¡Salvad a las ranas!

Gotas

Ranas. Imagen: Wikimedia Commons

Si un hongo llamado Batrachochytrium dendrobatidis no les tiene a usted y a toda su familia asustados y amenazados es porque no son ustedes una rana, un sapo u otro tipo de anfibio. Porque si lo fuesen, lo estarían. El Bd (acortemos) ha sido declarado recientemente como el patógeno más peligroso para la biodiversidad del que se tiene noticia hasta ahora: es responsable de la desaparición de 90 especies de anfibios y amenaza a más de 500. De ellas, 124 han reducido el número de sus ejemplares hasta en un 90% y no está claro que puedan llegar a recuperarse nunca. Los especialistas no saben a día de hoy cómo detenerlo.

Un estudio llevado a cabo en 2018 sugiere que el hongo se originó en la península de Corea y desde allí se diseminó por todo el mundo en animales infectados que se colaron en las cargas de exportación, ya fuese como polizones o como mercancías alimenticias o como mascotas. Hoy se puede encontrar en más de 60 países de todo el mundo y está causando estragos en América Latina, Asia y África.

Este patógeno se transmite por contacto directo o a través de aguas infectadas y ataca a los animales a través de la keratina presente en su piel, que forma parte del sistema respiratorio de los anfibios. Así, causa que se vayan asfixiando a la vez que deteriora su sistema inmune y termina causándoles un ataque cardíaco.

Suena terrible, y lo es, pero el Bd ha tenido al menos un aspecto positivo para las ranas y similares: estamos hablando de ellas y de las amenazas que sufren. Como les pasa a muchos animales menos agraciados que tigres, pandas, delfines, águilas y elefantes, sus penurias, incluidas aquellas que el ser humano les causa, pasan más desapercibidas y se les defiende menos, a pesar de ser parte imprescindible de muchos ecosistemas, necesarios para que se mantengan los equilibrios tróficos y dependientes de la conservación de los recursos naturales.

Y eso que son unos animales fascinantes de los que la mayoría no sabemos lo suficiente. Por si es su caso, aquí van algunas cosas sobre las ranas que quizá usted no sepa.

¿En qué se diferencia una rana de un sapo?

En lo que a su taxonomía se refiere, ranas y sapos forman parte del género Anuro y de forma generalizada se les llama anuros a ambos. A partir de aquí, las diferencias entre ambos son a nivel coloquial y popular, pero taxonómicamente no hay una categorización establecida.

Rana Silverstoneia flotator, originaria de Costa Rica y Panamá. Imagen: Wikimedia Commons

Se considera que las ranas son, en general, más pequeñas, de piel suave y brillante, y más gráciles, con patas más finas que les permiten dar mayores saltos. Por el contrario los sapos son más rugosos, de colores más discretos y más corpulentos, con saltos más pequeños. Las ranas ponen sus huevos en racimos mientras que los sapos los ponen en forma de ristras.

Sin embargo, no todas las especies cumplen todas estas características, y por eso no es una división oficial.

¿Por qué las ranas no se congelan en invierno?

Los anfibios han colonizado prácticamente todos los hábitats del mundo, y en algunos de ellos puede llegar a hacer mucho frío. Dado el porcentaje de agua que contiene su cuerpo, y que son por naturaleza animales de sangre fría, ¿cómo lo hacen para no congelarse en invierno?

Las ranas hibernan, como hacen otros animales, como respuesta al frío del invierno. Para hibernar, buscan un espacio que les proteja del tiempo y de los depredadores y se acomodan en él. Entonces su metabolismo se ralentiza de forma drástica y consiguen dormir durante meses utilizando para ello las reservas de energía que van acumulando durante las estaciones cálidas. Cuando vuelve a hacer calor, despiertan y salen de su escondrijo para volver a alimentarse y dedicarse a la gustosa tarea de aparearse.

Sapo común en plena reproducción. Imagen: Wikimedia Commons

Las ranas acuáticas pueden hacer esto bajo el agua, pero a diferencia de otros animales acuáticos, como las tortugas, que se pueden enterrar bajo el barro y obtener de él las pequeñísimas cantidades de oxígeno que requieren durante la hibernación, las ranas deben situarse cerca de corrientes de agua ricas en oxígeno e hibernar sobre el barro no bajo él. Muchas salen ligeramente del letargo y nadan lentamente de vez en cuando.

Las ranas terrestres hibernan en tierra, a menudo enterrándose bien bajo el suelo para situarse a salvo de depredadores y también huyendo del nivel de congelación. Otras se evitan el esfuerzo de cavar y enterrarse ubicándose en grietas lo suficientemente profundas de troncos o rocas para quedar fuera del alcance de cualquiera que pretenda darles un bocado.

Para evitar que el frío les haga daño mientras hibernan cuentan con un efectivo sistema anticongelante: una alta concentración de glucosa en sus órganos vitales evitan que se congelen. Pueden llegar a formarse algunos cristales de hielo en algunas partes del cuerpo, como por ejemplo la vejiga, y el animal parecerá muerto durante semanas pero cuando llegue la primavera y las temperaturas suban, esos cristales desaparecerán, el cuerpo de la rana estará intacto y ésta recuperará su actividad sin problema.

¿Cómo evitan deshidratarse en las estaciones secas?

Si bien la mayoría de los anfibios viven en lugares donde ninguna estación es tan seca como para suponer un problema, unas pocas se han adaptado para conquistar esos hábitats. En esos casos, practican la estivación, la versión veraniega de la hibernación: el animal entra en un estado durmiente como respuesta a las condiciones extremas temporales del entorno.

Para hacerlo, se entierran en el suelo, allí donde aun se conserva un poco de humedad y mientras duermen ponen en marcha un ingenioso truco: generan varias capas de piel muerta, formando una especie de capullo impermeable que les envuelve y les ayuda a conservar su propia humedad, dejando expuestos al exterior solamente los agujeros respiratorios para evitar asfixiarse. Cuando termina la estación seca y vuelven las lluvias, se liberan de su caparazón y regresan a la superficie para rehidratarse.

¿Por qué pasan de renacuajos a ranas?

Cuando nacen, las ranas no son ranas más pequeñas, sino un renacuajo, que a simple vista parece un animal de una especie totalmente distinta: una cabeza grande y redondeada con una ancha cola que les permite desplazarse y alimentarse en el agua. Pocas semanas después desarrollan las poderosas patas traseras que les ayudan a saltar fuera del agua y alimentarse en un terreno nuevo. No son las únicas que practican la metamorfosis, muchos peces e insectos lo hacen también. Pero ¿por qué?

Renacuajo de la rana bermeja, días antes de su metamorfosis. Imagen: Wikimedia Commons

Según la investigadora holandesa Anna ten Brink, se trata de una estrategia que permite a una especie aumentar potencialmente sus opciones de alimentación, y es una estrategia tan eficaz que, sin bien ha aparecido contadas veces a lo largo de la evolución, una vez que lo hace rara vez desaparece.

Ten Brink y su equipo partieron de la idea de que los animales que no se metamorfosean y siempre tienen el mismo tipo de cuerpo adaptado al mismo tipo de entorno, están bien preparados para comer un tipo de alimento durante toda su vida. Pero si ese entorno contiene otro tipo de alimento, ¿podrían los adultos incorporarlo si durante su crecimiento su anatomía cambiaba de una forma distinta?

La respuesta que observaron es que los animales esto rara vez ocurre, ya que entonces las crías tendrían más dificultad para nutrirse del primer alimento y un mayor porcentaje moriría antes de llegar a la edad adulta.

Aquí, la metamorfosis es una solución evidente: los animales jóvenes siguen adaptados al alimento original y los adultos cambian completamente de cuerpo para poder consumir el segundo. Claro que esto supone pagar un alto precio en forma de una gran cantidad de calorías y el riesgo de que el proceso salga mal y el animal sufra defectos que acorten notablemente su vida.

Incluso aunque salga bien, el periodo de metamorfosis es un momento de especial vulnerabilidad en el que no pueden huir ni defenderse en caso de ataque de un depredador. Por eso ten Brink especula que la metamorfosis sale adelante cuando la recompensa evolutiva es realmente buena, cuando los que la completan tienen a su alcance una alimentación muy nutritiva que les permite reproducirse numerosamente con éxito.

Referencias:

A deadly amphibian disease goes global – Science
The Evolutionary Ecology of Metamorphosis – The American Naturalist
¿Por qué un animal cambiaría su cuerpo por otro? – The New York Times
How do frogs survive winter? Why don’t they freeze to death – American Scientist
What’s The Difference Between a Frog and a Toad? – Live Science

Sobre la autora: Rocío Pérez Benavente (@galatea128) es periodista

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