Una foto de familia por fin completa

Naukas

Foto de familia del Sistema Solar
Foto de familia del Sistema Solar

No sabemos quién descubrió Mercurio, Venus, Marte, Júpiter o Saturno porque son astros que se ven a simple vista y que brillan más que cualquiera de las estrellas, así que desde que a un antepasado nuestro le diera por mirar el cielo con un poco de atención sabemos que están ahí.

Sí sabemos desde hace tiempo que presentan un comportamiento peculiar, ya que a diferencia del resto de las estrellas y del Sol, no se movían –más bien no parecían moverse– en círculo alrededor de la Tierra.

De ahí su nombre, que viene de la palabra griega planētēs, que quiere decir vagabundo, errante: eran estrellas que parecían dar tumbos por el cielo.

No sería hasta que Nicolás Copérnico en el siglo XVI planteara su teoría heliocéntrica, que ahora sabemos equivocada, según la cual tanto la Tierra como el resto de los planetas giraban alrededor del Sol, cuando comenzamos a pensar que los planetas podían ser en realidad algo más parecido a la Tierra que a las estrellas, ya que según la teoría de Copérnico compartían este movimiento alrededor del Sol.

Galileo y su telescopio vinieron a dejar esto claro, ya que en 1610 pudo observar que Venus tenía fases, igual que la Luna, y a diferencia de las estrellas.

Fue precisamente un telescopio el que permitió a William Herschel descubrir Urano el 13 de marzo de 1781, y aunque al principio creyó que se trataba de un cometa o una estrella para 1783 ya estaba claro que se trataba de otro planeta.

Lo curioso es que Urano se puede ver a simple vista en una noche bien oscura, y de hecho hay varias observaciones anteriores a la de Herschel que lo confunden con una estrella.

Y de hecho Herschel lo encontró por casualidad, ya que no iba buscándolo.

Sin embargo en 1821 el astrónomo Alexis Bouvard publicó unas tablas con la órbita calculada de Urano según las leyes de Kepler, pero al comparar estas tablas con la órbita real observó que había importantes discrepancias, que él atribuyó a la existencia de otro planeta más allá cuya gravedad provocaba estas perturbaciones.

La hipótesis de Bouvard sirvió a John Couch Adams y a Urbain Le Verrier, trabajando por separado, para calcular la órbita de este supuesto octavo planeta, cálculos con los que comenzó la búsqueda de este planeta, también mediante observaciones con telescopio, pero en este caso dirigidas a la parte del cielo en la que los cálculos decían que tenía que estar.

Los cálculos demostraron ser correctos, ya que Neptuno fue descubierto el 23 de septiembre de 1846, apenas comenzada la búsqueda, aunque en realidad ya había sido observado algunas semanas antes sin que nadie se diera cuenta. De hecho Galileo lo había visto en diciembre de 1612 y enero de 1613, aunque en lo confundió con una estrella.

A su vez, observaciones de la órbita de Neptuno a finales del siglo XIX llevaron a la especulación de que tenía que haber otro planeta más allá que causara algunas anomalías detectadas en ella.

Descubrimiento de Plutón
Descubrimiento de Plutón

Así que de nuevo comenzó la búsqueda de este otro planeta, búsqueda que terminó cuando el 18 de febrero de 1930 cuando el astrónomo estadounidense Clyde W. Tombaugh encontró al planeta que luego sería bautizado como Plutón en fotografías tomadas desde desde el Observatorio Lowell, aunque de nuevo luego se supo que fotografías anteriores, algunas de 1909, lo habían captado sin que nadie se hubiera dado cuenta.

Pero con el tiempo, según fuimos averiguando cosas de Plutón, descubrimos que su masa es demasiado pequeña como para causar perturbación alguna en la órbita de Neptuno y que las anomalías detectadas en la órbita de este no eran sino errores en las observaciones. Descubrir Plutón fue una afortunada casualidad; no en vano Tombaugh tardó casi un año en encontrarlo.

Al final el pobre Plutón no solo resultó ser demasiado pequeño para causar aquellas perturbaciones, sino que incluso resultó ser demasiado pequeño como para seguir siendo considerado un planeta y la Unión Astronómica Internacional lo relegó a la categoría de planeta enano en agosto de 2006, redefiniendo de paso qué es un planeta, en una decisión aún discutida hoy en día.

Recreación artística de la aproximación de New Horizons a Plutón
Recreación artística de la aproximación de New Horizons a Plutón

Para entonces la sonda New Horizons de la NASA llevaba ya siete meses camino de Plutón, a donde efectivamente llegó el 14 de julio de 2015.

Pero tanto da que sea un planeta o no.

Nuestra curiosidad y nuestra capacidad de observación nos han llevado de una concepción del universo en la que todo parecía girar en torno a la Tierra a saber a ciencia cierta que no ocupamos ningún tipo de lugar privilegiado en el cosmos y a conocer cada vez más detalles del cosmos en el que vivimos y de nuestro barrio particular que es el Sistema Solar.

Y gracias a esto, hace ya algunos días hemos llegado a un nuevo mundo, algo que no pasa todos los años.

Este post ha sido realizado por Javier Pedreira (@Wicho) y es una colaboración de Naukas con la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU.

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