Mercurio podría estar “encogiendo” más rápido de lo que habíamos imaginado

Planeta B

8 min

Mercurio podría estar “encogiendo” más rápido de lo que habíamos imaginado

No sé si les ha pasado alguna vez —reconoceré que en más de una ocasión a mí sí— que, tras lavar una prenda en la lavadora y salir del centrifugado, esta no solo ha quedado tan arrugada que casi es irreconocible, sino que, además, como por arte de magia, ha encogido.

Pues imaginen que intentásemos calcular cuánto ha encogido la prenda midiendo las arrugas que han quedado después del lavado. Bien, eso es justo lo que los científicos llevan haciendo desde que tenemos imágenes de Mercurio tomadas “de cerca”, solo que con muchas más dificultades: en Mercurio, distintos procesos han ido alisando las arrugas, de tal manera que es muy difícil medir cuánto ha encogido realmente.

encogido
Mercurio encoge, pero no es un fenómeno rápido: es un proceso de millones de años. En esta imagen podemos ver un mosaico tomado por la sonda Mariner 10 en el que se aprecia un mundo lleno de cráteres, una señal inequívoca de su escasa actividad geológica, incapaz de renovar su superficie. Imagen cortesía de NASA/JPL.

Sí, los cuerpos planetarios también encogen. No porque los metamos en ninguna lavadora interplanetaria, sino como consecuencia de su enfriamiento. Esto hace que sobre su superficie se formen una serie de “arrugas” cuya mayoría podría haber pasado desapercibida hasta ahora, haciéndonos pensar que Mercurio había encogido algo menos de lo que en realidad ha encogido.

Lo cierto es que un nuevo estudio recién publicado en Geophysical Research Letters por Nishiyama et al. (2026) aborda este problema desde la perspectiva de que la propia rugosidad topográfica y procesos relacionados con la evolución del relieve pueden ser los responsables de que estemos estimando mal cuánto ha encogido Mercurio, un detalle que tiene mucha importancia porque es muy útil para conocer mejor cómo ha evolucionado su interior, un lugar al que todavía no tenemos acceso, ni siquiera mediante registro sísmico, debido a la gran dificultad técnica que supone llegar a Mercurio.

Hagamos un poco de retrospectiva: los planetas no son capaces de mantener su calor interno para siempre. En el caso de Mercurio, conforme va perdiendo ese calor, su interior se contrae, y el crecimiento del núcleo interno —sólido, en este caso— también provoca un cambio de volumen.

La capa más exterior, a la que llamaremos corteza y que es sólida y rígida, debe ser capaz de acomodar este cambio de volumen y, como no se puede estirar ni comprimir como si fuese una pelota antiestrés, se deforma, se fractura y, en algunos lugares, uno de los bloques que quedan a ambos lados de la fractura puede montarse sobre el otro, como en nuestro planeta ocurre con las fallas inversas. En la superficie de Mercurio, esto produce una forma topográfica con forma de cordilleras muy largas y curvas conocida como escarpes lobulados.

Estas formas del relieve nos ayudan muy bien a reconstruir cómo cambia el tamaño de un planeta. Para ello, los científicos las cartografían, miden su relieve y modelan cómo podría ser la geometría de las fallas que ocultan por debajo para estimar cuánto ha encogido un planeta.

A su vez, este encogimiento —o acortamiento— se traduce en una reducción del radio de un planeta. Este método es bastante ingenioso, pero depende en gran medida de lo bien preservadas que estén estas formas en el registro geológico, ya que aquellas que han sufrido erosión, han sido cubiertas o son muy pequeñas pueden quedar fuera de los cálculos o incluso dificultarlos si no podemos modelarlas bien.

Algunas estimaciones anteriores publicadas en otros artículos científicos sitúan el encogimiento del radio de Mercurio entre dos y siete kilómetros, y una buena parte de esta discrepancia procede de cómo contabilizamos lo que cada una de estas estructuras encoge el planeta, ya que, por ejemplo, las más pequeñas podrían mostrar patrones de deformación local en vez de contribuir a reducir el radio planetario.

Pero el artículo que traemos hoy trata de resolver una de las fuentes de incertidumbre más importantes de estos cálculos: que el propio relieve de Mercurio esté escondiendo las estructuras que los científicos están intentando medir. Su punto de partida es muy interesante: hay una distribución desigual de estas estructuras en la superficie del planeta.

encogido
Aquí podemos ver a la perfección una de estas estructuras de acortamiento sobre Mercurio, cuya forma es bastante curva e irregular. Para que nos hagamos una idea, en este caso mide unos 140 kilómetros de longitud. Imagen cortesía de NASA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory/Carnegie Institution of Washington.

Algunas regiones del planeta contienen numerosas —y muy visibles— estructuras de contracción, mientras que en otras apenas se aprecian. Lo habitual sería que, si ha ocurrido un enfriamiento uniforme de su interior, la contracción ocurriese en todas las direcciones, así que esta distribución irregular requiere alguna explicación.

Es cierto que la existencia de diferencias en los materiales de la corteza y cómo se distribuyan estas tensiones a escala local pueden tener una fuerte influencia en qué lugares se acaban desarrollando las fallas, pero ¿podría el propio relieve estar escondiendo de algún modo estas estructuras?

Para responder a esta pregunta, los científicos crearon un mapa de rugosidad de la superficie de Mercurio al que se superpone una capa con todas las estructuras de acortamiento y cálculos de contracción. Ojo, aquí la rugosidad es una medida para describir cómo sube, baja o cambia de pendiente la superficie del planeta.

Al comparar las distintas zonas de Mercurio, salta a la vista un patrón muy llamativo: las estructuras de acortamiento cartografiadas aparecen preferentemente sobre terrenos más llanos. Otro aspecto que ha resultado muy sugerente para los científicos es que los propios escarpes creados por estas estructuras deberían aumentar la rugosidad de la superficie, algo que, a las escalas en las que han trabajado, no sucede así.

Una posible explicación para esto último es que estas estructuras están siendo enterradas. Los materiales expulsados durante los impactos pueden ir cubriendo aquellas estructuras más antiguas e incluso ocultarlas por completo. Pero también podría haber una explicación visual: estas estructuras que “rompen” el paisaje destacan más en una llanura lisa que en un terreno donde hay más cambios.

Existe, por último, una tercera posibilidad, que tiene que ver con cómo responde la corteza a la compresión. Los materiales porosos y fracturados como resultado de miles de millones de años de impactos podrían absorber parte del acortamiento cuando los poros colapsan o mediante la formación de numerosas fallas más pequeñas sin necesidad de crear las grandes estructuras visibles desde la órbita, al menos con la resolución de imágenes y otros datos que tenemos en la actualidad.

Si bien este estudio no permite distinguir de una manera clara entre estos mecanismos para explicar la ausencia de estas estructuras en algunas zonas, el resultado —a mi juicio— más interesante es que hay una relación directa entre la rugosidad del terreno y la escasez de estructuras de acortamiento. Para intentar calcular cuál ha sido el verdadero acortamiento, aplicaron un factor de corrección basándose en las observaciones de las zonas donde estas estructuras son más claras.

encogido
En la imagen podemos ver Carnegie Rupes, una de estas estructuras de acortamiento, posterior a la formación de algunos de los cráteres, algo que vemos gracias a que no solo los corta, sino que los deforma. En algunos puntos de la imagen, el escarpe que forma llega a medir 2 kilómetros de altura. Imagen cortesía de NASA/Johns Hopkins University Applied Physics Laboratory/Carnegie Institution of Washington.

Los cálculos iniciales arrojaron un “encogimiento” de Mercurio estimado en 8,3 kilómetros, pero, al añadir el factor de corrección, este encogimiento podría aumentar entre 0,6 y 3,3 kilómetros, medidas superiores a las de estudios anteriores. Como cuentan los autores en el estudio, incluso las zonas más lisas del planeta y de menor complejidad topográfica también pueden esconder pistas importantes para el cálculo del encogimiento: tanto coladas de lava que cubran grandes zonas como una resolución insuficiente de nuestros datos serían dos de las causas a tener en cuenta.

¿Por qué saber cuánto ha encogido Mercurio es tan importante? Bueno, este dato nos ayuda a precisar mejor cómo ha evolucionado su interior, y la magnitud de esta disminución de su radio depende de factores como su calor interno inicial, el calor producido por los elementos radiactivos, lo aislante que es su corteza, entre otros. En cierto modo, este estudio no se centra tanto en este aspecto, sino más bien en sentar unas nuevas bases y límites para quienes estudien la historia interna del planeta.

Muy probablemente, la llegada de la misión BepiColombo y su altímetro láser permitirá a los científicos estudiar este problema con mucha más resolución y claridad, a escalas a las que hasta ahora no habíamos podido acceder. ¿Podremos, con estos nuevos datos, calcular mejor cuánto ha menguado Mercurio? Estoy seguro de que muy pronto podremos responder mucho mejor a esta pregunta… si el planeta nos deja.

Referencias:
Nishiyama, G., Broquet, A., Tosi, N., Preusker, F., Stark, A., Hussmann, H., & Hauber, E. (2026). Underestimation of Planetary Contraction Due To Obscuration by Surface Roughness: The Case of Mercury. Geophysical Research Letters, 53(17), e2026GL124067. doi: 10.1029/2026GL124067

Sobre el autor: Nahúm Méndez Chazarra es geólogo planetario y divulgador científico.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos obligatorios están marcados con *