El caso de Nikolái Ivánovich Vavílov

Ciencia infusa

La verdad nunca triunfa, simplemente sus oponentes se van muriendo”

Max Planck.

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Sabemos que los centros Vavílov son las áreas de mayor diversidad, variabilidad máxima y origen de las plantas cultivadas. Son regiones que se caracterizan por la presencia de gran número de variedades, subespecies y especies emparentadas con la planta que nuestra especie domesticó, y muchas de ellas son endémicas, o sea, que solo allí se encuentran. En la década de los veinte del siglo pasado, se propusieron nueve de estas regiones: China, origen, por ejemplo, del arroz; sureste de Asia, de la caña de azúcar; Asia Central, del ajo; Oriente Próximo, del trigo y otros cereales; Mediterráneo, de la avena; Etiopía, del mijo; sur de México y Centroamérica, del maíz; Sudamérica, de la patata; y Brasil-Paraguay, de la yuca. Pues bien, su nombre, centros Vavílov, viene de quien los propuso, uno de los más extraordinarios botánicos y genéticos del siglo XX. Sus investigaciones sobre la identificación y mejora de las plantas cultivadas, como el trigo o el maíz, contribuyeron a conseguir una alimentación suficiente para una humanidad en continuo crecimiento. Se llamaba Nikolái Ivánovich Vavílov, era ruso y, durante años, recibió apoyo y fondos de las autoridades de la URSS hasta que, en 1940, fue detenido por orden de Stalin y murió en la cárcel en 1943, parece ser que de hambre y en plena Segunda Guerra Mundial. Tenía 55 años.

Había nacido en Moscú el 25 de noviembre de 1887, en una familia de comerciantes y hermano de un conocido físico, Serguéi Vavílov, que llegaría a ser Presidente de la Academia de Ciencias de la URSS. Pasó parte de su infancia en una aldea en la que conoció de primera mano los malos usos agrícolas y los consiguientes desastres en las cosechas, y se obsesionó con terminar con el hambre de los campesinos en su Rusia natal y en todo el planeta.

Estudió Agricultura en Moscú (su tesis doctoral, defendida en 1910, trataba de los limacos como peste agrícola en los jardines y huertos de Moscú), trabajó en la Oficina de Botánica Aplicada, y visitó otros centros de investigación en Europa, sobre todo en Inglaterra, y colaboró con William Bateson en el desarrollo de la genética. De vuelta a la URSS, dirigió desde 1921 hasta 1940 la Academia Lenin de Ciencias Agrícolas de Leningrado, hoy de nuevo San Petersburgo. Organizó, desde su liderazgo en la Academia, más de 400 estaciones experimentales agrícolas por toda la URSS. En ellas se experimentaba con la mejora de los cultivos y se proporcionaban semillas seleccionadas a los campesinos. La Academia llegó a tener, en su momento de más auge, hasta 20000 trabajadores.

Desde Leningrado dirigió expediciones botánicas, recogió semillas y plantas por todo el mundo y creó la mayor colección de semillas del planeta. Su primera expedición le llevó a Persia en 1916, y de allí a las montañas de Asia Central, a donde volvería en 1924, 1929 y 1932. El segundo viaje fue a Estados Unidos entre mayo de 1921 y enero de 1922. En 1924 estuvo en Afghanistán y, en los años siguientes, en Oriente Medio, el norte de África y el Mediterráneo, en Etiopía, China, Japón, Corea, volvió a Estados Unidos, pasó a México y recorrió Centro y Sudamérica.

En 1927 estuvo en España y la recorrió durante meses recogiendo muestras de plantas cultivadas con los métodos de la agricultura tradicional. Estuvo en el País Vasco y, en su relación escrita del viaje, mencionó la lengua y la historia de los vascos. Describe el paisaje y la agricultura, recoge plantas y cita expresamente Pamplona y San Sebastián, etapa final de su viaje por la península. De allí zarpa en barco hacia Francia. Seguramente, hoy, en San Petersburgo, existe una colección de plantas de nuestro entorno recogidas en este viaje. Además de ser útiles, son historia de la ciencia.

A partir de 1935, con Stalin en el poder y Lysenko con influencia ascendente, ya no se permite a Vavílov salir de la URSS. Lysenko declaró públicamente que traer semillas de todo el mundo para mejorar los cultivos soviéticos era caro e inútil pues las plantas soviéticas tenían, por sí mismas, capacidad de mejora. No había por qué buscar nada fuera de la URSS.

Más adelante, con Vavílov ya preso y en plena Segunda Guerra Mundial, Leningrado fue cercada por los alemanes durante 28 meses y más de 700000 personas murieron de hambre y de diversas enfermedades. Pero la colección de semillas se conservó y cuidó y más de 250000 semillas, plantas y tubérculos sobrevivieron al sitio. Por lo menos uno de los conservadores, quizá más, murió de hambre rodeado de semillas y plantas comestibles. Todavía en la actualidad, el Instituto de Industrias de Plantas N.I. Vavílov de San Petersburgo contiene una de las mayores colecciones de genética vegetal del mundo.

Parte de la colección no estaba en Leningrado y se distribuía por la estaciones agrícolas experimentales por toda la URSS. Las que estaban en Ucrania y Crimea, fueron capturadas por los alemanes que organizaron una escuadra SS encargada específicamente de recoger las semillas y trasladarlas al Instituto de Genética de Plantas de Graz, en Austria, fundado por las SS para mejorar los cultivos en Alemania. El jefe de la escuadra SS era el teniente Heinz Brücher, Doctor en Ciencias y experto en genética vegetal. Mientras Vavílov moría en la cárcel, parte de su obra era expoliada por los nazis.

Protegido de Lenin, cuando esté murió y el poder pasó a Stalin, Vavílov se vio enfrentado a Trofim Lysenko, apoyado por el líder. Lysenko defendía unos conceptos de genética que coincidían con la más pura ortodoxia de la doctrina marxista-leninista.

Vavílov fue arrestado en 1940, juzgado y sentenciado a muerte en 1941. Su grupo de investigación, y la genética en general, estaban siendo destruidas por el gobierno, instigado por Lysenko. Entre 1934 y 1940, 18 de los investigadores del laboratorio de Vavílov ya habían sido detenidos.

El texto de la condena es una cínica invención preparada para justificar la condena de un científico por las ideas que defiende en relación con la ciencia que investiga. La condena dice así, en traducción propia del inglés:

“En nombre de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas,… se ha establecido en el curso de las investigaciones preliminar y judicial que desde 1925 Vavílov fue uno de los líderes de una organización anti-soviética llamada Partido del Campesinado Trabajador, y desde 1930 fue un activo participante en una organización anti-soviética de derechas dentro del Comisariado de Agricultura y de varias instituciones científicas de la URSS… En interés de estas organizaciones anti-soviéticas ha llevado a cabo una actividad organizada de destrucción dedicada a desorganizar y destruir el sistema de granjas colectivas y llegar al colapso y el declive de la agricultura socialista de la URSS. Para conseguir estos objetivos anti-soviéticos ha mantenido contactos con círculos de rusos blancos emigrados en el exterior y les ha transmitido información que contiene secretos de Estado de la Unión Soviética. Declaramos a Vavílov culpable de delitos según los artículos… del Código Criminal… y la Sala Militar de la Corte Suprema de la URSS condena a Vavílov, Nikolái Ivánovich, a sufrir la pena máxima, a ser fusilado y todas sus propiedades personales confiscadas. La sentencia es firme y no puede ser apelada.”

La sentencia fue conmutada por 20 años de trabajos forzados y Vavílov murió en enero de 1943 en la prisión de Saratov, ciudad situada al sudeste de Moscú, a medio camino del Cáucaso. Casualmente, su primer puesto de profesor universitario fue en Saratov, entre 1917 y 1921.

Hay que esperar a la década de los sesenta, veinte años más tarde, para que Vavilov sea públicamente rehabilitado. Lysenko murió en el olvido en 1976.

Vavílov, con su campaña lenta pero con bases científicas sólidas de recogida de variedades por todo el mundo para cruzarlas con las plantas que se cultivaban en la URSS, conseguiría resultados perdurables a medio y largo plazo. En cambio, Lysenko pudo prometer a Stalin resultados inmediatos, en un par de cosechas, para mejorar la hundida agricultura soviética, con un entorno muy duro y una organización desastrosa. Los conceptos de genética de Lysenko coincidían con la ideología marxista y eran, por tanto, más interesantes para los objetivos políticos de Stalin.

Lysenko aplicaba la técnica de la vernalización, es decir, sometía las semillas al frío para alterar su desarrollo y, según su hipótesis, adelantar la madurez y aumentar las cosechas. El mismo Vavílov apoyó los primeros resultados de Lysenko y los presentó en el Sexto Congreso Internacional de Genética de 1932. Sin embargo, los trabajos de Lysenko no eran reproducibles y se basaban en conceptos lamarckianos más ingenuos y voluntariosos que científicos.

Pero Stalin estaba en el poder y Vavílov no le pudo prometer resultados inmediatos y, en cambio, Lysenko sí lo hizo. De inmediato, comenzó una durísima campaña contra la genética mendeliana y sus seguidores, el principal de los cuales era Vavílov. Lysenko calificó literalmente a Mendel como uno de los fundadores de la genética reaccionaria. La ciencia de Vavílov era burguesa, contrarrevolucionaria, cara, de resultados inútiles para la Revolución, era, en definitiva, genética reaccionaria seguidora de Mendel.

El aspecto más discutido por Lysenko desde el punto de vista marxista era la pervivencia de los genes. Es un concepto escandaloso para un marxista pues implica un aspecto de la biología de las plantas cultivadas que no puede ser planificado ni cambiado. Se niega, desde el marxismo de Lysenko y Stalin, el papel de los cromosomas y de los genes en la herencia. Para ellos, es toda la célula la que contribuye a la evolución y, de esta manera, pueden influir sobre ella los cambios en el ambiente. Esta es la base teórica de la aplicación de la vernalización, del frío, que hacía Lysenko sobre las semillas. Otro aspecto que no gustaba era el carácter raro y azaroso de las mutaciones, es decir, de los cambios. Debían ser más comunes y no al azar para facilitar los cambios necesarios para la mejora de las plantas. Y, por supuesto, todos estos cambios adquiridos debían ser hereditarios y, por tanto, esta herencia de los caracteres adquiridos era una genética neo-lamarckiana, absolutamente abandonada en aquellos años.

En 1968 se le cambió el nombre al Instituto de Botánica Aplicada de Leningrado y se le llamó Instituto N.I. Vavílov. No hay que olvidar que pocos han trabajado como Vavílov para conocer la biodiversidad de las plantas cultivadas del planeta. Y sus teorías sobre la distribución de las plantas agrícolas todavía son aceptadas por botánicos y agrónomos. Por eso seguimos citando los centros Vavílov.

Referencias:

Crow, J.F. 1993. N.I. Vavilov, martyr to genetic truth. Genetics 134: 1-4.

Deichmann, U. 1996. Biologists under Hitler. Harvard University Press. Cambridge. 468 pp.

Gould, S.J. 1984. Una audiencia para Vavilov. En “Dientes de gallina y dedos de caballo”, p. 141-151. Ed. Hermann Blume. Madrid. 344 pp.

Hawkes, J.G. 1990. N.I. Vavilov – the man and his work. Biological Journal of the Linnean Society 39: 3-6.

Lecourt, D. 1974. El “caso Lyssenko”. Ed. Anagrama. Barcelona. 151 pp.

Medvedev, J. 1971. Grandeur et chute de Lyssenko. Ed. Gallimard. Paris. 317 pp.

Sobre el autor: Eduardo Angulo es doctor en biología, profesor de biología celular de la UPV/EHU retirado y divulgador científico. Ha publicado varios libros y es autor de La biología estupenda.

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