¿Cada cuánto tiempo se renuevan las células de nuestro cuerpo?

¿Cuántos años tiene usted? Sea cual sea su edad, no lo es de la mayor parte de las estructuras que conforman su cuerpo. Algunas ni siquiera tienen horas de existencia y solo unas pocas le acompañan desde que nació. Sus tejidos u órganos, así como las células que los forman tienen edades muy diferentes unas de otras. En su gran mayoría las células se van renovando y así lo hacen también los tejidos de los que son sillares.

Las células más efímeras son las que recubren el interior del intestino delgado. El epitelio intestinal es un tejido muy activo, que se ocupa de absorber y digerir infinidad de pequeñas moléculas. Sus células se renuevan entre cada dos y cuatro días. En el aparato digestivo hay otras de vida muy breve: las de las criptas del colon se renuevan cada tres o cuatro días, las del estómago entre cada dos y nueve, y las células de Paneth del intestino delgado –entre cuyas funciones se encuentra la defensa frente a patógenos intestinales- cada veinte.

Perduran mucho más los hepatocitos (células del hígado): entre seis meses y un año. Si bien es parte del aparato digestivo, el hígado es de hecho un órgano diferente y aunque los hepatocitos son las células que producen la bilis (esencial en la digestión intestinal de las grasas), sus principales funciones son metabólicas: tienen su sede en ellas innumerables procesos metabólicos cuyo ámbito de influencia es el conjunto del organismo.

Las células de la sangre tienen tasas de renovación muy diferentes. Las de vida más corta son las del sistema inmunitario: los neutrófilos, que son los leucocitos más abundantes, se renuevan entre cada uno y cinco días, y otros leucocitos, los eosinófilos, entre cada dos y cinco. Las plaquetas, cuya función es facilitar la cicatrización de las heridas, viven unos diez días. Y mucho más longevos son los glóbulos rojos, que se renuevan cada cuatro meses. Las células madre hematopoyéticas, de las que provienen las anteriores, permanecen bajo esa condición durante dos meses antes de convertirse en leucocitos, plaquetas y glóbulos rojos.

Otras células de vida relativamente breve son las del cuello uterino, que duran seis días; de los alveolos pulmonares, ocho días; de la epidermis de la piel, entre diez y treinta días. Más prolongada es la existencia de los osteoclastos, las células que remodelan el hueso: se renuevan cada dos semanas; y más aún la de los osteoblastos, las que lo producen: se recambian cada tres meses. La actividad de esas células da lugar a que un 10% del tejido óseo se renueve cada año. Las células de la tráquea lo hacen cada uno o dos meses. Y los espermatozoides cada dos meses, aunque, por contraste, las mujeres nacen con todos sus óvulos.

Las que menos se renuevan son los adipocitos -células que almacenan reservas de grasa- que lo hacen cada ocho años; las musculares, cada quince; y los cardiomiocitos (células musculares del corazón) experimentan una renovación de entre un 0,5% y un 10% al año. Las neuronas del sistema nervioso central apenas se renuevan; la excepción es el recambio diario de unas setecientas células de un área muy concreta denominada “hipocampo”, lo que implica que esa zona repone un 0,6% de sus neuronas al año. En promedio, el cuerpo se renueva entero cada 15 años.

Si lo pensamos un poco, vivimos en un cierto frenesí de reposición permanente de algunas -casi todas, en realidad- de nuestras estructuras coporales. Podría decirse, incluso, que ya no somos el mismo organismo que éramos hace un par de meses.

Nota: Si te ha interesado este artículo, quizás te interesen también Los tipos celulares humanos y su origen embrionario y ¿Cuántas células hay en el cuerpo humano?

Post scriptum: El pasado 7 de marzo Nature publicó un artículo en el que se indica que en contra de lo que se pensaba, en adultos humanos no hay neurogénesis. Si no tiene acceso a Nature, puede consultar una reseña de esa investigación en The Scientist. El neurocientífico Raúl de la Flor me proporcionó esta última referencia a traves de tuiter.

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Sobre el autor: Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) es catedrático de Fisiología y coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU

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Una versión anterior de este artículo fue publicada en el diario Deia el 3 de diciembre de 2017.

6 Comentarios

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Alberto Cifuentes TorresAlberto Cifuentes Torres

Esa “reposición permanente” me recuerda el “catálogo mental de todas las imágenes del recuerdo” de Funes el memorioso 🙂

JavierJavier

No quiero meterme y meteros con esos embrollos.
Pero dado este hecho de la renovación del cuerpo y el hecho de que los impulsos nerviosos son (evidentemente) discretos; cuesta defender la existencia de una consciencia continua.

César ToméCésar Tomé

La consciencia no es continua. Esto es evidente desde el momento en que deja de existir en cuanto nos quedamos dormidos. Si nos empeñamos en decir que es continua cuando estamos despiertos, la respuesta es la misma que a la continuidad de la materia compuesta por átomos, pura apariencia. Por tanto, no es necesario defender lo que no existe.

Pablo Diaz de BritoPablo Diaz de Brito

La renovación excepcional de neuronas en el hipocampo, ¿tiene relación con los procesos de pérdida de memoria tan comunes después de los 50 años’? Pregunto porque soy víctima de un proceso de ese tipo muy acelerado. Gracias

Juan Ignacio PérezJuan Ignacio Pérez

No lo sé. Pero mira el post scriptum que he añadido en relación con la renovación de las células del hipocampo.

Manuel López RosasManuel López Rosas

Una de las constataciones que exigen consideraciones de nuestra parte en muchos niveles de la “realidad”, y en particular, por ejemplo para enfrentar y redefinir las identidades culturales, claro que es tema para otros espacios.

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