La juventud de la superficie de Venus

Planeta B

superficie de Venus

Quizás uno de los temas más candentes de la geología planetaria en los últimos años -y que probablemente lo seguirá siendo hasta bien entrada la próxima, cuando quizás podamos dar por sentada esta cuestión- ha sido el estudio de la posible actividad volcánica en Venus. Aquí, en este mismo espacio de Planeta B hemos hablado de los esfuerzos por cartografiar las estructuras volcánicas en Venus en “Un nuevo mapa del vulcanismo de Venus”, así como también de las que podrían ser las primeras imágenes que demuestran que es un planeta volcánicamente activo en “¿Es esta la prueba definitiva de que Venus tiene volcanes activos?”.

Pero lo cierto es que, a pesar de que nos cueste conocer el grado de actividad de Venus debido a la falta de misiones y a la escasa cobertura temporal -al menos con buena resolución-, si no es activo en la actualidad, lo ha sido muy recientemente, aunque desconozcamos exactamente que tipo de procesos son los encargados de rejuvenecer su superficie. En nuestro planeta tenemos la tectónica de placas, el vulcanismo o los agentes externos como la lluvia o el hielo, pero, ¿qué pasa en Venus?

Las cronologías más recientes muestran una gran horquilla de edades para la superficie de Venus que va desde los 1.000 a los 150 millones de años debido a las grandes limitaciones que tenemos para estudiar el planeta. De hecho, estas edades se han calculado estudiando la población de cráteres que hemos podido observar en las imágenes de radar que tenemos, ya que no hemos podido traer muestras de su superficie y que podamos datar en nuestros laboratorios, algo que de momento está lejos de nuestro alcance a nivel tecnológico.

superficie de Venus
Cráteres en la región de Lavinia de Venus vistos por el radar de la sonda Magellan. Cortesía de NASA/JPL.

Esta técnica de datación mediante el conteo de cráteres es muy habitual en los cuerpos del Sistema Solar de los que no podemos traer muestras pero de los que sí disponemos de imágenes, ya que nos permite estimar la edad contando los cráteres de una zona y por norma general, a mayor número de cráteres por unidad de superficie, más antigua es esta, aunque obviamente tiene sus limitaciones. Se basa en un principio básico que podríamos resumir en que si la superficie no cambia por algún tipo de proceso, cada vez tendrá más cráteres visibles. O dicho de una manera sencilla: los cráteres son las “arrugas” de los planetas.

Pero esta técnica tiene en Venus un inconveniente muy concreto: Y es que su densa atmósfera probablemente sirva de filtro para los cuerpos más pequeños y que, por lo tanto, podrían consumirse antes de tocar suelo, no llegando a dejar un cráter y por lo tanto, dificultando la tarea, dando como resultado una edad más reciente debido a este sesgo.

A pesar de este posible problema con las dataciones, si miramos la superficie de Venus parece muy joven, tanto es así que sería el único planeta interior (contando a Mercurio y Marte) cuya superficie tiene una edad de rejuvenecimiento de su superficie similar a la de la Tierra y, por lo tanto, procesos capaces de transformar el planeta activos o que han estado activos en el pasado reciente.

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Cráteres en la región de Lavinia de Venus vistos por el radar de la sonda Magellan. Cortesía de NASA/JPL.

¿Qué proceso o procesos podrían ser los responsables de este hecho? Un nuevo estudio (Marchi et al. (2023)) apunta directamente a la labor de la actividad volcánica en Venus. Sabemos por el último censo de edificios volcánicos en el planeta que hay en torno a unos 85.000 volcanes, una cifra que podría ser unas seis veces superior a todos los volcanes de nuestro planeta y, si hay un gran número de estos activos, las coladas de lava podrían ser las responsables de cubrir las superficies más viejas y de generar las nuevas.

Pero de nuevo, aquí hay otra diferencia con nuestro planeta: Si Venus tiene muchos más volcanes activos que la Tierra, a pesar de ser dos planetas similares en tamaño… ¿de dónde saca ese calor extra necesario para generar el elevado número de erupciones?.

El estudio apunta a que Venus pudo sufrir impactos mucho más energéticos contra su superficie al principio de su historia que la Tierra, aumentando el calor disponible en el planeta. Este hecho no es una extrañeza, ya que al encontrarse más cerca del Sol los cuerpos se mueven a mayor velocidad por la propia mecánica orbital, resultando en colisiones más violentas y un mayor grado de fusión en los materiales que forman Venus.

También es posible que las órbitas de estos cuerpos que podrían haber cochado contra Venus fuesen más excéntricas al provenir de zonas más alejadas del Sistema Solar, lo que de nuevo, serviría para añadir más energía al impacto.

superficie de Venus
Reconstrucción de como habría lucido Venus durante la época de los impactos que añadieron ese calor “extra” al planeta y que permitiría una gran actividad volcánica, mayor que la de la Tierra. Imagen cortesía del Southwest Research Institute.

Dicho esto, las condiciones generadas por estos impactos provocarían una evolución geodinámica muy diferente a Venus y la Tierra, llevando a Venus a tener un núcleo muy caliente que daría como resultado la gran actividad volcánica por esa transferencia de calor desde el interior del planeta hacia el exterior.

Pero hay una consecuencia más en este artículo: Venus tiene un campo magnético muy tenue y algunos estudios apuntaban a que la estructura de su núcleo sería la responsable de este hecho, puesto que los impactos podrían haber homogeneizado su composición. Y es posible incluso que Venus tuviese un campo magnético mucho más importante en el pasado ya que su núcleo probablemente tenía calor más que suficiente para iniciar una geodínamo, pero es posible que la magnetización de la corteza haya desparecido debido a su intenso vulcanismo.

Tendremos que esperar a las futuras misiones planeadas para Venus -a finales de esta década y principios de la siguiente- para poder resolver estas y muchas más cuestiones sobre Venus e incluso, quien sabe, si encontrar nuevas preguntas.

Referencias:

Herrick, Robert R., Evan T. Bjonnes, Lynn M. Carter, Taras Gerya, Richard C. Ghail, Cédric Gillmann, Martha Gilmore, et al. «Resurfacing History and Volcanic Activity of Venus». Space Science Reviews 219, n.º 4 (junio de 2023): 29. doi: 10.1007/s11214-023-00966-y.

Marchi, Simone, Raluca Rufu, y Jun Korenaga. «Long-Lived Volcanic Resurfacing of Venus Driven by Early Collisions». Nature Astronomy, 20 de julio de 2023. doi: 10.1038/s41550-023-02037-2.

Tian, Jiacheng, Paul J. Tackley, y Diogo L. Lourenço. «The Tectonics and Volcanism of Venus: New Modes Facilitated by Realistic Crustal Rheology and Intrusive Magmatism». Icarus 399 (julio de 2023): 115539. doi: 10.1016/j.icarus.2023.115539.

Sobre el autor: Nahúm Méndez Chazarra es geólogo planetario y divulgador científico.

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