Las epidemias del pasado… y del futuro

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“La plaga de Atenas” de Michiel Sweerts. Alrededor de 1652.

Tras las guerras médicas, finalizadas en 448 a.e.c. con la derrota del ejército persa de Artajerjes I y la Paz de Calias, Atenas se encontraba en su máximo apogeo. Pericles, seguramente la máxima figura política de la Grecia clásica, gobernaba un imperio marítimo y, a decir del historiador Tucídides, lo hacía con talento y prudencia. Y sin embargo, la era de Pericles llegaría a su fin 17 años después, en parte al menos, por una serie de malas decisiones promovidas por el “primer ciudadano”.

En 431 a.e.c. Esparta, que lideraba una confederación de ciudades del Peloponeso, tuvo que apoyar a sus aliadas Mégara y Corinto que habían sido perjudicadas por Atenas, y atacó por tierra con sus hoplitas. Pericles había preparado a Atenas fortificando la ciudad y construyendo los dos “Muros Largos” que protegían el corredor hasta el Pireo, el puerto por el que afluían a la ciudad los suministros que necesitaba. Atenas era inferior a Esparta en tierra, pero tenía la flota más poderosa del Egeo y era, además, muy rica. Cuando la coalición lacedemonia atacó el Ática, las gentes de toda la región se refugiaron en el interior del recinto amurallado. A los 150.000 atenienses se les unieron entre 200.000 y 250.000 nuevos pobladores. En el verano de 430 se declaró una epidemia terrible que asoló la ciudad.

Tenemos noticias precisas de la epidemia gracias a Tucídides, quien sufrió en su persona la enfermedad. Los enfermos se arrastraban por las calles y morían cerca de las fuentes –a donde iban a beber-, y en los templos, donde se hacinaban los refugiados. “Morían como ovejas” escribe Tucídides. Pericles perdió a sus dos hijos legítimos, y él mismo también cayó enfermo y murió en el otoño de 429.

Se desconoce cuál es el patógeno que causó la epidemia. El mal surgió, según Tucídides, en Etiopía; se desplazó por el valle del Nilo hasta Egipto; y desde allí, por mar, llegó a Atenas a través del Pireo. Acabó con la vida de un tercio de los atenienses.

Según el epidemiólogo Paul Ewald, de la Universidad de Louisville (EEUU), la conocida como Gran Plaga de Atenas puede darnos una idea de cómo pueden desarrollarse las enfermedades más peligrosas para los seres humanos en el futuro. Frente a la extendida creencia de que las peores pandemias serán las que causen patógenos procedentes de animales –como el ébola o las gripes aviares- Ewald sostiene que esos patógenos no han convivido suficiente tiempo con los seres humanos como para haber desarrollado mecanismos eficaces para transmitirse entre personas. Los virus y bacterias con que convivimos producen síntomas e inducen respuestas por nuestra parte que facilitan mucho su dispersión.

Por esa razón, Ewald piensa que, en buena lógica evolutiva, es más probable que sean los virus y bacterias con los que más tiempo llevamos coevolucionando, y que han desarrollado buenos mecanismos de dispersión los que, bajo determinadas condiciones, puedan generar peligrosas epidemias. Enfermedades como el cólera, la viruela y las causadas por Staphylococcus aureus serían las mejores candidatas a protagonizar una pandemia peligrosa. Para que eso ocurra bastaría con que su capacidad de transmisión y virulencia se vieran favorecidas, tanto por las condiciones ambientales –grandes números de personas hacinadas- como por la aparición de alguna cepa de especial peligrosidad. Por esa razón, Ewald considera importante evitar condiciones que faciliten a los patógenos aumentar su virulencia y transmisibilidad, como las que se dan en hospitales hacinados o en grandes campos de refugiados. Porque puede que las epidemias del futuro se produzcan de modo similar a como lo hicieron en el pasado.

Fuentes:

Javier Murcia Ortuño (2007): De banquetes y batallas, Alianza Editorial, Madrid.

Wendy Orent (2017): How plagues really work Aeon.

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Sobre el autor: Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) es catedrático de Fisiología y coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU

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Una versión anterior de este artículo fue publicada en el diario Deia el 13 de agosto de 2017.

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