Medir los anillos de los árboles para datar el arte

Si alguien nos preguntase cómo saber cuántos años ha vivido un árbol seguro que sabríamos dar una respuesta. Casi todo el mundo ha escuchado en alguna excursión por el bosque o en alguna de aquellas clases de la infancia que los anillos del tronco delatan la edad de un árbol. Este conocimiento, que forma parte de la sabiduría popular, es la base de una disciplina científica conocida como dendrocronología. Esta heptasilábica palabra de origen griego significa algo cercano a: estudio (logía) del tiempo (cronos) de los árboles (dendron). Ahora, antes de que l@s que habéis entrado aquí buscando algo relacionado con el arte cerréis la pestaña, os explico qué tiene que ver la dendrocronología con el arte.

La madera ha sido durante un gran periodo de la historia soporte indispensable para muchas manifestaciones artísticas: retablos, temples u óleos sobre tabla, esculturas, etc. Así que, estudiando los anillos de la madera y descifrando su edad, podremos lograr información sobre cuando se realizó cierta obra, algo que es de vital importancia a la hora de detectar falsificaciones y realizar una correcta atribución.

¿En qué consiste la dendrocronología?

Tras tan sofisticado nombre se encuentra una ciencia basada en unos principios bastante sencillos. Los árboles crecen durante el periodo de primavera y verano en función de las condiciones climáticas. Este crecimiento se refleja en la formación de anillos que pueden ser observados si cortamos un tronco de modo transversal (como si fuesen rodajas de un embutido, ver Imagen 1). En los años benignos el crecimiento es mayor por lo que los anillos son más anchos que en los años que las condiciones climáticas han sido adversas. Estos anillos forman un patrón que será como una especie de código de barras y que son muy similares para los árboles de una misma especie que crezcan en una zona concreta. Midiendo con precisión microscópica la anchura de los anillos se puede lograr información muy útil para estudiar el clima o, como en el caso que nos ocupa, para localizar la procedencia y la edad de la madera de una manera relativamente sencilla. Aunque, claro está, que para eso se necesitan unas referencias con las que comparar la muestra que estemos estudiando. Afortunadamente hoy en día existen numerosas bases de datos con información dendrocronológica de diferentes áreas geográficas que permiten situar en el espacio y en el tiempo muchísimas maderas.

Los que hayáis visitado el fabuloso National History Museum de Londres habréis contemplado los anillos de esta milenaria sequoia. Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Natural_History_Museum_076_(8047029023).jpg)

Los que hayáis visitado el fabuloso National History Museum de Londres habréis contemplado los anillos de esta milenaria sequoia. Fuente: Wikimedia Commons

Claro que, dicho así parece un juego de niños, pero no es tan sencillo poder realizar un análisis de este tipo. ¡No esperéis lograr calcular la edad de una viruta de madera! Se necesitan como mínimo unos 80 anillos para hacer un cálculo adecuado. Obviamente el propio árbol también tiene mucho que decir. Si ha sufrido cortes o tiene nudos, los patrones de crecimiento resultarán confusos y, si su crecimiento es demasiado estable, todos los anillos serán similares y no podremos obtener información de utilidad. Supongo que a estas alturas os estaréis preguntando si todas las familias de árboles crecen igual. La respuesta es no. Los pinos, abetos o robles muestran anillos anuales adecuados para el estudio dendrocronológico mientras que otros árboles como el chopo tienen un crecimiento errático que los hace inadecuados para este tipo de análisis. Y no menciono estas especies por casualidad, como luego veréis, el roble ha sido muy empleado en el norte de Europa mientras que el chopo (o álamo) era propio de Italia. Otro problema que nos podemos encontrar es que no existan patrones de referencia que coincidan con los anillos que estudiemos. Bien es cierto que las bases de datos son muy completas para la mayoría del norte y el centro de Europa pero no los son tanto para los países mediterráneos o ciertos países del este. Obviamente sin esta información es imposible situar cronológicamente el objeto de estudio.

La dendrocronología en el mundo del arte

La primera cosa que nos tiene que quedar clara es que esta ciencia no sirve para datar la fecha de elaboración de una obra de arte. Lo que data es el momento más temprano en el que la madera que la compone pudo ser cortada. Por ejemplo, si nos dicen que tenemos un temple sobre tabla de Botticelli y determinamos que la madera del soporte es de principios del siglo XIX está claro que no es realmente una obra suya. Ahora bien, la copia podría ser tanto de 1887 como de 2011.

Hoy en día la madera no es un soporte demasiado corriente pero históricamente su uso era muy común. Para que os hagáis una idea, obras como La Gioconda, El jardín de las delicias o El matrimonio Arnolfini están pintadas sobre madera. Como os podéis imaginar el tamaño de las tablas que se obtengan del árbol condiciona el de la obra y, como no siempre hay una secuoya gigante a mano, puede que sea necesario unir varias para lograr las dimensiones necesarias. Estas tablas se obtienen cortando el tronco del árbol de forma radial en lugar de tangencial. Así la contracción de la madera es mucho menor y se obtienen tablas de mayor calidad y durabilidad. Para dejar esto más claro en la Imagen 2 os muestro lo que serían cortes radiales (A, B y C) y tangenciales (D). Resulta que este tipo de corte es extremadamente conveniente para los análisis dendrocronológicos puesto que se maximiza el número de anillos que se observan. Si lo veis desde una perspectiva tridimensional los rectángulos de la imagen serían el canto de las tablas, es decir, el borde del cuadro, que sería la parte empleada para el estudio. La sección que veis en la imagen pertenece a un tejo que, pese a no ser el soporte más popular para pintura sobre tabla, es ideal para hablaros de las partes del tronco. La corona exterior de color claro se conoce como albura y es proclive al ataque de microorganismos e insectos ya que contiene nutrientes. Obviamente esto hace que sea perecedera y por eso se solía eliminar de las tablas de gran calidad. De este modo, la parte más adecuada para elaborar las tablas es el duramen, que sería la parte oscura de la fotografía y la más estable por ser la más “muerta” del árbol.

Hipotéticas tablas obtenidas de un tronco de tejo. Las tablas A, B y C son de corte radial y la tabla D de corte tangencial. Dado que el último anillo presente en cada corte es diferente la edad mínima de elaboración de la obra que se reportará será diferente. (FUENTE: El autor sobre https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/0/0b/Taxus_wood.jpg)

Hipotéticas tablas obtenidas de un tronco de tejo. Las tablas A, B y C son de corte radial y la tabla D de corte tangencial. Dado que el último anillo presente en cada corte es diferente la edad mínima de elaboración de la obra que se reportará será diferente. Fuente: El autor sobre una imagen Wikimedia Commons

Volvamos ahora a usar la Imagen 2 para orientarnos y supongamos que hemos talado ese árbol esta mañana. Si se corta una tabla hasta la corteza (A) el último anillo nos dirá que la edad mínima es 2016. Pongamos que le quitamos los 26 anillos que forman la albura (B). Ahora el último anillo correspondería a 1990. Así que si usamos solo el duramen para realizar una obra alguien podría pensar que se dataría en ese año, pero, ¡ojo! Lo único que podemos asegurar es que el árbol no ha sido cortado antes de esa fecha. De lo contrario no sería difícil falsear el envejecimiento de algún objeto. Como a algún aprendiz de falsificador ya se le habrá ocurrido podríamos usar tablas más cercanas al centro del árbol, eliminando unos cuantos centímetros exteriores y situando la madera en los 60 por arte de magia (C). Pero reitero que lo único que podríamos decir es la edad mínima del soporte. Es decir, afirmaríamos que la obra en cuestión es posterior a 1960. Como veis, esta técnica es especialmente adecuada para detectar falsificaciones a las que se les haya atribuido una fecha de elaboración anterior. Siguiendo con el mismo ejemplo ninguna de las tablas de la imagen serviría para falsificar una obra de los años 30.

Vale, ¿pero podemos ir un poquito más allá? Si tenemos una tabla que no tenga el último anillo de crecimiento (antes hemos dicho que era común quitar la albura), ¿podemos decir cuándo fue cortada? Afortunadamente si, o por lo menos podemos realizar ciertas estimaciones. Resulta que se conoce con bastante exactitud el número de anillos que tiene de media la albura de ciertos árboles, por ejemplo la de los robles del báltico tan usados en el norte de Europa. Así, mediante cálculos estadísticos, se pueden realizar extrapolaciones para saber la fecha aproximada en la que el árbol fue talado. Si a esto se le une el tiempo de secado previo a la elaboración del cuadro, que también se puede estimar en función del tipo de árbol, el resultado es una fecha mínima de elaboración con una horquilla que puede llegar a ser de tan solo cinco años para obras con más de cinco siglos. Ahora bien, quiero volver a destacar que lo que se data es la madera, así que, si alguien tiene una tabla de principios del XVII y quiere falsificar una Velázquez seguro que la dendrocronología no le delatará. Afortunadamente hay muchas otras técnicas científicas que descubrirán el engaño.

Algunos ejemplos en el mundo del arte

Desde que la dendrocronología se estableciese como disciplina científica en los años 30 ha sido de gran ayuda para esclarecer el origen de cuadros, retablos y otras obras artísticas. Son muchas las obras que han sido estudiadas mediante esta disciplina, así que a continuación me limitaré simplemente a presentaros algunos casos de los más llamativos.

El tríptico de Miraflores (Imagen 3) que se conserva en la Gemäldegalerie de Berlín es una obra maestra creada Roger van der Weyden hacia 1440. O eso es al menos lo que creemos a día de hoy gracias a los estudios realizados hace ya unas décadas. Resulta que Juan de Flandes había realizado una genial copia de esta obra (hoy en día repartida entre el Metropolitan de New York y la Capilla Real de Granada) que con el paso de los años fue considerada la pieza genuina. Siglos después, la dendrocronología reveló que la madera de la obra de Alemania había sido cortada hacia 1421 mientras que la de custodia dividida no podía haber sido cortada antes de 1482. Van der Weyden murió en 1464 y Juan de Flandes nació un año después. Por lo tanto solo había que echar cuentas.

Imagen 3. Tríptico de Miraflores (71x43cm cada panel) por Roger van der Weyden (hacia 1440). Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Rogier_van_der_Weyden_-_The_Altar_of_Our_Lady_(Miraflores_Altar)_-_Google_Art_Project.jpg

Imagen 3. Tríptico de Miraflores (71x43cm cada panel) por Roger van der Weyden (hacia 1440).
Fuente: Wikimedia Commons

Imagen 4. Retablo de los Evangelistas de la catedral de Sevilla por Hernando de Esturmio (1555). Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Retablo_de_la_capilla_de_los_Evangelistas._(Catedral_de_Sevilla).jpg

Imagen 4. Retablo de los Evangelistas de la catedral de Sevilla por Hernando de Esturmio (1555).
Fuente: Wikimedia Commos

El retablo de los Evangelistas de la iglesia catedral de Sevilla (Imagen 4) también fue objeto de un exhaustivo análisis dendrocronológico. Esta obra está atribuida a Hernando de Esturmio a quien se contrató para realizar el trabajo en 1553 según los archivos históricos. Tras analizar muestras de tablas diferentes se calculó que la madera del soporte había sido talada en una horquilla de tiempo entre 1549 y 1554 y por lo tanto es factible que Hernando de Esturmio sea el verdadero autor de la obra. De todas formas, lo más interesante en este caso no es la datación sino el origen de la materia prima. Los robles empleados habían crecido nada más y nada menos que en un bosque del suroeste de Suecia. Esto supone un sorprendente descubrimiento ya que es la primera evidencia del uso de madera proveniente de esa zona en Europa occidental.

Dejando a un lado las obras pictóricas, la dendrocronología también puede ser muy útil para fechar la construcción de edificios. En 2009, mientras se llevaban a cabo labores de restauración en la catedral de Aquisgrán, los estudios de los pilares de roble de de los cimientos situaron la construcción del edificio entre 793 y 813. Gracias a ello sabemos que la catedral comenzó a edificarse cuando Carlomagno ya había accedido al trono franco (768) y no durante el reinado de su padre Pipino el Breve como se había creído.

Y vamos a finalizar con un instrumento musical que refleja la importancia que tiene y la polémica que puede suscitar la datación de un objeto. Un violín no es lo que habitualmente catalogaríamos como una pieza de arte pero la cosa cambia si el luthier es Antonio Stradivarius. Las piezas de este célebre artesano son extremadamente apreciadas por los coleccionistas y alcanzan un alto precio en el mercado. Os podéis imaginar que si una datación demuestra que la madera con la que está realizado un Stradivarius es posterior a 1737 (año de la muerte del artista) éste se depreciaría enormemente. Pues bien, existe una gran controversia alrededor de uno de los más admirados violines, el conocido como El Mesías (Imagen 5), actualmente en el museo Ashmolean de Oxford. La pieza está fechada en 1716 y los estudios dendrocronológicos a los que se había sometido situaban la tala de la madera entre 1682 y 1687. Hasta ahí todo en orden, pero en 2009, un grupo de investigadores afirmó haber encontrado pruebas de que la madera no era anterior 1844. Esto desató una enorme polémica dentro del sector y aparecieron nuevos trabajos atacando el inapropiado procedimiento de datación de estos investigadores. Así, el Mesías ha sobrevivido a esta póstuma prueba de paternidad pero su caso nos sirve para recalcar la importancia de una buena práctica cuando se lleva a cabo cualquier tipo de estudio científico.

Imagen 5. El Mesias de Antonio Stradivarius (con fecha de 1716) (Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Messiah_Stradivarius.jpg

Imagen 5. El Mesias de Antonio Stradivarius (con fecha de 1716)
Fuente: Wikimedia Commons

Para saber más:

  • Entrevista a la investigadora experta en dendrocronología Marta Dominguez Delmás.
  • H.D. Grissino-Mayer et al. Adverse implications of misdating in dendrochronology: Addressing the re-dating of the “Messiah” violin, Dendrochronologia 28 (2010) 149-159. doi:10.1016/j.dendro.2009.09.003
  • E. Rodríguez-Trobajo y Marta Dominguez-Delmás, Swedish oak, planks and panels: dendroarchaeological investigations on the 16th century Evangelistas altarpiece at Seville Cathedral (Spain), Journal of Archaeological Science 54 (2015), 148-161 doi:10.1016/j.jas.2014.11.039

Sobre el autor: Oskar González es profesor en la facultad de Ciencia y Tecnología y en la facultad de Bellas Artes de la UPV/EHU.

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