdiendo por ceguera.

Sobre el autor: José Cervera (@Retiario) es periodista especializado en ciencia y tecnología y da clases de periodismo digital.

3 Comentarios

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Hitos en la red #170 - Naukas

[…] de cosas, digamos metacientífico, también puede decirse que Pepe Cervera explora lo negativo en La ciencia y la competencia, ¿o […]

Gerardo SánchezGerardo Sánchez

Excelente articulo, el problema sobre la ciencia se presenta cuando se limita el acceso a ella y a los descubrimientos realizados para ponerles un precio.

PepePepe

La Ciencia no vale para nada si no tiene una implicación en las vidas reales. ¿Para qué sirve si sólo aporta ideas sin generación de futuro? Al final la Ciencia queda como una forma de investigación para mejorar la tecnología existente en cualquier ámbito civil o militar. La Ciencia tiene un buen aporte para los trabajos rutinarios de los trabajadores y trabajadoras.

De todas formas la Ciencia siempre ha estado ahí, la diferencia es que antes tenía un uso marginal y sólo adecuado para los centros universitarios. Hoy día la Ciencia se aplica a todos los procesos productivos.

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