Y, sin embargo, se mueven

Fronteras

Hace 110 años, el físico y meteorólogo alemán Alfred Wegener propuso una curiosa idea que presentó a la comunidad científica, unos años después, con la publicación de su obra “El Origen de los Continentes y Océanos”. En ella, Wegener planteaba una concepción movilista de nuestro planeta, argumentando que hace millones de años todos los continentes estuvieron unidos en una gran masa de tierra a la que denominó Pangea (del griego “todas las tierras”), que a su vez estaba rodeada por un único y enorme océano al que llamó Panthalassa (también del griego “todos los mares”). Pero, en algún momento, este gran supercontinente se fracturó y entonces los continentes se desplazaron sobre el océano hasta alcanzar la posición actual.

Pnagea hace 200 millones de años. Fuente: Wikimedia Commons

Para sustentar su hipótesis, Wegener se basó en ciertas evidencias geológicas. Observó que los perfiles continentales de Europa, África y América encajaban casi a la perfección, como si fuesen las piezas de un puzle, y encontró que algunos materiales geológicos, rocas, fósiles y cordilleras se continuaban a un lado y otro del Atlántico, aseverando que, en algún momento del tiempo geológico, esas zonas estuvieron unidas y posteriormente se separaron. Sin embargo, no fue capaz de explicar cómo se produjo ese movimiento de las masas continentales. Hasta que, en los años 60, gracias a los avances en la investigación geofísica de los fondos oceánicos, se descubrió el motor que realmente mueve nuestro planeta, la tectónica de placas. Ahora sabemos que los continentes no se desplazan sobre los océanos, son los fragmentos en los que está dividida la litosfera o capa más externa de nuestro planeta, a los que llamamos placas tectónicas, los que se mueven sobre la astenosfera, que es la capa que tienen justo por debajo.

Pero no voy a entrar ahora en detalles sobre cómo o por qué se mueven las placas tectónicas. Lo que vamos a ver es desde cuándo lo hacen. Es decir, responder a una pregunta que igual no os habéis hecho nunca: ¿Ha habido una sola Pangea en la historia de la Tierra?

Pues vamos a viajar al pasado más remoto de nuestro planeta y veamos lo que nos dice la evidencia científica. La Tierra tiene casi 4600 millones de años y hace al menos 3800 millones de años que se formó una litosfera estable, con las primeras placas tectónicas y las primeras masas continentales. Fue entonces cuando se le dio al botón de encendido de los movimientos tectónicos y, por suerte, tenemos registros geológicos del devenir de las placas desde entonces. Y parece que tienen un comportamiento muy cíclico: en primer lugar, las placas tectónicas formadas por masas continentales acaban convergiendo entre sí dando lugar a un supercontinente. Pasados millones de años, los movimientos tectónicos provocan la fragmentación de esa gran masa terrestre en continentes menores y su separación progresiva. Finalmente, las placas tectónicas vuelven a converger, dando lugar a un nuevo supercontinente. Y así sucesivamente. Es lo que se conoce como Ciclo Supercontinental de Wilson.

No hubo un único supercontinente

Ahora que sabemos que no ha habido una sola Pangea en el pasado geológico, se nos plantean dos nuevas preguntas: ¿Cuántos supercontinentes han existido?, y ¿cuándo se formaron y se disgregaron esos supercontinentes? Para responder a ambas cuestiones, vamos a hacer un pequeño listado lleno de nombres curiosos.

El supercontinente más antiguo del que tenemos evidencias se formó hace entre 3600 y 2750 millones de años y se le conoce como Supercontinente Vaalbará. Le sigue el Supercontinente Kenorland, que comenzó a constituirse hace unos 2750 millones de años y se fracturó hace 2500 millones de años. El tercer supercontinente del que nos quedan evidencias se conformó hace entre 2500 y 2100 millones de años y se le conoce como Supercontinente Arctica. Hace entre 2100 y 1800 millones de años nos encontramos con el Supercontinente Atlantica. El quinto fue el Supercontinente Columbia, que se generó hace unos 1800 millones de años y se desmembró hace unos 1300 millones de años. A continuación, hace entre 1250 y 650 millones de años, tenemos el Supercontinente Rodinia. Y terminamos este repaso con el Supercontinente Pannotia, formado hace unos 600 millones de años y fracturado hace 540 millones de años. Por tanto, el Supercontinente Pangea (hace entre 335 y 175 millones de años) es, como mínimo, el octavo supercontinente de la historia geológica de nuestro planeta.

Ilustración del aspecto que ofrecería la Tierra vista desde el espacio hace 600 millones de años, con el supercontinente Pannotia

Vamos, que la Tierra no ha estado quieta prácticamente desde que se formó. La tectónica de placas evidencia una serie de movimientos cíclicos de colisión y separación de grandes continentes que seguirá produciéndose mientras exista dinámica litosférica en nuestro planeta. ¿Significa esto que en el futuro volverá a formarse un nuevo supercontinente? La respuesta es sí. Se estima que, dentro de algo más de 200 millones de años, las actuales masas continentales confluirán de nuevo entre sí. Aunque se han propuesto hasta cuatro hipótesis sobre el aspecto de dicho supercontinente, ya que no es tan sencillo estimar el verdadero movimiento futuro de las placas tectónicas basándonos en las actuales orientaciones y velocidades de desplazamiento de las mismas. Al menos los nombres propuestos para esos posibles futuros supercontinentes siguen siendo muy evocadores: Pangea Ultima, Novapangea, Aurica y Amasia.

Aspectos hipotéticos del futuro supercontinente global dentro de 200-250 millones de años (Ma). A) Pangea Ultima, B) Novapangea, C) Aurica y D) Amasia. Imágenes modificadas de Davies, H.S., Green, M. y Duarte, J.C. (2018). Back to the future: Testing different scenarios for the next supercontinent gathering. Global and Planetary Change doi: 10.1016/j.gloplacha.2018.07.015

Para saber más:

Historia de la tectónica de placas [vídeo breve]
De la tectónica de placas

Sobre la autora: Blanca María Martínez es doctora en geología, investigadora de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y colaboradora externa del departamento de Geología de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la UPV/EHU

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