Hablemos del cerebro

¿Qué idea tenemos de nuestro cerebro? ¿Cómo es? ¿Qué hace? ¿Cómo lo hace? Más o menos todos pensamos en una masa blanda con recovecos y hendiduras, de un color grisáceo, en la que sabemos que hay millones de neuronas que de alguna manera hacen que todo funcione. El conocimiento medio del ciudadano de a pie sobre este tema termina ahí, pero ¿cuánto saben los expertos sobre el cerebro y su funcionamiento?

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Esta semana me he topado con dos noticias sobre el cerebro. Ambas muy interesantes y sin embargo en parte contradictorias. Las dos me han convencido y las dos me han parecido acertadas. No sé, ni creo que los propios científicos sepan, cuál es cierta o si ninguna lo es, o si ambas lo son a la vez. En esta atmósfera de incertidumbre plagada de hipótesis es donde reside la grandeza de la ciencia. En algún momento, los investigadores serán capaces de confirmar alguna de estas teorías o ninguna, y avanzar en el conocimiento.

Sostiene Robert Epstein en el artículo “The empty brain”, que, contra lo que es creencia generalizada hoy en día, nuestro cerebro no se parece en nada a un ordenador y su funcionamiento está muy, muy, lejos de asemejarse al de un software. Cuenta Epstein que el funcionamiento del cerebro se ha asociado a lo largo de la historia al conocimiento más adelantado que hubiera en la época. En la antigüedad, cuando se creía que habíamos sido creados del barro, la inteligencia era el espíritu, el alma que una deidad nos había suministrado. Después se pensó que nuestro funcionamiento, tanto físico como mental, respondía al equilibrio de fluidos (humores). La creación de autómatas hizo que se hablara del hombre como una máquina inteligente, la electricidad hizo pensar que eran corrientes lo que atravesaba nuestro cuerpo para hacernos funcionar e incluso, a mediados del siglo XIX, un médico alemán comparó el cerebro con el telégrafo.

Todas estas metáforas sobre el funcionamiento cerebral nos provocan ahora mismo una sonrisa de superioridad pero, si nos paramos a pensarlo, nosotros estamos haciendo lo mismo. Toda la jerga, el vocabulario y las explicaciones sobre el cerebro y su funcionamiento están basadas en la creencia muy extendida de que el cerebro humano es como un ordenador. Procesa información, almacena datos, compara, analiza, recupera, transfiere información… todas esas expresiones están ahora ligadas al cerebro.

Sostiene Epstein que no está nada claro, que de hecho es evidente que el cerebro no funciona como un ordenador. Que nuestro cuerpo y el cerebro no es el hardware y los pensamientos no son el software, y plantea la hipótesis del daño que la asunción de la “metáfora Ip” (information processing metaphor) está haciendo para la comprensión del verdadero funcionamiento del cerebro.

Para Epstein el cerebro reacciona y funciona respondiendo a estímulos y esas reacciones son diferentes en cada persona y no pueden extrapolarse las conclusiones de un cerebro a otro. Según él, tras cincuenta años de investigación siguiendo la idea de la metáfora IP se han invertido ingentes cantidades de dinero que no han llevado a nada y quizás vaya siendo hora de superar toda esta teoría.

Convincente o por lo menos razonable. Pero entonces me encuentro con este vídeo realizado sobre un estudio del Gallant Laboratory de la Universidad de California en Berkeley con un título maravilloso: “El diccionario cerebral”.

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Los investigadores midieron la actividad cerebral de siete personas mediante Imagen por resonancia magnética funcional (IRMf) mientras escuchaban dos horas de historias de un programa de radio. A partir de la actividad cerebral elaboraron un “mapa” señalando las zonas que se activan al escuchar distintas palabras.

Se puede acceder a la explicación completa aquí con los gráficos correspondientes.

Además, han elaborado este vídeo explicativo en el que señalan cómo las palabras activan distintas zonas cerebrales dependiendo de su significado. Por ejemplo, la palabra “top” unas veces activa una zona del cerebro que parece asociada a la ropa y a las apariencias, y otras veces se puede ver en la zona asociada a números y medidas.

Teniendo en cuenta que una muestra de siete personas es muy pequeña, por no decir insignificante, el estudio, el mapa y el vídeo proponen una teoría sobre el funcionamiento cerebral que, a mi, también me parece posible.

¿Qué sabemos del cerebro? Por lo que parece, muy poco. ¿Funciona como un ordenador? ¿Responden todos a un patrón o lo que ocurre en nuestra cabeza tiene más que ver con nuestras experiencias personales a lo largo de la vida?

Queda todo un mundo por descubrir dentro de nuestra propia cabeza tanto física como metafóricamente y es mediante la elaboración, confrontación y estudio de distintas teorías como lo iremos desentrañando.

Referencias:

The empty brain de Robert Epstein en Aeon Magazine.

Semantic maps.

Sobre la autora: Ana Ribera (Molinos) es historiadora y cuenta con más de 15 años de experiencia en el mundo de la televisión. Es autora del blog Cosas que (me) pasan y responsable de comunicación de Pint of Science España.

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