El buen turrón tiene su ciencia

Fronteras

Soy más de turrón blando que de turrón duro. Aunque reconozco que con un pedazo tengo más que suficiente, incluso si es de calidad suprema. Realmente no hay grandes diferencias entre uno y otro, ni nutricionales ni de fabricación.

El turrón de Jijona y el turrón de Alicante tienen denominación de origen. Cuando no la tienen se llaman turrón blando y turrón duro respectivamente. Ambos están compuestos exclusivamente por almendras tostadas, miel, azúcar y clara de huevo. Las calidades varían en función de la cantidad de almendra. Así, la calidad suprema contiene un 60% de almendra, la calidad extra un 50%, la calidad estándar un 40% y la calidad popular un 30%.

  • El valor nutricional del turrón

Ambos turrones son ricos en proteínas de alto valor biológico, provenientes del huevo y de las almendras: contienen 7 de los 9 aminoácidos esenciales. También son ricos en ácido fólico y en vitamina E.

Estos turrones contienen mucha grasa: alrededor de 30 g por cada 100 g de turrón. Pero, como la grasa proviene exclusivamente de la almendra, tiene un buen perfil lipídico. Sólo entre 2 y 3 g son grasas saturadas, naturalmente presentes en las almendras. Contiene ácidos grasos insaturados que también encontramos en el aceite de oliva, como el ácido linoleico y linolénico.

La cantidad de azúcar oscila entre los 40 y los 50 g por cada 100g de turrón, por lo que nutricionalmente son alimentos superfluos. Cualquier bondad que pudiésemos atribuir a las almendras queda ensombrecida por el elevado contenido en azúcar que poseen. A estas alturas nadie duda de que los turrones son alimentos que consumimos sólo por placer, nunca por cuestión de salud.

  • La ciencia de la fabricación del turrón

El primer paso para fabricar ambos turrones consiste en tostar las almendras. Esto se hace en hornos rotatorios esféricos durante 45-50 min. Cuando se tuestan las almendras se generan más de 50 compuestos diferentes, entre ellos cetonas, aldehídos, pirazinas, alcoholes, hidrocarburos aromáticos, furanos, pirroles, terpenos e hidrocarburos lineales. Las pirazinas, junto con los furanos y los pirroles, contribuyen significativamente al característico aroma tostado de la almendra. Los procesos químicos que suceden son muy complejos, tanto es así que todavía no se han determinado todos los compuestos volátiles que se producen durante el tueste.

Aparte se prepara el caramelo en una malaxadora, que es como una olla con una pala mezcladora. El caramelo se hace con miel, azúcar y agua. Los turrones de más calidad contienen más miel que azúcar. La mezcla se hace en caliente para aumentar la miscibilidad del azúcar y favorecer las reacciones de caramelización.

La caramelización es un proceso químico complejo mediante el cual se produce la oxidación de los azúcares, la fragmentación de la sacarosa, la condensación y deshidratación de los azúcares, etc. dando como resultado el sabor acaramelado, el color dorado y la formación de varios compuestos volátiles que dan ese olor característico a caramelo caliente. La caramelización sucede en el azúcar y en la miel. No olvidemos que la miel es 80% azúcar.

Cuando la mezcla de la miel y el azúcar es homogénea, se añade la clara de huevo. La clara de huevo tiene varias funciones: blanquea el caramelo, le da textura y volumen, aglutina todos los ingredientes del turrón y evita que se formen cristales de azúcar.

La clara del huevo es traslúcida, sin embargo, cuando la calentamos o la agitamos, las proteínas pierden el orden interno y se convierten en un entramado amorfo. A esto se le llama desnaturalización. Cuando esto sucede, ni siquiera la luz es capaz de atravesar ese caos proteico y por eso se vuelve de color blanco. Si seguimos batiendo, esas proteínas desnaturalizadas comienzan a coagular, a formar agregados de proteínas con una nueva estructura que es capaz de almacenar aire en su interior. Esto es lo que da textura y volumen al caramelo.

La clara de huevo funciona como aglutinante. Esto quiere decir que funciona como un pegamento, haciendo que los diferentes ingredientes se adhieran entre sí. También por esto es anticristalizante, es decir que, aunque haya alta concentración de azúcar, evita que éste forme cristales cuando la mezcla se enfríe.

Esta mezcla se sigue agitando hasta que alcanza el «punto de melero» o «punto de garguirol». Esto significa que cuando coges una pequeña porción de mezcla, ésta se solidifica en segundos y se rompe con un leve golpe; y al morderla se resquebraja sin pegarse a los dientes.

Cuando esta mezcla está en su punto, se le añade la almendra tostada y se mezcla bien con unas palas.

Tras este último paso, el turrón de Alicante y el de Jijona toman caminos diferentes. Por una parte, el turrón de Alicante se divide en bloques, se introduce en moldes cubiertos de oblea para que no se pegue y se prensa a mano hasta que queda con el menor número de imperfecciones. Finalmente, se cortan los bloques en tabletas y se envasan para su distribución.

Para el turrón de Jijona, la pasta caliente formada por las almendras y el caramelo se extiende sobre bandejas y se deja enfriar hasta que endurece. Estas placas se introducen en un molino de piedra, generalmente junto a más cantidad de almendras tostadas ya molidas. Todo esto se muele finamente y se bate hasta que quede una pasta homogénea, sin granos apreciables a simple vista.

Esta mezcla se lleva al boixet. El boixet es como un gran mortero caliente automatizado que permite alcanzar la cremosidad óptima. Una vez alcanzada, la pasta se vierte en unos moldes y se deja reposar durante 24 horas. Estos moldes son porosos, de forma que durante ese tiempo el turrón va exudando parte del aceite de las almendras. Una vez terminado este proceso, se desmolda, se corta en tabletas y se envasa.

Tanto el turrón de Jijona como el de Alicante, a menudo se envasan al vacío para que duren al menos un año.

  • Sí, sí, el turrón caduca

La vida útil del turrón depende sobre todo de la variedad. Según la calidad del envasado, rondará los 12-18 meses tras su fabricación. El turrón de Jijona dura más que el de Alicante, porque el aceite de la almendra impregna toda la tableta y favorece su conservación. Mas allá de la fecha de caducidad podría ser peligroso consumirlo, principalmente porque la grasa se enrancia.

  • Vuelve a casa, vuelve por Navidad

Lo interesante del turrón es su valor gastronómico, cultural y tradicional. Como cualquier alimento propio de una época del año, tiene ese algo de ritual que nos conquista y que lo convierten en parte fundamental de la ceremonia de estas fiestas.

La ciencia que hay tras él también nos hace entender gran parte de su atractivo culinario. Aun así, el turrón es un dulce altamente calórico y atiborrado de azúcar y, como tal, ningún nutricionista te recomendará consumirlo a lo largo de todo el año ni lo incluiría dentro de una dieta saludable.

Así que, tanto por conservar lo especial del ritual gastronómico navideño, como por salud, si el turrón vuelve a casa, que sólo vuelva por Navidad.

Sobre la autora: Déborah García Bello es química y divulgadora científica

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