Cuando el balón corra, vibrará la tierra
Ahora que ha comenzado la Copa Mundial de selecciones masculinas de fútbol vuelvo a traeros una nueva relación entre el deporte y la Geología. Para ello, nos vamos a remontar dos años atrás en el tiempo, cuando se jugó la final de una de las hermanas pequeñas del mundial, la Eurocopa. Aquella noche del 14 de julio de 2024, el suelo de España tembló. ¿Por casualidad se produjo un terremoto en este país mientras su selección disputaba el partido? Pues, científicamente hablando, no. Pero casi.
Primero, vamos a repasar lo que son los terremotos. Se trata de una liberación repentina de energía en forma de ondas que sucede cuando las capas de rocas se desplazan a lo largo de una fractura del terreno. Este movimiento se produce en el subsuelo, pero se ve reflejado en superficie como una vibración o un temblor del terreno. Los culpables de que esto suceda son los movimientos de las placas tectónicas, que someten a las rocas a una gran tensión que se va acumulando. Hasta que ya no pueden más y sufren una enorme sacudida para liberar toda esa energía.

Cuando ocurre un terremoto, se liberan tres tipos de ondas sísmicas. Las primeras en aparecer son las ondas P o primarias, que pueden trasmitirse a través del planeta atravesando tanto materiales sólidos como líquidos. A continuación, aparecen las ondas S o secundarias, que únicamente atraviesan los sólidos. Y, por último, se producen unas ondas superficiales que se desplazan por el terreno y que, generalmente, son las más destructivas.
Sin embargo, hay una manera un poco menos natural de generar terremotos. Algunas actividades humanas pueden provocar un desequilibrio de los materiales geológicos en profundidad y culminar con una liberación de energía súbita. Acciones como la fracturación hidráulica, el llenado de enormes embalses o la minería subterránea pueden poner en funcionamiento fracturas del terreno en zonas muy localizadas. Así se provocan los denominados terremotos inducidos.
Un terremoto inducido tiene un comportamiento similar al de los terremotos naturales, ya que también se generan ondas P, S y superficiales. Pero un ojo experto y bien entrenado es capaz de diferenciarlos claramente estudiando los sismogramas. Con este nombre se conoce al registro gráfico de las vibraciones del terreno que se obtiene gracias a un sismógrafo. Para entendernos, se trata de un aparato con un rollo de papel sobre el que se sitúa un marcador (como si fuese un bolígrafo) que está fijo con un peso. Cuando no sucede nada, el marcador dibuja una línea recta plana en el papel. Pero, al producirse un terremoto, el sismograma se mueve en la misma dirección que el suelo y el marcador deja en el papel una serie de picos bruscos a ambos lados de la recta inicial.

El análisis de los sismogramas permite diferencias las ondas P, las S y las superficiales y hacer diversos cálculos de tiempo y energía de las vibraciones para conocer cosas como la magnitud del terremoto o la profundidad a la que se ha generado. Y estas marcas gráficas son ligeramente diferentes entre un terremoto natural y uno inducido. Por lo general, estos últimos no muestran una diferenciación de las ondas P y S muy claras, tienen una menor duración temporal y su origen está siempre a poca profundidad en el subsuelo.
Entonces, ¿lo que se produjo durante el partido de fútbol fueron terremotos inducidos? Pues no, ya que las fracturas del terreno no tuvieron nada que ver. Se trató de otro fenómeno diferente: el ruido sísmico. Este término se refiere a las vibraciones de baja amplitud que se propagan por la superficie del terreno y que se detectan por los sismógrafos de alta sensibilidad dispuestos en zonas urbanas como una nube difusa de picos irregulares y puntuales en los sismogramas.

El ruido sísmico puede tener un origen natural, por ejemplo, por la liberación de energía sobre el terreno en una riada repentina. Pero también artificial, ¿o acaso nunca habéis sentido vibrar el suelo al paso de un camión enorme cuando estáis paseando junto a una carretera? Pues esto es exactamente lo que pasó durante la final de la Eurocopa. Cuando miles de personas celebraron dando saltos al unísono los goles de la selección española transmitieron una energía mecánica al subsuelo. Energía que fue registrada por sismógrafos de Madrid y Barcelona con picos equivalentes a terremotos de magnitud 1 e, incluso, 2.

Estos picotazos de ruido sísmico urbano son mucho más comunes de lo que creemos, ya que se producen en casi todas las grandes aglomeraciones de gente dando saltos a la vez. Como en macroconciertos, festivales, eventos deportivos masivos o fiestas populares muy concurridas. Y, por supuesto, van a seguir sucediendo.
Así que, cuando nos digan que el mundo va a vibrar con los partidos de fútbol de la Copa Mundial, lo hará de manera literal.
Sobre la autora: Blanca María Martínez es doctora en geología, investigadora de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y colaboradora externa del departamento de Geología de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la UPV/EHU
