Negacionismo: escasos, ruidosos y excéntricos

Ciencia infusa

negacionismo

Ya saben, seguro, que hay quien niega que el HIV cause el SIDA. Y creen que el mundo fue creado por Dios hacia el 4004 A.C. por tanto, la evolución es un fraude y solo el creacionismo, más o menos sofisticado, explica nuestro mundo y su existencia. O afirman que el tabaco no tiene relación con el cáncer de pulmón. O que las vacunas más que eficaces y beneficiosas son un grave peligro para la salud. Y, si por rara decisión aceptan el calentamiento global, desde luego que no tiene nada que ver con las emisiones de CO2 de la industria humana. Esta última afirmación la podemos basar en cifras: en un estudio, publicado en 2011, sobre el cambio climático, de 11944 artículos publicados sobre este asunto entre 1991 y 2011, solo el 0.7% lo rechaza, y del 32.6% que lo acepta explícitamente, el 97.1% asegura que nuestra especie es la causa. Por si fuera poco, todas estas creencias tan peculiares son de presencia habitual en los medios de comunicación.

Negar los hallazgos científicos en una sociedad como la nuestra, basada en la ciencia y en la tecnología, tienen sus consecuencias en la vida de muchas personas. En Sudáfrica, miles, quizá millones de personas, sufren el SIDA porque su gobierno niega que el HIV sea su causa y casi llegaron a prohibir los retrovirales. Era el ajo, según los expertos del gobierno, lo que curaba el SIDA. O, por ejemplo, la educación en biología y medicina está equivocada en muchos centros de enseñanza de Estados Unidos para más del 45% de los estadounidenses qe niegan la evolución y afirman que la especie humana, en su forma actual, fue creada por Dios en los últimos 10000 años, más en concreto hace unos 6000 años.

En España, negar también convence y vende, y por ello la prohibición de transgénicos o vacunas ya aparece en los programas de algunos partidos políticos que, por cierto, suelen decirse progresistas y de izquierdas.

Detrás de muchas de estas creencias hay, a menudo, poderosos intereses religiosos, políticos, sociales y económicos. El tabaco, el cáncer de pulmón y las tabaqueras son un buen ejemplo. Incluso en la actualidad sigue habiendo grupos de presión que niegan el peligro del humo del tabaco para los fumadores pasivos. Entre una gran variedad de causas, el lobby del tabaco atribuye este riesgo al estrés o a tener aves en el hogar como mascotas. Algo parecido ocurre con las industrias petroleras en relación al calentamiento global y a la utilización de combustibles fósiles.

Todas estas creencias negacionistas tienen algo en común: existe un gran consenso científico que las rechaza. Y una minoría de científicos, a menudo solo individualidades, niegan ese consenso general. Son los que disienten los que llegan, y a veces acaparan, a los medios y así consiguen convencer a muchos ciudadanos de la razón de su negación de los hechos científicos. Se mueven más y sus afirmaciones, rotundas y equivocadas, dan buenos titulares y atraen a los profesionales de los medios. Consiguen que parezca que el disenso con la comunidad científica es mayor de lo que es en realidad y, de paso, se convierten, para el público, en las únicas autoridades científicas válidas para esas creencias.

Todo esto supone una conducta extendida en nuestra sociedad tecnológica y científica, y no solo en temas relacionados con la ciencia (solo hay que recordar las polémicas sobre el Holocausto judío en la Segunda Guerra Mundial). Es lo que se denomina negacionismo.

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No parece fácil definir el negacionismo, tal como cuentan Pascal Diethem y Martin McKee, de la OxyGénéve de Ginebra, en Suiza, y de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres. Por ejemplo, el negacionismo es la utilización de argumentos retóricos para aparentar un debate legítimo que, en realidad, no existe. Su objeto esencial es rechazar una proposición que se basa en el consenso científico. En el fondo es una tergiversación y manipulación de la realidad explicada por la ciencia. Aparece cuando esa realidad, por la causa que sea, habitualmente ideológica y de creencias, no gusta. Por tanto, el negacionismo lo que busca es una mentira confortable.

El negacionismo es un proceso complejo y, según Diethem y McKee, tiene en su narrativa uno o varios de los componentes siguientes. En primer lugar, está la conspiración. Para los negacionistas no es que los científicos crean en lo que sostienen sino que se ven obligados a ello por estar comprometidos en alguna conspiración. Así, el flúor no es beneficioso en el agua potable pero se utiliza como parte de una conspiración comunista, que comenzó en 1946, con el objetivo de enfermar a los niños y los jóvenes del mundo libre. Nos reveló esta conspiración el General Jack Ripper, del Ejército de Estados Unidos (y dejo a su criterio averiguar cuándo y en qué circunstancias hizo estas declaraciones el General Ripper).

Aquí se incluyen, claro está, las conspiraciones del complejo militar-industrial. Entre ellas están las farmacéuticas y las vacunas o la causa del SIDA, las tabaqueras y el cáncer o las petroleras y el cambio climático, entre otras varias.

Podría ser que la creencia en las conspiraciones esté en la base de las opiniones de los negacionistas. Stephan Lewandowsky, de la Universidad de Australia Occidental, estudió los blogs anti cambio climático y las ideas que publicaban, las interrelacionó y llegó a la conclusión de quien se opone a la existencia del cambio climático apoya, en economía, el libre mercado, y rechaza otros hallazgos científicos como la relación entre el HIV y el SIDA o que fumar causa cáncer. Y acepta una serie de conspiraciones muy populares como que el FBI asesinó a Martin Luther King o que la NASA nunca llegó a la Luna.

En conclusión, para Lewandowsky, el pensamiento conspiranoico está en la base del rechazo a la ciencia y, por tanto, del negacionismo. En cambio, los que aceptan la ciencia la asocian con la existencia y aceptación del consenso entre científicos.

Además, entre los negacionistas proliferan los falsos expertos, con opiniones inconsistentes y muy diferentes de las aceptadas por el consenso científico general. Estos “expertos” fueron muy utilizados por las empresas tabaqueras desde la década de los setenta o por las petroleras desde los noventa. Incluso, y nos sirve como ejemplo de estos “expertos”, el Presidente George W. Bush nombró a un político muy conocido por sus profundas convicciones religiosas como asesor de la Federal and Drug Administration, la temida FDA, encargada de la supervisión de los fármacos. Este asesor, a una pregunta sobre el tratamiento del síndrome premenstrual, recomendó la oración y la lectura de la Biblia.

COSECHANDO CEREZAS (1)

Otra característica del negacionismo es la escrupulosa selección de evidencias, siempre escasas, a favor de sus tesis y su utilización masiva y continua. Nos sirve de ejemplo el artículo publicado en The Lancet, en 1998, y firmado por Andrew Wakefield, que describía anomalías en el intestino de 12 niños autistas y sugería una relación con la inmunización contra el sarampión, las paperas y la rubeola. Esta sugerencia ha sido utilizada exhaustivamente por los detractores de las vacunas, incluso después de que se descubriera que todo el artículo era un fraude y que a Wakefield se le prohibiera ejercer la medicina. No hay relación demostrada entre el autismo y las vacunas. Cuando escribo este texto, en Google Académico señalan 2108 citas del artículo de Wakefield, 60 en lo que llevamos de 2015, o sea, que sigue siendo un trabajo muy popular.

También es habitual entre los negacionistas requerir a la ciencia resultados imposibles. Sirva la exigencia de los detractores del calentamiento global de incluir, en los modelos de proyección para el futuro, datos con temperaturas ajustadas de épocas anteriores a la invención del termómetro. O, incluso, negar la propia utilización de modelos matemáticos debido a su incertidumbre intrínseca.

La utilización de falacias, interpretaciones erróneas y razonamientos espurios también es habitual entre los negacionistas. De esta manera, si Hitler promovió campañas anti-tabaco en beneficio de la salud de la raza aria, todos aquellos que relacionan tabaco y cáncer, en el fondo, son unos nazis o, como les denominan, nico-nazis. O, llevado al extremo, cuando la EPA determinó en 1993 que el humo del tabaco era la causa del cáncer de pulmón, hay quien dijo que “es un riesgo para los valores democráticos y para la política pública democrática”. En fin, ya ven que el negacionista se mueve por intereses económicos de empresas implicadas. O por creencias firmes y profundas que motivan el rechazo a todo lo que no es compatible con ellas. Siempre a la búsqueda de la mentira confortable. Y, a menudo, con un cierto fondo de excentricidad y de búsqueda de la fama que se consigue siendo el raro, pero popular y rentable, en los medios de comunicación. Siempre es una minoría pero, por su pasión y, por qué no decirlo, su verborrea sin fin, tiene éxito en los medios y, a través de ellos, con el público. En el fondo, es una minoría rara y excéntrica. No hay que olvidarlo.

En fin, ya ven que el negacionista se mueve por intereses económicos de empresas implicadas. O por creencias firmes y profundas que motivan el rechazo a todo lo que no es compatible con ellas. Siempre a la búsqueda de la mentira confortable. Y, a menudo, con un cierto fondo de excentricidad y de búsqueda de la fama que se consigue siendo el raro, pero popular y rentable, en los medios de comunicación. Siempre es una minoría pero, por su pasión y, por qué no decirlo, su verborrea sin fin, tiene éxito en los medios y, a través de ellos, con el público. En el fondo, es una minoría rara y excéntrica. No hay que olvidarlo.

Referencias:

Cook, J. et al. 2013. Quantifying the consensus on anthropogenic global warming in the scientific literature. Environmental Research Letters DOI: 10.1088/1748-9326/8/2/024024.

Diethem, P. & M. McKee. 2009. Denialism: what is it how should scientists respond? European Journal of Public Health 19: 2-4.

Lewandowsky, S., G.E. Gignac & K. Oberauer. 2013. The role of conspiracionist ideation and worldviews in predicting rejection of science. PLOS ONE 8: e75637.

Lewandowsky, S., K. Oberauer & G.E. Gignac. 2013. NASA faked the Moon landing – Therefore, (Climate) science is a hoax: An anatomy of the motivatred rejection of science. Psychological Science 24: 622-633.

Sobre el autor: Eduardo Angulo es doctor en biología, profesor de biología celular de la UPV/EHU retirado y divulgador científico. Ha publicado varios libros y es autor de La biología estupenda.

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