Los planetas solares

Mercurio no solo es el planeta más cercano al Sol, también es el de menor tamaño: tiene una masa que equivale a 0,055 veces la de la Tierra y un diámetro de 4.900 km; no tiene satélites naturales. El segundo más cercano al Sol pero tercero en orden creciente de tamaños es Venus. Tiene 12.100 km de diámetro y una masa muy parecida a la terrestre: 0,815 veces la de nuestro planeta; tampoco tiene lunas. Luego viene la Tierra, con 12.700 km de diámetro y un satélite natural. Marte es el segundo más pequeño; su diámetro es de 6.800 km y su masa equivale a 0,11 veces la de nuestro planeta; tiene dos pequeñas lunas. Hasta aquí los planetas interiores, los cuatro de roca y metal.

Los exteriores son de mayor tamaño y gaseosos en su mayor parte. Júpiter, el más grande (143.000 km de diámetro y una masa como la de 318 tierras), tiene 69 lunas. Y Saturno, el planeta de los anillos es el segundo más masivo (116.000 km de diámetro y una masa equivalente a 14,5 tierras); tiene 62 satélites naturales. Le siguen Urano, con 51.000 km de diámetro y una masa que es 14,5 veces la de la Tierra, y Neptuno, con un diámetro de 49.000 km y una masa equivalente a 17 tierras. Urano tiene 27 lunas y Neptuno, 14. Neptuno es algo más pequeño que Urano, pero un poco más masivo porque es más denso. Es, hasta ahora, el único planeta cuya existencia se predijo antes de ser observado, a partir de la detección de perturbaciones en la órbita de Urano provocadas por los efectos gravitatorios de un planeta desconocido.

Los planetas orbitan el Sol a velocidades vertiginosas para nuestras referencias habituales. El más lento es Neptuno, que se desplaza a 5,4 km/s (kilómetros por segundo). Cuanto más cerca están los planetas del Sol esa velocidad es mayor. Mercurio, el más rápido, se desplaza a 47 km/s. Venus, por su parte, se traslada a 35 km/s. La Tierra lo hace a 30 km/s. El tiempo en dar una vuelta completa alrededor del Sol depende, lógicamente, de la velocidad de traslación y de las dimensiones de la órbita. El que menos tiempo necesita es Mercurio, que tarda 88 días terrestres, y conforme los planetas van estando más lejos del Sol, ese tiempo se prolonga porque las órbitas son mayores y sus velocidades, menores. Neptuno necesita 165 años (más de 60.000 días) terrestres para describir una órbita completa.

Los planetas también se diferencian por su rotación. En general, cuanto más masivos son, más cortos son sus tiempos de rotación. Júpiter gira sobre sí mismo en unas 10 horas, mientras que Mercurio lo hace en 59 días. No obstante, Venus rompe esa tendencia, porque necesita la friolera de 243 días. Es más, tarda más tiempo en rotar sobre sí mismo que en completar una órbita alrededor del Sol. Y esa no es la única rareza venusiana: tiene giro dextrógiro o retrógrado; o sea, rota al revés que la Tierra: el Sol sale en Venus por el Oeste y se pone por el Este. En resumidas cuentas, amanece por el otro lado. Aunque Urano no le anda a la zaga en rareza: además de girar al revés, lo hace con una inclinación sobre el plano de traslación –la eclíptica- de 97,8º. Por esa razón, cada polo y gran parte de su correspondiente hemisferio experimenta de forma ininterrumpida 42 años de exposición al sol y otros 42 de oscuridad, aproximadamente. En otras palabras, amanece una vez cada 84 años, pero amanece, que no es poco.

Nota del autor:

En esta anotación se deslizó un error en la velocidad de traslación de Mercurio. Se ha corregido. El texto original (“Cuanto más cerca están los planetas del Sol esa velocidad es mayor, con la excepción de Mercurio, que se desplaza a 28 km/s. El más rápido es Venus, a 35 km/s.”) ha sido sustituido por el siguiente: “Cuanto más cerca están los planetas del Sol esa velocidad es mayor. Mercurio, el más rápido, se desplaza a 47 km/s. Venus, por su parte, se traslada a 35 km/s.”

—————————-

Sobre el autor: Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) es catedrático de Fisiología y coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU

————————

Una versión anterior de este artículo fue publicada en el diario Deia 10 de septiembre de 2017.

3 Comentarios

Deja un comentario

Agustín SardónAgustín Sardón

¿Y cómo se explican esos giros dextrógiros en la teoría que indica que el sistema solar se formó a partir de una nube de gas y polvo que fue cayendo en torno a su centro por efecto de la gravedad?

RawandiRawandi

Agustín, la explicación es muy sencilla: al principio todos los planetas presentaban rotación antihoraria (contraria a las agujas del reloj), pues así rotaba también el disco protoplanetario a partir del cual se habían conglutinado; pero Venus y Urano sufrieron fortuitamente sendos choques colosales que movieron sus ejes de rotación haciendo que desde entonces ambos astros muestren una rotación horaria: el eje rotacional de Venus quedó cabeza abajo, mientras que el de Urano quedó tumbado.

El cielo sobre nuestras cabezas - Cuaderno de Cultura Científica

[…] objetos están sometidos a sus efectos gravitatorios, por lo que forman parte de su sistema. Vimos aquí los planetas con sus lunas, pero además de ellos, hay infinidad de pequeños y no tan pequeños […]

Deja un comentario

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>