Datos vs. ideología: ¿Es la asignación de una renta básica universal la forma más eficiente de reducir la pobreza?

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Foto de Niels Steeman via Unsplash

El actual estado del bienestar instaurado en países como España es un sistema levantado tras el desastre socioeconómico de la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial. A medida que los países occidentales iban recomponiendo sus economías comenzaron a diseñar métodos para cuidar de sus ciudadanos más pobres a través de becas, servicios y subvenciones destinados a propósitos concretos, como alimentos o vivienda.

Es innegable que este sistema ha mejorado la calidad de vida general, y en especial la de los ciudadanos que reciben esas ayudas. Pero no lo ha tenido fácil: hace falta una burocracia nutrida y compleja para administrar los fondos y para asegurarse de que los ciudadanos que los reciben cumplen con los criterios establecidos.

Así que hay voces que defienden un sistema diferente, el de la renta básica universal (RBU), según el cual se reparte directamente una cantidad de dinero determinada a los ciudadanos más pobres sin imponer en qué deben gastarlo. Para los progresistas, esta podría ser una forma más eficaz de erradicar la pobreza; para los conservadores, se trata de una versión del estado del bienestar que resultaría mucho más sencilla y barata de implementar.

Los experimentos que han puesto a prueba la RBU

Pero, ¿es esto verdad? Hacen falta experimentos que nos den datos empíricos sobre los que sostener estas afirmaciones y posibles variaciones en políticas económicas y sociales que llevan décadas en pie. La revista Nature ha publicado recientemente un artículo en el que recoge y detalla algunos de los experimentos que se están llevando a cabo en todo el mundo en la materia.

Como por ejemplo, el que se realizó entre 1974 y 1978 en la ciudad canadiense de Dauphin. A los ciudadanos más pobres de Dauphin se les entregó un cheque mensual durante esos años sin indicarles en qué debían gastarlo. Mientras tanto se analizaron los cambios en distintos indicadores sociolaborales. Problemas de financiación confinaron todos esos datos en un despacho hasta que fueron rescatados y publicados en 2011 y revelaron, entre otras cosas, que los adolescentes de las familias incluidas en este programa completaron un año más de escolarización en comparación con otras familias en circunstancias parecidas, y que las hospitalizaciones se redujeron un 8,5% durante ese periodo, especialmente aquellas relacionadas con accidentes, heridas y problemas de salud mental. Y para los que temiesen que la RBU fuese a llevar a los participantes a abandonar sus trabajos, un dato interesante: las tasas de empleo se mantuvieron estables durante todo el experimento.

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Basándose en esos datos y experiencias actualmente se están realizando estudios más amplios y profundos. Uno de los mayores se lleva a cabo en el oeste de Kenia. Allí, cada mes 21.000 adultos reciben 2.250 chelines keniatas (unos 19 euros, entre un cuarto y la mitad de los ingresos de un hogar medio en la zona más pobre del país) provenientes de la organización GiveDirectly, y lo harán algunos durante dos años, y otros durante 12. Otras personas no recibirán renta y servirán como grupo de control. Se trata del experimento más amplío y prolongado sobre esta materia hecho hasta ahora.

¿Qué se consideraría un éxito?

Su éxito es algo fácil de evaluar. Para empezar, porque no está del todo claro qué se podría considerar un éxito en la aplicación de la RBU: puede que haga mejorar unos indicadores (salud, educación) y disminuir otros (empleo y, paradójicamente, también educación). Además, es importante observar los efectos no solo individuales sino de toda la comunidad al completo y no solo a corto plazo sino de forma sostenible en el tiempo.

En el artículo de Nature, la economista del MIT Tavneet Suri, una de las principales investigadoras del estudio en Kenia, describe cuál sería el ciclo de mejoras que supondría el mejor resultado de la aplicación de la RBU: mujeres mejores alimentadas tendrán hijos más sanos que las madres desnutridas, que podrán atender más años a sus estudios (por salud y porque su familia no requerirá sus ingresos para subsistir), lo cual les dará mayores y mejores oportunidades laborales y a la vez retrasará la edad de matrimonio y maternidad, que también significa madres y bebés más sanos.

Para medir todo esto, los investigadores planean medir todos los indicadores posibles, del emprendimiento en la región hasta la salud, la educación y el estado nutricional. Harán entrevistas puerta a puerta, seguimiento telefónico y tendrán reuniones en profundidad con las personas más mayores para tener un panorama general del efecto de la RBU.

Foto de Didier Weemaels en Unsplash

El intento fallido en Finlandia

Recientemente, otro experimento relacionado con la RBU ha tenido problemas en Finlandia. En marzo de 2016 el gobierno anunció que, en colaboración con una ONG, iban a entregar 560 euros mensuales a 2.000 personas que en ese momento recibían un subsidio de desempleo durante dos años. A ese dinero se aplicaría una fiscalidad más leve que al subsidio y no estarían obligados a buscar empleo activamente para seguir recibiéndolo. Tampoco lo perderían si empezaban a trabajar.

Aunque al principio tuvo una buena acogida, la opinión pública terminó resentida con este sistema por sus costes. Además, esos ingresos no eran ni mucho menos suficientes para cubrir las necesidades básicas y no había un grupo de control para evaluar los resultados. En abril de 2018 el parlamento finlandés se negó a otorgar fondos para un año más del experimentos. Los fallos de procedimiento desvirtuaron el experimento y se han convertido en una barrera para poner en marcha otros programas parecidos.

La política (y no solo los datos) es lo que cuenta

Pero incluso aunque se pongan en marcha, como se ha puesto el estudio keniata, ¿cómo de fiables serán esos datos, sean positivos o negativos? Teniendo en cuenta que siguen siendo muestras relativamente pequeñas en comparación con la población de un país, y que los fondos vienen de iniciativas privadas, es difícil predecir, aun en caso de éxito, si un país podría sostener un sistema así o si sus habitantes tendrían la voluntad de financiarlo con sus impuestos.

Un recordatorio de que en la mayoría de los casos será la política, y no los resultados empíricos, los que determinen que la RBU se convierta en un sistema generalizado. Algo que, por supuesto es inevitable: si la política es la asignación y gestión de los recursos públicos según las prioridades de cada persona, grupo o ideología, ¿es la asignación de dinero sin obligaciones la mejor forma de reducir la pobreza, mejorar la salud y aumentar la calidad de vida?

Referencias:

Money for nothing: the truth about universal basic income – Nature

The Town with No Poverty: The Health Effects of a Canadian Guaranteed Annual Income Field Experiment – Canadian Public Policy

This Kenyan village is a laboratory for the biggest basic income experiment ever – Vox

Finland to end basic income trial after two years – The Guardian

Sobre la autora: Rocío Pérez Benavente (@galatea128) es periodista

2 comentarios

    • Avatar de Manuel López Rosas

      Agradezco el enlace proporcionado por Xabi, el corto ilustra acertadamente, y permite reafirmar conceptos, para acercarnos un poco más a los supuestos y expectativas de la propuesta de Renta básica universal. 🙂

      Nota: Por supuesto el detonador de estas notas, y a la que, igualmente reconozco y expreso agradecimientos, es la nota original, de Rocío Pérez Benavente, de gran importancia y claridad

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