El desajuste adolescente

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Corteza prefrontal del hemisferio izquierdo.

La zona más exterior del cerebro humano, la corteza, ocupa dos terceras partes del volumen del encéfalo. Tiene del orden de dieciséis mil millones de neuronas. Que sepamos, ningún otro animal tiene un número equivalente. En la corteza se produce la percepción, se hacen los juicios morales, se toman las decisiones, se genera el pensamiento, se articula el lenguaje y se elaboran los actos conscientes, entre otras diversas tareas consideradas de orden superior.

El cerebelo, por su parte, sin ser muy grande, es la parte del encéfalo más densamente poblada: aunque de tamaño relativamente pequeño, contiene sesenta y nueve mil millones de neuronas. De su concurso depende nuestra capacidad para ejecutar con precisión los movimientos que hemos ido aprendiendo y convirtiendo en automáticos a lo largo de nuestra vida, sin que debamos ser conscientes de todos y cada uno de ellos.

En el resto del encéfalo –en las estructuras ubicadas bajo la corteza- tan solo hay unas setecientas mil neuronas, aunque las tareas en que están implicadas son fundamentales para que el organismo funcione correctamente. Esas estructuras, llamadas subcorticales por su posición, se ocupan de regular diversas funciones vitales; e intervienen en fenómenos tales como el deseo, la motivación o las adicciones, entre otros. Son las estructuras que generan las emociones y tienen, por ello, una importancia fundamental.

La región encefálica que más tarda en madurar de forma completa es un área de la corteza cerebral ubicada en su parte más anterior que se denomina corteza prefrontal; su maduración no se completa hasta los 25 años de edad, aproximadamente. Desempeña las que se denominan funciones ejecutivas, que son las relativas a la valoración de las consecuencias de los actos, los juicios morales y de otra índole, la planificación de acciones, la generación de expectativas y, lo que es de gran importancia, el control y, en su caso, inhibición de comportamientos impulsivos. Por lo tanto, dado que la corteza prefrontal no completa su desarrollo hasta mediada la tercera década de la vida, esas funciones no son desempeñadas con la eficiencia propia de los adultos. Sin embargo, las zonas subcorticales antes mencionadas, implicadas en la generación de emociones y, de forma especial, las que producen las expectativas y sensaciones de recompensa, son ya muy activas desde el final de la niñez y la pubertad.

Que las áreas responsables de la valoración de las consecuencias de los actos y del autocontrol maduren mucho más tarde que las encargadas de generar las sensaciones de placer y promover su búsqueda tiene, como es lógico, consecuencias de mucho calado. Las tiene, lógicamente, para los individuos que se encuentran en el periodo vital al que denominamos adolescencia. Entre ellas, es bien conocida la tendencia de los adolescentes a buscar nuevas sensaciones y vivir nuevas experiencias sin evaluar las posibles consecuencias de esa búsqueda. En otras palabras, la tendencia a adoptar comportamientos de riesgo. Y no son las únicas.

Como dice Robert Sapolsky en Behave (2017), la adolescencia y la juventud temprana es cuando es más probable que una persona mate, sea asesinada, abandone su hogar, invente una forma de arte, ayude a derribar un dictador, participe en un genocidio, dedique su vida a los necesitados, se haga drogadicto, transforme la física, se rompa el cuello en una actividad recreativa, dedique su vida a Dios, o se convenza a sí mismo de que toda la historia ha convergido para hacer de este momento el más importante, el más plagado de peligros y promesas, el más exigente, el momento más singular. Y todo por culpa de un desajuste en la maduración de diferentes áreas del encéfalo.

Nota:

Esta anotación es parte de una colección de tres artículos dedicados a la neuropsicología de la adolescencia. Los artículos son El desajuste adolescente, En busca de la identidad personal y El cerebro humano tarda en madurar.


Sobre el autor: Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) es catedrático de Fisiología y coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU

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