¿Siempre ha habido eclipses solares y siempre los habrá?

Fronteras

6 min

¿Siempre ha habido eclipses solares y siempre los habrá?

Gracias al eclipse solar que acabamos de disfrutar en nuestro país, hemos vuelto a darle protagonismo a nuestra eterna compañera en el viaje de la Tierra a través del Universo: la Luna. Hace tiempo os hablé sobre el origen de nuestro satélite natural, pero hoy me voy a dedicar a descubriros la relación existente entre los viajes cósmicos de la Luna y de la Tierra desde hace miles de millones de años.

Hace unos 4.500 millones de años, cuando se formó la Luna, esta se quedó muy cerca de la Tierra, apenas a unos 23.000 km de distancia, lo que se traduce en que los días duraban de 4 a 6 horas. Sin embargo, en la actualidad, nuestro satélite se encuentra a más de 384.000 km de la Tierra y los días duran 24 horas. Es decir, que la Luna se está alejando de nuestro planeta a un ritmo actual de unos 4 cm al año.

eclipses
Generación de las mareas por la atracción de la Luna, con detalle del funcionamiento de ralentización de la velocidad de la órbita terrestre. Fuente: NASA

Este alejamiento constante de la Luna se puede explicar gracias a los procesos de transferencia de energía que existen entre nuestro satélite y la Tierra. La principal evidencia de la interacción gravitacional entre ambos cuerpos planetarios son las mareas. La Luna atrae las masas oceánicas hacia ella, generando abultamientos de agua en los lados opuestos de la Tierra. Si nuestro planeta no rotase, los abultamientos permanecerían alineados con la Luna, pero debido al movimiento de la Tierra, que es más rápido que la rotación de la Luna, esas protuberancias de agua se van moviendo ligeramente por delante de la posición del satélite. Estos movimientos oceánicos provocan un rozamiento en nuestro planeta, ralentizando su velocidad de rotación poco a poco. Al contrario que la rotación de la Luna, que cada vez adquiere mayor velocidad.

Ahora entre en juego la Tercera Ley de Newton, es decir, el famoso efecto de “acción-reacción”. Como la Luna cada vez gira más rápido y la Tierra cada vez más despacio, la atracción gravitatoria entre ambas se ve compensada con la fuerza centrífuga, que aleja progresivamente a la Luna de nuestro planeta. Es el mismo proceso que experimentamos cuando tomamos una curva en el carril exterior, que, si no controlamos bien el volante, nos sentimos empujadas fuera de la carretera.

eclipses
A) Esquema idealizado de un depósito de ritmitas de marea, con la alternancia de capas de barro y arena según el nivel de la marea y la velocidad de las corrientes. Fuente: Page Quintón / Wikimedia Commons B) Aspecto de un depósito de ritmitas de marea fósil preservado en Nueva Gales del Sur (Australia). Fuente: Michael C. Rygel / Wikimedia Commons

Pero, ¿cómo sabemos que han cambiado estas interacciones entre la Tierra y la Luna a lo largo de la historia? Pues gracias al registro geológico, como no podía ser de otra manera. Y aquí tenemos dos chivatos principales.

Por un lado, encontramos las ritmitas de marea. Se trata de unos registros sedimentarios que se depositan en ambientes litorales y estuarios, y que se componen de capas alternantes de barro y arena. Los niveles de barro se depositan durante las mareas altas y bajas, mientras que los de arena lo hacen en los momentos de ascenso y descenso de la marea. Además, durante las mareas vivas las capas son más gruesas de lo habitual, y en las mareas muertas son mucho más finas.

eclipses
Imagen de microscopio de las líneas de crecimiento lunar diario (LDGI por sus siglas en inglés) en la concha de un bivalvo. La escala representa 100 micras, lo que corresponde a 0,1 mm. Fuente: Tanabe, K., Miyaji, T., Murakami-Sugihara, N., Shirai, K. y Moriya, K. (2020) Annual shell growth patterns of three venerid bivalve mollusk species in the subtropical northwestern Pacific as revealed by sclerochronological and stable oxygen isotope analyses Marine Biology doi: 10.1007/s00227-019-3637-7

Por el otro lado, tenemos el registro paleontológico. Algunos organismos, como los bivalvos o los corales, crecen añadiendo cada día una nueva capa muy fina en sus conchas y caparazones, junto con una capa más gruesa cada año. Esas capas diarias también varían su grosor de acuerdo a las mareas, siendo más anchas durante las mareas vivas y más delgadas durante las mareas muertas.

Al unir ambos registros geológicos (sí, contando capitas microscópicas con mucha paciencia) y aplicarles diversas fórmulas matemáticas para extraer periodicidades, podemos identificar los ciclos mareales diarios, calcular cada cuánto tiempo se producían las mareas vivas y muertas, inferir la energía de esas mareas y saber cuántas horas duraban los días en el pasado. Y relacionar todos esos valores con la distancia de la Luna con respecto a la Tierra al compararlos con los datos actuales.

¿Y qué tiene que ver todo esto con los eclipses solares? Antes de responder, hay que recordar las condiciones que se tienen que dar para que se produzcan los eclipses solares totales, como el que acabamos de vivir. Porque no sólo es necesario que la Luna se coloque entre el Sol y la Tierra, ya que eso es algo que acontece a diario, sino que hay que pensar en 3D. Los tres cuerpos planetarios tienen que alinearse casi perfectamente en el espacio, la Luna tiene que estar en fase nueva y, además, el satélite debe estar en su punto más cercano a la Tierra.

Si habéis prestado atención el resto del artículo, seguro que os ha llamado la atención que he repetido varias veces que, en el pasado geológico, la Luna estaba mucho más cerca de nuestro planeta que en la actualidad. Esto significa que, hace millones de años, los eclipses solares eran mucho más habituales que en la época presente y, además, duraban varios minutos en su fase total, a diferencia de lo rápidos que son hoy en día.

Y, siguiendo con ese mismo razonamiento, en el futuro los eclipses serán cada vez menos frecuentes. De hecho, se estima que, dentro de unos 600 millones de años, la Luna se encontrará tan alejada de la Tierra que ya no se producirán eclipses solares totales porque no podrá tapar por completo el Sol. Lo máximo que ocurrirán serán eclipses anulares.

En definitiva, el hecho de que vivamos en un planeta dinámico dentro de un Universo dinámico, provoca que veamos eventos astronómicos, bióticos y geológicos diferentes a los que habríamos experimentado si nuestra especie hubiese aparecido en otro momento de la larga historia, pasada, presente o futura, de la Tierra. Así que, disfrutemos de procesos como los eclipses cada vez que podamos.

Sobre la autora: Blanca María Martínez es doctora en geología, investigadora de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y colaboradora externa del departamento de Geología de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la UPV/EHU

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos obligatorios están marcados con *