De la sal «sin gluten» al champú «sin gluten»: no solo marketing

Fronteras


Hace unos días comenzó a anunciarse en televisión el champú «sin gluten» de un conocido laboratorio cosmético. En el supermercado nos encontramos alimentos «sin gluten» que de serie no lo contienen, como por ejemplo la sal o los garbanzos. Podríamos pensar que estamos ante dos torticeras estrategias de marketing, pero eso sería quedarnos en la superficie. La realidad del asunto es más compleja y está en los hechos, sobre todo en los hechos científicos.

¿Son necesarios los productos sin gluten?

Las personas con enfermedad celiaca no pueden consumir alimentos con gluten. Es una enfermedad sistémica crónica autoinmune. Esto quiere decir que el organismo de las personas que padecen esta enfermedad reacciona ante algunas sustancias que componen el gluten como si fuesen tóxicas, generando inflamación y ocasionando lesiones intestinales. Puede terminar por dañar cualquier órgano o tejido. Afecta a personas que presentan una predisposición genética. Entre el 1 y el 2% de la población padece esta enfermedad.

La enfermedad celiaca no es exactamente una intolerancia ni una alergia, aunque suele explicarse así para hacerla comprensible, realmente es una enfermedad autoinmune. Las personas que padecen esta enfermedad pueden estar en contacto con el gluten porque éste no atraviesa la piel, sin embargo, no pueden ingerirlo.

Esta enfermedad puede provocar complicaciones de salud muy graves. Su tratamiento consiste en el seguimiento de una dieta estricta sin gluten durante toda la vida. Por este motivo sí es necesario que existan alimentos sin gluten para ellos.

¿Los alimentos sin gluten son mejores para todos?

El gluten es un conjunto de proteínas que está naturalmente presente en muchos cereales como el trigo, la espelta, la cebada, el centeno o el kamut, y les confiere un mayor interés culinario. El gluten es el responsable de la elasticidad de la masa de harina y de la consistencia y esponjosidad de los panes y masas horneadas. También es apreciado por su poder espesante. Durante el horneado, el gluten es el que retiene los gases de la fermentación en el interior de la masa, haciendo que esta suba y quede esponjosa. Después de la cocción, la coagulación del gluten es responsable de que el bollo no se desinfle una vez cocido.

Los panes, bollos y masas hechos con harinas sin gluten, como las de trigo sarraceno, arroz, maíz o garbanzo, son difíciles de manejar precisamente porque no contienen gluten.

Las personas que padecen la enfermedad celiaca, si quieren consumir panes, bollos o pastas, tienen que optar por fórmulas con harinas sin gluten. Desgraciadamente en muchos casos esto va en detrimento del sabor y la textura de los alimentos, además resultan más caros que los productos análogos fabricados con harinas con gluten, debido al mayor coste de las materias primas y a la mayor complejidad del proceso de fabricación.

Las personas que no padecen esta enfermedad no tienen ninguna razón por la que seguir una dieta sin gluten. Comer sin gluten no es ni más sano ni ayuda a perder peso, como muchas veces se ha dado a entender. Sin embargo, nos encontramos que las ventas de productos «sin gluten» ha aumentado a pesar de que no haya más personas con enfermedad celiaca. Algunas dietas se ponen de moda por muy absurdas que sean.

Una dieta sin gluten se basa en evitar una serie de cereales concretos. Nada más. En el caso de las personas con enfermedad celiaca además tienen que cuidar que no haya contaminación cruzada, es decir, que los alimentos no se hayan fabricado y cocinado donde también se fabrican y cocinan los alimentos con gluten. Para ellos seguir una dieta sin gluten es complicado. Si no tienes la enfermedad celiaca, no te compliques la vida.

Sal sin gluten: parece absurdo, pero no lo es

En el año 2000 la Federación de Asociaciones de Celíacos de España (FACE) emprendió la esforzada tarea de solicitar a la industria alimentaria, tanto a fabricantes como a distribuidores, que incluyeran algún tipo de distintivo en sus productos para ayudar a las personas con enfermedad celiaca a diferenciar entre los productos que podían consumir y los que no. Algunos productos, sobre todo procesados, pueden incluir en su composición harinas con gluten por motivos tecnológicos y puede resultar complicado ver cuáles son. Por aquel entonces la legislación vigente todavía no contemplaba las normas de etiquetado que hoy en día conocemos como «sin gluten» o «bajo en gluten». De ahí la petición.

En el año 2002, Mercadona ya ofrecía 50 referencias de productos «sin gluten» que fueron incluidos en la lista de productos aptos para celíacos en FACE. Mercadona sacó su propio sello «sin gluten», incluyéndolo en todos los alimentos libres de gluten, tanto si eran susceptibles de contenerlo como si no. Por este motivo encontramos alimentos con este sello, incluida la sal, el arroz, los garbanzos… alimentos que jamás lo han contenido. Este sello no respondía a una ridícula estrategia de marketing, sino a satisfacer la demanda de los consumidores y la petición de FACE. Otros muchos fabricantes y grandes distribuidores como Eroski o Carrefour se han sumado a esta iniciativa. En la actualidad ofrecen cientos referencias de alimentos sin gluten que habrían sido susceptibles de contenerlo. Tenemos más oferta de alimentos sin gluten que nunca.

El cambio en la normativa tardó algo más en llegar. Gracias a la iniciativa de los grandes distribuidores del sector alimentario, y a una propuesta del Ministerio de Sanidad y Consumo español, desarrollada a través de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), y presentada a la Comunidad Europea en enero de 2008, se estableció que el límite de cantidad de gluten que debe figurar en la composición de todos los alimentos para ser considerados «sin gluten» ha de ser inferior a 20 mg/kg y para ser considerados «bajos en gluten» ha de ser inferior a 100 mg/kg. Esta propuesta se incluyó en el reglamento en 2009 y se mantiene en el reglamento vigente. En la actualidad existen varios sellos que certifican que los alimentos son «sin gluten».

Cosméticos sin gluten: parece absurdo y casi siempre lo es

Una conocida marca de cosméticos anuncia en televisión un nuevo champú «sin gluten». El envase del producto luce en su frontal el «sin gluten» como si se tratase de un eslogan comercial. Esto suscita chascarrillos y enfados a partes iguales. Hace un par de años se hacían bromas con el famoso «champú creador de materia» sin embargo, para sorpresa de muchos resultó que en aquel producto había mucha más ciencia de la que imaginábamos. Podríamos pensar que el champú sin gluten correrá la misma suerte, pero no, con ese eslogan nos están tomando el pelo, nunca mejor dicho.

Por un lado, el gluten no suele formar parte de los productos cosméticos porque no cumple ninguna función en ellos. Podríamos encontrar cantidades ínfimas en algún producto que contuviese avena o extractos de cereales con gluten. Según los estudios, incluso estos cosméticos contienen un máximo de 10 mg/kg de gluten; están por debajo de la cantidad de gluten que pueden contener los alimentos «sin gluten». Tendríamos que comernos dos labiales de cacao con avena para superar este límite. Obviamente el problema no sería ingerir gluten, sino comer barras de labios.

Por otro lado, el gluten no penetra en el organismo a través de la piel. Así que, aunque un cosmético contuviese gluten, éste no afectaría en nada a las personas con enfermedad celíaca. No obstante, hay que tener cuidado si entra en contacto con mucosas, heridas, o si se trata de productos infantiles, ya que los niños podrían ingerirlos accidentalmente durante el aseo. A las personas con enfermedad celiaca se les aconseja no utilizar labiales con ingredientes susceptibles de contener gluten, porque obviamente es más fácil ingerirlo, o cremas hidratantes de manos que podrían contaminar la comida. Aun así, la probabilidad de ingerir una cantidad nociva de gluten a través del uso de un cosmético es remota.

Hay un tipo de dermatitis que guarda cierta relación con el gluten. Se trata de la dermatitis herpetiforme. Esta enfermedad comúnmente aparece asociada a la enfermedad celiaca. Sin embargo, no se desarrolla por contacto por vía tópica con el gluten, sino tras su ingesta, así que los cosméticos sin gluten tampoco son necesarios para las personas con esta clase de dermatitis.

La Federación de Asociaciones de Celíacos de España (FACE) se ha puesto en contacto con el laboratorio que vende el champú para que retire el reclamo de «sin gluten». La razón que alegan es que este tipo de estrategia publicitaria banaliza la enfermedad celiaca, induce miedo a los consumidores y además de perpetúa los mitos en torno al gluten.

A título individual no pongo en duda las cualidades de este champú. Con total certeza será un buen producto cosmético. La estrategia publicitaria no solo se basa en el «sin gluten», pero desde luego sí ha acaparado toda la atención. Por eso solicito a estos laboratorios que retiren el «sin gluten» de su publicidad. No lo necesitan. Además, las personas que no estén bien informadas, que estén especialmente sensibilizadas con el tema del gluten porque tienen hijos con enfermedad celiaca, son un blanco fácil. Bastante fastidiado lo tienen con la alimentación como para preocuparse por chorradas.

Conclusión

Los cosméticos no llevan gluten porque éste no cumple ninguna función. Indicarlo como reclamo publicitario es un error. Causa inquietud en los consumidores, banaliza la enfermedad celiaca, perpetúa mitos y no responde a ninguna necesidad real. Además, si un cosmético tuviese gluten, las personas con enfermedad celiaca podrían utilizarlo sin problema.

En cambio, los alimentos sin gluten son necesarios para las personas que padecen la enfermedad celiaca. Las personas que no padecen la enfermedad celiaca no tienen por qué seguir una dieta sin gluten. Ni es más sana, ni sirve para perder peso.

La Federación de Asociaciones de Celíacos de España solicitó a fabricantes y distribuidores que todos los productos que no contienen gluten llevasen algún tipo de distintivo. Incluidos los productos que de forma natural no deberían contener gluten. No hubo una intención perversa por parte de la industria alimentaria. Todo lo contrario. Tanto es así que la industria se adelantó y propició un cambio de normativa que ahora nos permite distinguir más fácilmente qué alimentos llevan gluten y cuáles no.

Es tan vago creer que los alimentos sin gluten son más sanos como creer que la única intención de la industria es engañarnos. Suspicacias la justas.

Sobre la autora: Déborah García Bello es química y divulgadora científica

7 comentarios

  • Avatar de Masgüel

    “Las personas que no padecen esta enfermedad no tienen ninguna razón por la que seguir una dieta sin gluten. Comer sin gluten no es ni más sano ni ayuda a perder peso”

    ¿Ninguna?. Mencionas dos razones. Serán ciertas, pero hay más. Una razón no es una hipótesis replicada experimentalmente y publicada por la comunidad científica. Ni falta que le hace. “A mí me funciona”, no es una hipótesis científica, pero es una razón y, a menudo, suficiente. Un diagnóstico de celiaquía require pruebas genéticas y varias biopsias de duodeno. Seguir una dieta sin trigo, ninguna de las dos cosas. También será cierto que hacer una dieta sin gluten antes de las pruebas obstaculiza el diagnóstico de celiaquía, pero para comer sin trigo tampoco hace falta un diagnóstico. Y también es posible que después de someterte repetidamente a la endoscopia resulte que no eres celíaco y tus problemas digestivos son producidos por otros FODMAPs, también presentes en el trigo, o sencillamente te quedes sin saber la causa. Pero si cambiando una dieta con trigo por otra con maíz o arroz, vuelves a necesitar las piernas para desplazarte (cuando antes te propulsabas como un hovercraft) y se terminan las nochecitas toledanas sentado en el trono, no necesitas que un médito te proporcione otra razón. El diagnóstico, el tratamiento y la receta médica siempre deberían ser meros consejos, nunca permisos. Y las pruebas médicas invasivas para verificar una hipótesis científica, cuando pueden evitarse simplemente dejando de comer un par de cereales, se hacen con ratones, no con pacientes humanos, salvo que se presten voluntarios por amor a la ciencia.

  • Avatar de Amaia

    Con respecto a los garbanzos que no tienen GLUTEN,no estoy se acuerdo. Sí que está bien que lo pongan en los botes de conserva como por ejemplo hace Mercadona,ya que sí,es libre de GLUTEN la legumbres en si,pero antes de ser consumida,hay que lavarle muy bien porque si es verdad que contiene trazas de GLUTEN,bien por el proceso de elaboración,o bien porque aparecen trozos de trigo entre ellos cuando se compra a granel. Y esto lo digo,y es cierto,porque lo he sufrido en.mis propias carnes,con lo cual,me parece bien que se identifique en los productos y os,en las legumbres.

  • Avatar de Barbara

    Buenas, interesante artículo, tienes toda la razón en muchas cosas, pero por ejemplo yo que tengo una hija celíaca me deja más tranquila el que existan productos de aseo sin gluten ya que en algunos shampoos para mejorar el cabello usan proteína hidrolizada de trigo y eso es gluten, sin duda mi hija no tiene reacción alérgica si me preocupa el que éste entre por los ojos o simplemente por la bcoa cuándo se lava el cabello, allí ya tendría que ver que pasa, pero para no estar a ensayo y error con un menor es mejor prevenir, sin duda el hecho que aparezcan más productos alimenticios libres de gluten incluyendo marcas masivas por ejemplo una marca de lácteos en mi país hace que éste sea más asequible, el error es tomarlo como una dieta moda, por que éste no le hace bien a los intolerantes/celiacos/alergicos al gluten. Saludos.

  • Avatar de Maria

    Disculpá que te corrija, pero SÍ ES NECESARIO que todos los productos que puedan certificar ser sin gluten lo hagan así sea la sal o los garbanzos, no porque contengan gluten en sí sino por la contaminación cruzada en las plantas de procesamiento, envasado, etc.

    Por ejemplo, aquí en Argentina la gaseosa Pepsi no es apta porque se envasa en la misma planta en que se envasa la cerveza Quilmes y por eso no pueden asegurarte que no hayan partículas de este en la maquinaria, en el ambiente, etc. y que no lleguen al producto.

    Por otro lado, como dijo la mujer de arriba, a quienes padecemos la enfermedad nos deja tranquilos/as que el shampoo, las cremas que usemos, etc. no tengan aquella partícula que nos hace mal, ya que no sabemos con certeza que no vaya a tener contacto con las mucosas y demás.

    En conclusión, la parte química excelentemente explicada, pero con respecto a las vivencias de la enfermedad y qué necesitamos y qué no quienes la tenemos dejás en evidencia una enorme ignorancia y un poquito de soberbia.

    Sugerencia como colega científica: recordá que saber mucho en un campo, incluso ser una eminencia en este, no implica que no podamos ser ignorantes en otro.

    La próxima estaría bueno, además de informarse con asociaciones que tratan la enfermedad preguntar por qué piden determinadas medidas en vez de deslegitimar su accionar, como te expliqué antes sobre los productos que naturalmente no llevan gluten , sean o no alimentos. Otro ejemplo es la plastilina, que no es alimenticia pero que los/as niños/as se pueden llevar a lar boca accidentalmente.

    En conclusión, antes de hablar de enfermedades (más si se hace desde una perspectiva ‘científica’) se debe consultar con quienes saben y/o viven con estas en lugar de pontificar desde la ignorancia; eso atenta contra la buena ciencia. Saludos!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *