El ojo geológico que vigila desde el Sahara

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El ojo geológico que vigila desde el Sahara

Cuando miramos una imagen satelital o una fotografía aérea del desierto del Sahara encontramos una formación particular que rápidamente llama nuestra atención. En la zona central de Mauritania, en la región de Adrar, cerca de la pequeña población de Ouadane, se localiza una estructura de morfología circular, formada por varias elevaciones y depresiones concéntricas, que recibe el poético nombre de “el ojo de África”, ya que recuerda a un ojo abierto mirando fijamente hacia el cielo. Aunque su denominación oficial es Estructura de Richat.

Estructura de Richat
Vista satelital de la Estructura de Richat. Fuente: NASA

Se trata de una depresión del terreno de más de 40km de diámetro que presenta unas crestas circulares formadas por tres anillos concéntricos distribuidos desde el centro hasta el margen de la misma. Y esta curiosa morfología ha dado pie a varias hipótesis que discuten su origen.

La más curiosa, y fantasiosa, es la que relaciona a la Estructura de Richat con la mítica ciudad de la Atlántida. La existencia de los tres anillos concéntricos elevados sobre una depresión, parece corresponderse de manera casi exacta con la descripción realizada por Platón hace más de 2000 años. Pero esta hipótesis cojea por varias partes. En primer lugar, esta estructura no aparece en una isla en mitad del mar, sino que se encuentra en pleno desierto del Sahara, muy alejada del océano. Y, entrando a analizar las evidencias científicas, no se ha encontrado ninguna prueba arqueológica de que se hubiera construido ninguna ciudad monumental por parte de una civilización avanzada que estuviera asentada en este lugar hace milenios. Así que, ante la ausencia de cualquier prueba fehaciente, por muy bonita que sea esta hipótesis, queda totalmente descartada.

Por otro lado, y entrando ya al ámbito geológico, durante años se especuló sobre un posible origen extraterrestre para esta estructura. Y no, no me refiero a que la construyeran los alienígenas. Lo que se suponía es que se trataba de una morfología formada por un impacto meteorítico. Aunque esta idea no era tan descabellada, ya que su forma era muy similar a la observada en otros cráteres de impacto encontrados a lo largo del mundo, las pruebas científicas tampoco la apoyaban. Cuando se produce la caída de un meteorito sobre la superficie terrestre, en el cráter aparecen unas rocas muy particulares conocidas como impactitas (https://culturacientifica.com/2023/11/09/esos-curiosos-metamorfismos/), producidas al someter a las rocas ya existentes a unas condiciones de presión y temperatura muy bruscas. Y no se han encontrado evidencias de estos procesos en la Estructura de Richat, así que otra hipótesis descartada.

Sección transversal de la Estructura de Richat en la que se muestra la morfología de domo anticlinal y la intrusión magmática. Imagen modificada de Liu et al. (2022) / Wikimedia Commons

Pero, entonces, ¿cómo se ha formado esta estructura tan curiosa? Pues a partir de un proceso geológico mucho más común del que imaginamos, aunque con algunas particularidades. Hace entre unos 600 y 480 millones de años, la región de Adrar era un medio litoral y marino poco profundo en el que se formaron diversos tipos de rocas sedimentarias, como lutitas y areniscas. Saltando un poco en el tiempo, hace unos 100 millones de años un cuerpo magmático más o menos circular ascendió hacia la superficie. Durante la subida, el magma empujó las rocas sedimentarias que se encontraban por encima, abombándolas y plegándolas hasta formar una estructura, también circular, llamada domo anticlinal. Y, aunque el cuerpo magmático se quedó emplazado en el subsuelo, algunos materiales ígneos consiguieron salir a la superficie en la zona central del domo a través de fracturas de las rocas sedimentarias, depositándose como rocas volcánicas.

En los últimos millones de años, el viento y el agua se han encargado de modelar este paisaje. En concreto, las rocas sedimentarias menos resistentes, como las lutitas, han sido erosionadas, formando las depresiones de la Estructura de Richat, mientras que los materiales más consistentes, como las areniscas, han permanecido elevados como resaltes. Y, puesto que se trata de un domo anticlinal, en la actualidad encontramos las rocas más antiguas en la zona central y las más modernas en los márgenes de la estructura, todas ellas dispuestas en forma de anillos concéntricos.

Aspecto de la zona central de la Estructura de Richat, con las rocas volcánicas alcalinas en primer plano. Foto: Michel Jebrak / IUGS

Esta morfología tan particular no es lo único destacable de la Estructura de Richat. Resulta que es uno de los mejores ejemplos de Complejos Volcánicos Alcalinos del mundo. Estas rocas volcánicas, muy ricas en sodio, potasio y aluminio, se caracterizan porque tienen asociados yacimientos comerciales de tierras raras. Y aún hay más. Entre las rocas volcánicas ricas en potasio que aparecen en este lugar encontramos unas llamadas kimberlitas, famosas por contener diamantes.

Hoy en día, este gigantesco ojo que vigila el espacio desde el corazón del desierto del Sahara se ha convertido en el mejor ejemplo mundial para explicar las estructuras geológicas en forma de anillos producidas por una extrusión ígnea. Por este motivo, en 2022 fue incluido por la Comisión de Patrimonio Geológico de la Unión Internacional de Ciencias Geológicas (IUGS por sus siglas en inglés) en su listado de los “100 primeros Sitios Geológicos mundiales”, donde se recogen aquellos yacimientos y estructuras indispensables para poder conocer la historia geológica de nuestro planeta.

Para saber más:

Descargas gratuitas: Publicaciones de la Comisión de Patrimonio Geológico de la Unión Internacional de Ciencias Geológicas

Sobre la autora: Blanca María Martínez es doctora en geología, investigadora de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y colaboradora externa del departamento de Geología de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la UPV/EHU

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