El oído absoluto de los animales

Fronteras

Foto: Ryk Naves / Unsplash

Fue una de las cosas que descubrí durante el confinamiento. En el árbol que crece frente a mi casa habita un pajarillo que ensaya su repertorio de canciones casi siempre cuando empieza a ponerse el sol. Si desconozco su especie es porque entre mis vicios no se encuentra la ornitología. Y tampoco sé si el silencio del pasado marzo le ayudó a él a alzar la voz, o a mí, a escucharlo por primera vez. Pero desde hace cosa de un año, yo lo llamo Federico y lo identifico sin fallo por su tono burlón:

—¡Mi-re-do#, mi-re-do#! —dice siempre, apoyándose en la última nota.

Lo sorprendente es que todos los días su canto es exactamente el mismo. Lo sé porque una tarde empecé a imitarle con el piano y, desde entonces, he seguido acompañándole siempre en la mayor. Nunca desafina, el tío, ni se desvía de las notas lo más mínimo. Mi re do# es exactamente su canto de guerra y lo seguirá siendo mientras pueda trinar.

Esta extraña insistencia tiene, sin embargo, una explicación bastante sencilla: Federico tiene oído absoluto. Es una habilidad que le permite identificar cada tono por su frecuencia, sin ningún tipo de referencia adicional.

Evidentemente, el pajarillo no sabe que al otro lado de la ventana hay un simio con piano que le pisa los solos usando unas teclas llamadas “mi-re-do#. Pero el hecho es que identifica estos sonidos de manera consistente y los reproduce, día tras día, sin necesidad de que nadie le ayude a afinar, ni le recuerden cómo sonaba su tonalidad habitual. La mayoría de los humanos no tenemos esta habilidad. Y no se trata solo de que no sepamos llamar a las notas que suenan por su nombre como hacía Mozart (esto requiere necesariamente algún tipo de entrenamiento musical). Tampoco solemos recordar el tono de un sonido de un día para otro. Cuando en invierno encendemos la calefacción y la caldera se pone a aullar, no sabemos si sus alaridos suenan más graves o más agudos que los del día anterior. Yo misma, que vivo rodeada de notas y partituras, tuve recurrir a mi piano para descubrir que Federico estaba afinando siempre igual.

El oído absoluto, tan excepcional entre los humanos, no es un don demasiado raro en el reino animal1. Muchas especies de aves cantoras comparten esta habilidad auditiva. También los lobos, las ratas y otros roedores, según se ha observado, reconocen a otros miembros de su propia especie por el tono de su llamada. Esto nos indica que son capaces de identificar la frecuencia fundamental de los sonidos de manera absoluta y recordarla de un día para otro.

Lo más curioso de todo es que nuestro propio encéfalo y el de otros simios muestra una representación directa de los tonos. En nuestro oído, existe un órgano encargado de separar las distintas frecuencias del sonido llamado cóclea. Está recorrida por una membrana de rigidez decreciente (la membrana basilar), que vibra de forma selectiva en distintas regiones, según lo grave o agudo que es un sonido. Las distintas frecuencias llegan a nuestro córtex auditivo, donde existe un mapa tonotópico, que se activa de manera diferente cuando suena un mi o un fa. Esta es la paradoja: podríamos adivinar qué notas está escuchando una persona con solo observar sus patrones de activación cerebral. Pero ella misma no es capaz de acceder conscientemente a esa información. Es como si hubiese olvidado cómo llegar a ella.

Esta es, precisamente, una de las hipótesis que barajan algunos antropólogos y psicólogos de la música y el lenguaje2. Su idea es que hace cientos de miles de años todos nuestros antepasados tenían oído absoluto, como Federico. La frecuencia de cada sonido era tan nítida para ellos como lo es cualquier color para nosotros en la actualidad. Sin embargo, con el paso de los siglos fuimos perdiendo esa habilidad para poder dominar otra mucho más útil en términos evolutivos: el lenguaje3. Nuestra capacidad para reconocer los contornos del habla, las emociones de la prosodia, todas las melodías que nos acompañan cada vez que nos comunicamos con otros seres humanos depende crucialmente de nuestro oído relativo, una habilidad mucho más excepcional, en términos evolutivos, que el oído absoluto.

De hecho, y según he podido averiguar, mi plumífero vecino sería incapaz de reconocer su propia melodía si yo la tocase en otro tono o si intentase imitarlo con mi propia voz, más grave que la suya. A pesar de su asombrosa musicalidad, Federico no tiene oído relativo4. Para él sería impensable reconocer un contorno melódico simplemente por las relaciones entre sus notas. Nuestro oído, en cambio, es principalmente sensible a las relaciones, las distancias, los intervalos. Este es su verdadero superpoder, la habilidad única que nos permite oír “la misma” canción aunque todas sus notas hayan cambiado.

Referencias:

1Honing, Henkjan. The Evolving Animal Orchestra. Translated by Sherry MacDonald, The MIT Press, 2019.

2Mithen, Steven. “Perfect pitch.” The Singing Neanderthals: The Origins of Music, Language, Mind and Body, Harvard University Press, 2007.

3Saffran, J. R., and Griepentrog, G. J. 2001. Absolute pitch in infant auditory learning: evidence for developmental re-organization. Developmental Psychology 37, 74–85.

4Se ha conseguido entrenar a algunas especies de aves para que reconozcan acordes en distintas tonalidades. Pero parece que el oído absoluto sigue siendo su principal referencia. Ver Hoeschele, Marisa, et al. “Searching for the Origins of Musicality across Species.” The Origins of Musicality, edited by Henkjan Honing, The MIT Press, 2018.

Sobre la autora: Almudena M. Castro es pianista, licenciada en bellas artes, graduada en física y divulgadora científica

12 comentarios

  • Avatar de Pilar Maria Esteras Casanova

    Sigo este blog desde hace un par de años, y leo bastantes de los artículos que pubícáis. Todos me parecen muy interesantes. Este, además, me ha parecido incluso divertido.
    Gracias a todo el equipo de divulgadoras y divulgadores. Sois una pasada!

  • Avatar de Mar

    Pues yo tengo un nido de mirlos dentro del tubo del extractor de cocina y es un artista imitando los cantos de otras aves: imita el canto de la perdiz del vecino, se inventa nuevos cantos y hasta imita el sonido de la ambulancia «turiru, turiru, turiru… Es una gozada oírlo. Lo malo es que es muy esquivo y no se deja ver y poder gravarlo. Aprovecho para hacerle saber a la gente que la belleza no esta sólo en la vista y que lo feo no siempre es malo.

  • Avatar de Toing

    La caldera tampoco sabe si suena más grave o más agudo que el día anterior, pero seguramente lo hará igual que el día anterior.

  • Avatar de xoriguer

    Federico es un ruiseñor. Y es una suerte que haya escogido el árbol cercano a alguien dispuesta a compartir esas notas, que se convierte con el tiempo en una verdadera comunicación.
    Disfrútalo, muy pocas personas llegan a tener esa suerte.

  • Avatar de Enrique

    Si el oído absoluto no permite reconocer variaciones que detecten que se trata de una misma melodía, como hace el absoluto ¿Mozart no detectaba dos obras iguales tocadas en el mismo tono? ¿o las personas con oído absoluto también tienen el relativo? si es así, la evolución no hizo cambiar el oído, si no que permitió la aparición del relativo, sin que tuviese porqué ser eliminado el absoluto.

    • Avatar de Almudena

      Las personas con oído absoluto también tienen oído relativo. La cuestión es que, durante la adquisición del lenguaje, el oído absoluto dificulta generalizar ciertos aprendizajes. A medida que aprendemos a usar el oído relativo, el oído absoluto se pierde porque no resulta útil y, en cambio, sí puede interferir con las tareas propias del oído relativo (de esto habla el artículo también).

  • […] Como contamos en su día (también, esta semana, en el canal de Jaime Altozano), las aves cantoras tienen oído absoluto, y el cuco no es una excepción. Cada cuco repite su canto siempre con las mismas notas de un día para otro, de manera que su melodía se convierte en una seña de identidad2. Sin embargo, los tonos y su duración pueden variar ligeramente para cada cuco, en función también de su subespecie, la región donde habita3 y la especie a la que parasita4. El rango de la nota más grave (el segundo cú), en la actualidad y según se ha podido observar en una población de cucos de Budapest, suele situarse entre los 500 Hz y los 600 Hz5 (entre un si y un re, aproximadamente). […]

  • Avatar de Àlex Tordera Cuesta

    Muchas gracias por tu artículo. Mis tres hijos tienen oído absoluto y la mayor hace su trabajo de bachillerato de este tema. Ella cree que antes de que el hombre perfeccionase el lenguaje, tener oído absoluto le podía salvar la vida. Nosotros tenemos un loro que canta fatal, nuestras cobayas, sin embargo tienen gran habilidad para hacer sonidos y comunicarse. ¿Tendrán oído absoluto? He de decir que nos gustaría que alguien nos echase una mano con el trabajo, no sabe si hay estudios que comparen los cráneos de personas prehistóricas con personas con oído absoluto y así estar en lo cierto. Al menos, Ahora sabe que su teoría no es una tontería, que tiene sentido. Cualquier propuesta estamos agradecidos.

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