El factor de aptitud f

Rita Levi-Montalcini, premio Nobel de Medicina o Fisiología 1986, el día de la celebración de su centenario en 2009.

La gente más inteligente tiene, por regla general, mayor calidad de vida, mejor salud y vive más años. Siempre se ha pensado que eso es debido a que las personas más inteligentes toman mejores decisiones sobre sus hábitos de vida. Sin embargo, es posible que además de ese factor, en esa relación intervengan otros elementos, como han sugerido estudios que han encontrado sorprendentes relaciones entre la inteligencia general (factor G) y otras variables.

Uno de los estudios da cuenta de la existencia de una correlación altamente significativa (en términos estadísticos) entre dos variables que en principio, y según sus autores, no tienen nada que ver entre sí, que son la calidad del semen y la inteligencia. Los autores plantean la hipótesis de que exista un factor de éxito o aptitud “f” (de fitness) que subyace a características diversas y que hace que éstas covaríen. Éxito debe entenderse en este contexto como una suerte de propensión estadística a la supervivencia y el éxito reproductivo. Y en otro, observaron correlación negativa entre la inteligencia y la presencia de algunas anomalías o malformaciones de base genética, algo que sería igualmente consecuencia de la existencia de ese factor “f” general de éxito o aptitud.

Los autores proponen dos posibles explicaciones para la existencia de ese tipo de asociaciones entre rasgos en principio independientes. Una sería que el fenómeno se deba a la existencia de genes con efectos pleiotrópicos, o sea, con efectos múltiples en más de un carácter fenotípico. Y la otra es que sea el resultado de lo que en inglés se conoce como “assortative mating” y que podría traducirse como emparejamiento según un conjunto (un surtido) de criterios definidos. La covariación de distintos rasgos sería el resultado de que a lo largo de generaciones personas pertenecientes a determinados grupos de población hayan preferido sistemáticamente esos rasgos en sus parejas y, por lo tanto, se hayan seleccionado a la vez. En este caso habrían sido la inteligencia y otros que reflejan lo que podría considerarse como calidad genética del individuo, muestra de la cual serían la calidad espermática y la ausencia de anomalías.

Los autores de estos trabajos, conscientes de lo impopulares que son los estudios que atribuyen a factores hereditarios rasgos como los aquí tratados, se curan en salud de un tipo de posibles críticas con el párrafo final del segundo trabajo. Transcribo, según traducción propia:

“El campo de la epidemiología cognitiva debiera ocuparse de todas las posibles relaciones causales entre inteligencia y salud, y no solo entre inteligencia fenotípica, estilo de vida, ambientes sociales y salud. La eliminación de las desigualdades de salud es uno de los objetivos que se asigna a la epidemiología cognitiva. Si nuestra hipótesis del factor de aptitud es correcta, habría que ver las desigualdades de salud bajo un prisma algo diferente. Puede que algunas disparidades entre grupos socio-económicos no sean evidencia de una sociedad disfuncional, sino que reflejen una variabilidad genética en la carga de mutaciones que afecta tanto a la salud física como a la inteligencia en general (que, a su vez, influye en el éxito socio-económico). La misma evolución puede, mediante mutaciones pleiotrópicas y emparejamientos de acuerdo con un surtido de criterios definidos, maximizar el rango de calidad genética entre individuos y la intensidad de las correlaciones genéticas entre caracteres, con el efecto colateral de que se maximiza la aparente injusticia de la situación médica, educativa y económica. Sin embargo, esto no debiera causar pesadumbre. La evolución también nos ha proporcionado perspicacia, comprensión, empatía y un sentido de la justicia. Las buenas personas, equipadas con una buena comprensión del mundo tal y como es, siempre han encontrado oportunidades para reducir el sufrimiento evitable haciendo uso de esos dones.”

Referencias:

Rosalind Arden, Linda S. Gottfredso, Geoffrey Miller, Aran Pierce (2009): Intelligence and semen quality are positively correlated. Inteligence 37 (3): 277-282

Rosalind Arden, Linda S. Gottfredso, Geoffrey Miller (2009): Does a fitness factor contribute to the association between intelligence and health outcomes? Evidence from medical abnormality counts among 3654 US Veterans. Intelligence 37 (6): 581-591

Sobre el autor: Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) es catedrático de Fisiología y coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU

1 Comentario

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Joe RubioJoe Rubio

Fabio Andrés Muñoz Muñoz : Una dura realidad, si lo entendí bien, las clases privilegiadas al tener acceso a mejor educación, alimentación y condiciones de bienestar, facilita que sus genes tiendan a reproducirse más longevos e inteligentes. Lo cual a su vez puede utilizarse para tratar de “justificar” la injusticia de explotar a los no privilegiados por parte de los privilegiados (o ser indiferentes a su miseria). O por el contrario, tratar de reducir esa injusta desigualdad que explota, empobrece y embrutece.

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