¿Qué factores han impulsado la evolución cognitiva en el linaje humano?

La naturaleza humana

Como vimos en una anotación anterior, se han barajado diferentes hipótesis para dar cuenta de las presiones selectivas que dieron lugar al gran encéfalo que caracteriza a la especie humana. Se asume que ese tamaño permitió el desarrollo de capacidades cognitivas idóneas para hacer frente a aquellas presiones. Un trabajo más reciente, realizado por Suzanne Shultz, Emma Nelson y Robin I. Dunbar ha barajado y valorado varias posibilidades: (1) que gracias a esas habilidades cognitivas los homininos pudieran desenvolverse bajo condiciones climáticas variables e impredecibles, con fuentes de alimento cambiantes e igualmente difíciles de prever; (2) que les permitieran afrontar con éxito la amenaza de diversos y poderosos depredadores al aventurarse por espacios y ecosistemas nuevos; (3) que posibilitasen la vida en grandes grupos de individuos y que favoreciesen la cooperación en el seno de dichos grupos (dentro de esta categoría se consideran de importancia crucial las capacidades para valorar los intereses de los otros miembros del grupo); (4) que dieran lugar al desarrollo del lenguaje, con todas las posibilidades que tal adquisición conllevó.

El grupo de Dunbar estudió un amplio conjunto de cráneos correspondientes a un periodo que va de hace 3.2 millones a hace 10000 años, y analizó su posible relación con los factores que pudieron propiciar sus cambios de tamaño. En el análisis optó por dos procedimientos en paralelo. Por un lado estudió el curso temporal de variación en las dimensiones craneales para todo el conjunto de homininos estudiados. Y por otro lado analizó el cambio en el seno de cuatro grandes categorías taxonómicas: Australopithecus sp., Homo habilis, Homo erectus (incluido H. ergaster) y H. sapiens (incluidos H. heidelbergensis y H. neanderthalensis).

Los resultados indican que el crecimiento del cráneo de los homininos a lo largo de tres millones largos de años no ha sido gradual, sino que se han producido saltos en determinados momentos: los dos primeros saltos coinciden con la aparición de los primeros H. habilis (hace unos dos millones de años) y de H. erectus (hace unos 1.8 millones de años). El tercero ocurrió entre 1.0 y 1.2 millones de años, sin aparente relación con la aparición de ninguna especie. Y los dos últimos han ocurrido, el primero de ellos, hace entre cuatrocientos y doscientos mil años, en el entorno de la aparición de los seres humanos anatómicamente modernos, y hace unos cien mil años el segundo, sin coincidir este tampoco con la aparición de ninguna especie en concreto. Aparte de esos saltos, en algunas de las categorías también se observaron aumentos graduales en el tamaño encefálico a lo largo del tiempo.

Esta investigación no permitió atribuir a un único factor la encefalización observada durante la evolución de los homininos. Los factores climáticos y ambientales ejercieron, muy probablemente, cierta influencia, ya fuese de forma directa o indirecta, al obligarles a modificar su comportamiento, de manera que ocuparon hábitats más periféricos y peligrosos, vivieron en grupos de mayor tamaño o utilizaron nuevos recursos.

Dado que los factores relacionados con el clima no pueden por sí solos dar cuenta de la variación observada en el tamaño encefálico a lo largo del tiempo, han de ser considerados otros posibles efectos, y muy en especial los ejercidos por factores de carácter social y lingüístico. Aunque no se dispone de medidas directas de la estructura de los grupos sociales o de su complejidad, es conocida la gran importancia que la inteligencia social tiene para la condición humana. Las conclusiones a que han llegado los estudios acerca de la evolución del lenguaje, morfología encefálica y la aparición del comportamiento simbólico sugieren que la evolución del lenguaje es una componente clave de la evolución cognitiva humana y que los avances culturales han podido ocurrir en una serie de pasos que habrían tenido su reflejo en cambios en el tamaño y arquitectura del encéfalo. En ese sentido, los autores del trabajo sugieren que el último salto en el tamaño encefálico, el producido a partir de hace unos cien mil años, puede estar asociado a la adquisición del lenguaje complejo, o sea, en la transición de un habla basada en la capacidad para emitir sonidos vocálicos articulados a la producción de proposiciones plenamente gramaticales.

Fuente:

Suzanne Shultz, Emma Nelson & Robin I Dunbar (2012): Hominin cognitive evolution: identifying patterns and processes in the fossil and archaeological record. Phil Trans R Soc B 367: 2130-2140; doi:10.1098/rstb.2012.0115

Sobre el autor: Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) es catedrático de Fisiología y coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU

2 comentarios

  • Avatar de Jose Luis Moreno

    Excelente aproximación a un tema realmente complejo. Bajo mi punto de vista, este trabajo de Shultz, Nelson & Dunbar tiene un problema metodológico que debe tenerse en cuenta. Deja de lado fósiles como Homo floresiensis que ya habían sido descritos años antes de esta publicación (2004) o Australopithecus sediba (2009); además de otros recientes como Homo naledi (2015) cuyos cráneos no ajustan con la tendencia observada.

    Por ejemplo, para completar el cuadro son interesantes estos otros estudios:
    Para Homo floresiensis: Argue, D., et al. (2017), “The affinities of Homo floresiensis based on phylogenetic analyses of cranial, dental, and postcranial characters”. Journal of Human Evolution, vol. 107, p. 107-133; y para Homo naledi: Schroeder, L., et al. (2017), “Skull diversity in the Homo lineage and the relative position of Homo naledi”. Journal of Human Evolution, vol. 104, p. 124-135.

    Por último, un artículo más reciente de dos de estas investigadoras (Dumbar y Shultz) profundiza en la evolución cerebral de los primates: Dunbar, R. I. M. y Shultz, S. (2017), “Why are there so many explanations for primate brain evolution?”. Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences, vol. 372, núm. 1727.

  • Avatar de Juan Ignacio Pérez

    Gracias, José Luís, por tu documentado comentario. Sin duda es un tema complejo. Y estoy seguro de que en unos pocos años habrá mucha más información aún.
    Lo que me sorprende es que se dé tanta importancia al tamaño encefálico o dimensiones de la corteza cerebral como indicadores de las capacidades cognitivas. Y no me refiero a las referencias que tú aportas, sino en general al conjunto de datos que se valoran en este campo.
    Muchas gracias de nuevopor el comentario. Da gusto tener lectores tan bien documentados.
    Salud.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *