Subastas en el análisis económico

Investigación UPV/EHU

José María Usategui Díaz de Otalora

Las subastas y licitaciones se utilizan cada vez más para la asignación o compraventa de bienes, servicios, obras y suministros. El análisis económico de las subastas ha tenido bastante éxito explicando aspectos fundamentales del comportamiento de los que participan en ellas.

El premio Nobel de Economía 2020 ha sido concedido a los profesores Paul R. Milgrom y Robert B. Wilson, de la Universidad de Stanford, por sus aportaciones en Teoría de Subastas y por las propuestas de diseño de nuevos formatos de subastas. Sus aportaciones en Teoría de Subastas ayudan a entender el comportamiento de los participantes en las mismas. Los diseños que han creado permiten realizar subastas complejas eliminando ineficiencias y atendiendo a criterios de bienestar social o de maximización del ingreso del subastador.

Una subasta consiste en un mecanismo con un conjunto explícito de reglas que determina, en base a las ofertas o pujas de los licitadores, quién es el ganador y cuál es el precio que paga (o cobra) ese ganador. El subastador debe elegir el tipo de subasta a realizar, con sus reglas correspondientes, teniendo en cuenta cómo afecta el diseño de la subasta a las estrategias de puja de los licitadores.

Las subastas permiten determinar rápidamente el precio de mercado de algunos productos, como el pescado, cuya oferta y demanda cambian diariamente. Una subasta puede servir también para averiguar el precio de un bien o servicio que no se intercambia en el mercado con regularidad. Por ejemplo, la subasta de una obra de arte que no se ha vendido nunca o que no se ha vendido desde hace mucho tiempo determina su precio actual.

Muchas subastas de un bien o servicio son subastas ascendentes. En esas subastas los licitadores van realizando pujas cada vez más altas a partir de un precio mínimo aceptable (o precio de salida). La subasta termina cuando ningún licitador desea realizar una puja más elevada. El ganador de la subasta es el licitador que ha realizado la última puja, que ha sido la más alta, y tiene que pagar un precio igual a esa puja. Hay subastas ascendentes en las que también se puede pujar por teléfono y mediante medios electrónicos. Se utilizan subastas ascendentes en las subastas de arte y antigüedades, y también en las subastas de muchos otros bienes y servicios.

Cada vez hay más subastas que se realizan en Internet. En muchas de ellas hay una empresa que administra una página web que puede ser utilizada por distintos vendedores para subastar sus productos. La accesibilidad para los licitadores y las comisiones relativamente bajas que se cobran a los vendedores explican el uso creciente de este sistema. Esas subastas son también ascendentes, aunque en algunas hay un plazo prefijado para pujar. La subasta termina cuando concluye ese plazo. En las subastas de Internet se utilizan índices de reputación de los participantes y otros mecanismos para asegurar su buen funcionamiento.

En las lonjas de pescado se realizan subastas descendentes. Para cada especie de pescado se realiza una subasta. Hay una pantalla en la que el subastador propone inicialmente un precio relativamente alto que, previsiblemente, ningún licitador querrá pagar. A continuación, el precio indicado en la pantalla empieza a bajar. La subasta concluye cuando algún licitador decide aceptar el precio indicado en la pantalla apretando un botón o utilizando algún procedimiento electrónico. Ese licitador es el ganador de la subasta y tiene que pagar el precio mostrado en la pantalla cuando ha parado la subasta. Si se subastan varios lotes de la misma especie el licitador que ha parado la subasta debe indicar cuántos lotes desea al precio por unidad indicado en la pantalla. Si quedan más lotes por vender se reanuda la subasta y empieza a bajar de nuevo el precio mostrado en la pantalla hasta que otro licitador vuelve a parar la subasta. Ese licitador compra las unidades que desea al precio que indique entonces la pantalla y la subasta prosigue hasta que se venden todas las unidades disponibles.

Las subastas de flores recién cortadas en Holanda también son subastas descendentes. Esta modalidad es muy útil para vender rápidamente, sin que se estropeen, muchos lotes distintos de productos perecederos. Cada subasta dura poco, ya que los licitadores que participan son asiduos y evalúan rápidamente los atributos y calidad de cada lote. Todavía existen subastas descendentes en las que el subastador propone precios cada vez más bajos de viva voz y el licitador que para la subasta lo hace mediante voz y seña (alzando la mano, por ejemplo).

A veces se subastan múltiples unidades de un bien o servicio en una subasta. Esto ocurre, por ejemplo, en las subastas de deuda pública, en las subastas de electricidad y en las subastas de permisos de contaminación. El objetivo de las subastas de permisos de emisiones es alcanzar el nivel de emisiones contaminantes deseado con el menor coste posible. Para ello se exige a las empresas que realizan emisiones contaminantes la posesión de un número de permisos de emisiones igual al número de unidades de contaminación que emitan. Los licitadores pueden realizar en esas subastas una puja por cada permiso que deseen y tienen que hacerlo en sobre cerrado (sin observar las pujas que hacen los demás licitadores). Esas pujas se ordenan de mayor a menor y se van asignando permisos empezando por la puja más alta hasta que se terminan los permisos disponibles. La Unión Europea tiene un programa de permisos de emisiones de gases de efecto invernadero (EU ETS) en el que se utilizan cada vez más las subastas.

Hay subastas en las que el valor o el coste de lo que se subasta es el mismo, o similar, para todos los licitadores, pero ninguno conoce ese valor común. Eso podría ocurrir, por ejemplo, en las subastas de derechos de retransmisión de una olimpiada o de un campeonato deportivo importante. Considérese que se realiza una subasta en sobre cerrado al primer precio (cada licitante hace una única puja y. cuando termina el plazo durante el que se puede pujar. se abren los sobres y el ganador es el que ha realizado la puja más alta). En ese caso, cada licitador decide su puja en función de su estimación de ese valor común. El ganador es el que realiza la más alta, pero puede ocurrir que su puja sea demasiado alta (mayor que lo que puede recuperarse mediante ingresos publicitarios durante las retransmisiones). Esto se conoce como la “maldición del ganador”. Robert Wilson fue el primero que realizó un análisis riguroso sobre la estrategia óptima de puja de los licitadores en una subasta en sobre cerrado al primer precio que sea de valor común y demostró cuánto debe reducir su puja un licitador para tener en cuenta el efecto “maldición del ganador” y cómo las asimetrías de información entre los licitadores afectan a sus pujas.

En muchas subastas ocurre que se combinan elementos de valor común y elementos de valor específicos de cada licitador. Considérese, por ejemplo, la subasta de una vivienda. Cada licitador tendrá en cuenta, al decidir su puja, cómo se adaptan el tamaño y la localización de la vivienda a sus necesidades actuales, pero también sus expectativas sobre el valor futuro de la vivienda por si necesitara venderla. Ese valor futuro es común a todos los licitantes y existe en todas las subastas en las que es posible revender lo que se subasta. Paul Milgrom (junto con Robert Weber) estableció las bases para el análisis de estas subastas que combinan elementos de valor común y elementos de valor privado. Demostró cómo afectan las reglas de la subasta al efecto de la “maldición del ganador” sobre las pujas de los licitadores y al ingreso esperado del subastador.

En los primeros años 90 del siglo pasado se planteó la necesidad de diseñar subastas para la asignación de varios bienes o servicios heterogéneos, sobre todo para la adjudicación de licencias de uso de bandas del espectro radioeléctrico (que pueden utilizarse para la provisión de servicios de televisión, radio, telefonía móvil, internet-WIFI y otros). El diseño de esas subastas se complicaba porque un licitador puede valorar mucho obtener dos licencias que considere complementarias, pero no valorar apenas la obtención de solo una de esas licencias. Paul Milgrom propuso varios diseños de las subastas para tener en cuenta ese aspecto. Junto con Robert Wilson diseñó un sistema de subastas ascendentes simultáneas, con una subasta para cada bien o servicio, que se desarrollan mediante rondas de pujas. En cada ronda todo licitador puede pujar en varias de esas subastas. Al final de cada ronda, se indica cuál es la puja más alta en cada subasta y se establece un precio mínimo aceptable para la siguiente ronda, que es superior a esa puja. Las subastas simultáneas terminan cuando se llega a una ronda en la que no hay pujas en ninguna de esas subastas. Estas subastas se han realizado en varios países (el diseño ha utilizado también una propuesta de Preston McAfee). Posteriormente, Paul Milgrom ha sido uno de los economistas que han diseñado una propuesta de subasta combinatoria en la que se puede pujar sobre lotes de licencias y no solo sobre licencias individuales. En las subastas de licencias de uso de bandas del espectro radioeléctrico es importante elegir con cuidado el precio mínimo aceptable en cada subasta y el número de licencias a subastar, así como establecer reglas de actividad de los licitadores y mecanismos para evitar que coludan.

Paul Milgrom y Robert Wilson han realizado tanto la investigación básica como la aplicación de los resultados de esa investigación al diseño de mecanismos de asignación valiosos socialmente. Su trabajo es un buen ejemplo sobre la utilidad de la investigación básica.

Sobre el autor: José María Usategui Díaz de Otalora es catedrático del Departamento de Análisis Económico de la UPV/EHU

Una versión de este artículo se publicó en Campusa. Original.

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