“Doppelgängers” en la naturaleza

Una de esas tardes de otoño en Murcia, cuando solo refresca al ponerse el sol, nuestro profesor de Botánica (camuflada como Diversidad vegetal para que no se viera mucho que Ambientales era una Biología duplicada) nos pidió a los que estábamos junto a la ventana que mirásemos al exterior y le dijésemos cuantos tipos de palmera había, unos dijimos tres, otros dijeron dos: “La respuesta correcta es dos pero ahora mismo me fiaría más de los que han dicho tres.”

En el paseo que separa las facultades de Biología y Química de la Universidad de Murcia hay, efectivamente, plantados dos tipos de palmera, la palmera datilera y el palmito… y un tipo de cicadácea que es la que pensábamos erróneamente que era otro tipo de palmera.

Cycas revoluta, cualquier confusión con una palmera, es comprensible

Cycas revoluta, cualquier confusión con una palmera, es comprensible

Las cicadáceas y las palmeras no pertenecen ni a la misma división filogenética pero son tan parecidas entre sí que es muy fácil confundirlas y más si la palmera es joven. El mecanismo que ha dado lugar a ese parecido tan sorprendente es la evolución convergente. Al ocupar el mismo nicho ecológico en ecosistemas distintos, las hojas adoptaron formas parecidas.

Otro ejemplo de dobles perfectos, aunque estos pertenecen al mismo género, Sturnella, es el del turpial gorgeador y el turpial oriental. Si los buscas por internet tendrás que fiarte de la palabra del fotógrafo para creer que una foto pertenece a una especie o a otra. Además, sus áreas de distribución se solapan. ¿Cómo hacen para no tener híbridos continuamente? Se aparean “de oído”. Sus cantos que, como es común en los paseriformes y otras aves, actúan como reclamo sexual, son distintos.

Turpial oriental (arriba) y gorjeador (abajo) O al revés, quien sabe.

Turpial oriental (arriba) y gorjeador (abajo) O al revés, quien sabe.

Fuera del devenir de la especiación, podemos encontrar especies que se parecen a otras como modo de camuflaje o defensa, lo que se conoce como “mimetismo”. Los casos más llamativos son los insectos palo o los insectos hoja.

Pero parecerse a otra especie, aunque no sea ni de tu filo, es algo para lo que la polilla esfinge, la Hemeroplanes triptolemus, ha sido especialmente dotada en la lotería evolutiva. El estado oruga de esta polilla sudamericana ha evolucionado hasta presentar, en la parte anterior de su cuerpo, unas modificaciones que simulan ser la cabeza de una peligrosa serpiente venenosa cuando las expande. Capaces de engañar hasta a este humano que les está escribiendo y muy útiles para espantar a los insectívoros.

Cualquiera se acerca a esa serpient… no, espera.

Cualquiera se acerca a esa serpient… no, espera.

Este post ha sido realizado por Txema Campillo (@Txemacg) y es una colaboración de Naukas con la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU.

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