El origen de los números mágicos nucleares

Experientia docet

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El origen de los números mágicos nucleares

En el corazón de cada átomo existe un núcleo diminuto y denso donde se concentra casi toda la masa de la materia que conocemos. Durante décadas, la física nuclear ha intentado comprender por qué algunos núcleos son asombrosamente estables mientras que otros se desintegran en una fracción de segundo. La respuesta reside en una serie de valores conocidos como números mágicos, unas cifras que actúan como pilares de la arquitectura atómica. Ahora, un equipo de investigadores ha logrado desentrañar el origen último de estos números, vinculando dos conceptos fundamentales de la mecánica cuántica que hasta ahora parecían independientes: el espín y la simetría de pseudoespín.

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Fuente: APS/Carin Cain

Las capas del núcleo

Solemos visualizar un núcleo atómico como una agrupación de esferas que representan a los nucleones. Esta imagen tiene su origen en la necesidad de explicar la estructura atómica pero no se corresponde a los modelos más avanzados de estructura nuclear. Para visualizar la estructura de un núcleo, tendríamos que imaginarlo como una serie de capas concéntricas, de forma similar a como se organizan los electrones alrededor del propio núcleo del átomo.

En el núcleo ocurre un fenómeno parecido al de las capas electrónicas, en las que se van completando orbitales hasta llegar a configuraciones de estabilidad máxima (y reactividad química mínima) que corresponden a los gases nobles. Así, cuando una de estas capas del núcleo se completa con el número preciso de protones o neutrones, el núcleo adquiere una estabilidad excepcional. Estos números hiperestables (2, 8, 20, 28, 50, 82 y 126) son los denominados números mágicos. El descubrimiento de este modelo de capas en 1949, que valió el Premio Nobel a Maria Goeppert-Mayer y J. Hans D. Jensen, se basó en la introducción de un concepto técnico llamado acoplamiento espín-órbita.

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Estructura en capas del núcleo de estaño-132. Fuente: C. R. Ding et al (2026) Phys. Rev. Lett. doi: 10.1103/8lzc-j1lx

El espín es una propiedad intrínseca de las partículas subatómicas que podemos asimilar, aunque de forma muy simplificada, a un giro sobre sí mismas. Por otro lado, la órbita representa el movimiento de la partícula dentro del núcleo. El acoplamiento entre ambos implica que la energía de un protón o un neutrón cambia dependiendo de si su giro es “a favor” o “en contra” (de nuevo simplificamos) de su trayectoria orbital. Esta interacción es lo suficientemente fuerte como para modificar la jerarquía de las capas nucleares y crear las islas energéticas que definen los números mágicos. Sin embargo, a pesar de su éxito predictivo, la comunidad científica seguía preguntándose por qué este acoplamiento tiene exactamente la fuerza y la forma que observamos en la naturaleza.

Simetría de pseudoespín

Aquí es donde entra en juego la simetría de pseudoespín, un concepto que actúa como una suerte de orden oculto bajo la superficie de la física nuclear. Aunque los protones y neutrones poseen su propio espín real, los científicos descubrieron que, al observar las ecuaciones que describen sus movimientos, aparecía un patrón matemático repetitivo que agrupaba ciertos niveles de energía en parejas casi idénticas. Esta simetría no es obvia a simple vista, sino que emerge como un reflejo matemático cuando se estudia el núcleo bajo las leyes de la relatividad especial. Podemos imaginarla como una regla de organización interna que, si fuera perfecta, haría que ciertas partículas se comportaran de manera gemela a pesar de tener características orbitales distintas.

La nueva investigación propone que la clave no reside en el espín por sí solo, sino en cómo esta simetría de pseudoespín se manifiesta en la realidad. Mediante un análisis matemático avanzado basado en la teoría cuántica de campos los investigadores muestran que el acoplamiento espín-órbita no es un fenómeno aislado sino que sería una consecuencia directa de la ruptura de esta simetría de pseudoespín. En otras palabras, los números mágicos existen precisamente porque la simetría de pseudoespín no es perfecta, sino que se distorsiona ligeramente debido a las intensas fuerzas que mantienen unido al núcleo.

La estabilidad de los núcleos no es fruto, por tanto, de una coincidencia matemática o de un ajuste arbitrario de fuerzas. En su lugar, los investigadores han logrado trazar una línea directa que va desde la relatividad de Einstein hasta la estructura misma del núcleo. Al tratar el núcleo desde una perspectiva relativista, han descubierto que la interacción que genera los números mágicos es la manifestación de cómo la naturaleza intenta equilibrar la simetría de pseudoespín con las fuerzas nucleares en juego.

Buscando la isla de estabilidad

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Posible ubicación de la isla de estabilidad (elipse blanca) según el Instituto Central de Investigaciones Nucleares ruso. Fuente: Wikimedia Commons

Este hallazgo tiene implicaciones que van mucho más allá de la pizarra de un laboratorio. Comprender el origen de los números mágicos y su relación con el pseudoespín es crucial para predecir la existencia de la llamada isla de estabilidad, una región hipotética de la tabla periódica donde podrían habitar elementos superpesados, creados artificialmente, que sean estables durante largos periodos. Asimismo, este conocimiento es vital para la astrofísica, especialmente para entender los procesos de nucleosíntesis que ocurren en las explosiones de supernovas y en las colisiones de estrellas de neutrones, donde se forjan los elementos más pesados del universo como el oro o el platino.

Desde un punto de vista más filosófico, la investigación viene a recordar que el aparente caos del mundo subatómico está regido por principios de simetría, en los que muchos encuentran componentes estéticos. Al unir el espín con el pseudoespín, los físicos no solo han explicado por qué el plomo o el calcio son tan estables, sino que han dado un paso de gigante hacia una teoría unificada de la estructura nuclear. Incluso en las escalas más pequeñas de la realidad, la naturaleza prefiere el orden y la armonía geométrica frente al azar. Aquellos números que una vez llamamos mágicos por falta de una explicación mejor han revelado finalmente su origen en las leyes más fundamentales de la física.

Referencia:

C. R. Ding, C. C. Wang, J. M. Yao, H. Hergert, H. Z. Liang, and S. K. Bogner (2026) From Spin to Pseudospin Symmetry: The Origin of Magic Numbers in Nuclear Structure Phys. Rev. Lett. doi: 10.1103/8lzc-j1lx

Para saber más:

Una introducción muy sencilla, paso a paso, a la física nuclear: El núcleo (serie de 38 artículos breves)

Sobre el autor: César Tomé López es divulgador científico y editor de Mapping Ignorance

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