El personaje

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Galileo (retrato de Giusto Sustermans, 1636)
Galileo (retrato de Giusto Sustermans, 1636)

Galileo Galilei (Pisa, 1564 – Arcetri, 1642) está considerado con todo derecho como uno de los primeros grandes científicos modernos. Forma parte de un conjunto de personajes –Copérnico, Harvey, Kepler, Descartes, Huygens, Boyle y Newton los más relevantes- cuyas ideas y descubrimientos fueron el germen de la ciencia moderna e, incluso, de los mismos fundamentos de la civilización occidental. Pero Galileo, además de por sus descubrimientos e ideas, también es importante porque al ser sus contribuciones al conocimiento tan radicales, no solo tuvo que discutir con sus oponentes acerca de los hechos en sí y su interpretación, sino acerca de las normas adecuadas para establecer esos hechos y para interpretarlos.

En esta anotación y en las que siguen haremos un repaso del personaje, de sus contribuciones al conocimiento, del conflicto que tuvo con la Iglesia y del método –socrático, en buena medida- que utilizó para contrastar sus propuestas.

Además de por sus descubrimientos y por su visión, su carácter, intereses y ambiciones hacían de Galileo un personaje único. Era hijo de una familia acomodada; su padre se ganaba la vida como músico profesional y quiso que su hijo estudiase Medicina para que no se dedicara, como él, a la música. Empezó, de hecho, a estudiar Medicina. Era muy polemista y acostumbraba a cuestionar la sabiduría de la época de tradición aristotélica. Se hizo famoso entre los estudiantes por su afición a discutir, llegando a recibir el apodo de “el pendenciero”. El carácter polemista no le abandonó a lo largo de su vida, lo que fue fuente de problemas y le procuró una buena nómina de enemigos. Además, en parte por razones económicas y en parte, seguramente, por orgullo, durante parte de su carrera puso mucho interés en que se reconocieran sus logros, a poder ser mediante nombramientos que le proporcionasen una situación económica desahogada y un estatus social elevado.

Su carácter polemista y su reticencia –incluso hasta bordear la desobediencia- a aceptar cumplir las órdenes dadas por la Iglesia en relación con la forma en que debía presentar sus puntos de vista sobre las teorías geostatática y geocinética, fue lo que finalmente le llevó a ser condenado a reclusión y a la prohibición de una de sus obras más importantes.

Galileo no se tomó sus estudios muy en serio. Mientras estudiaba Medicina, a principios de 1583, asistió casi de manera casual a una clase de matemáticas de Ostilio Ricci, el matemático de la Corte del Gran Duque de Toscana, y se quedó fascinado con lo que allí escuchó. A partir de aquel momento dejó de lado los estudios de Medicina y se dedicó a estudiar matemáticas. Las matemáticas tuvieron una importancia crucial en su vida y obra. Su enseñanza llegó a ser su modo de vida y fueron la vía por la que se introdujo en la Filosofía Natural. Gran parte de sus logros y de la novedad que supuso su trabajo intelectual radicó en el hecho de que expresase algunos de sus resultados más importantes en lenguaje matemático. Tenía a las matemáticas en tan alta estima que para él eran el lenguaje de la naturaleza: “La Filosofía está escrita en este gran libro, el universo, que se encuentra permanente abierto a nuestra mirada…. Está escrito en el lenguaje de las matemáticas y sus caracteres son triángulos, círculos y otras figuras geométricas sin las cuales es imposible entender ni una sola palabra.” (Il Saggiatore, 1623).

En 1585 se fue de Pisa sin ningún título y volvió a Florencia a ganarse la vida como profesor particular de Matemáticas y Filosofía Natural. En 1589 fue nombrado profesor de Matemáticas en la Universidad de Pisa y, después, de 1592 a 1610, de la Universidad de Padua. Durante esos años se ocupó sobre todo de la naturaleza del movimiento, en general, y de la caída de los cuerpos en particular. En 1604, con 40 años de edad, ya era una autoridad reconocida en Filosofía Natural y en Matemáticas.

Bibliografía consultada

John Gribbin (2003): Historia de la ciencia 1543-2001 Crítica (Science. A History, 1543-2001, 2002, Allen Lane)

Stephen F. Mason (1985): Historia de las ciencias 2. La revolución científica de los siglos XVI y XVII Alianza Editorial (A History of Sciences, 1962, Hungry Minds Inc)

Javier Ordóñez, Víctor Navarro y José Manuel Sánchez Ron (2003): Historia de la Ciencia Espasa Calpe (el capítulo Edad Moderna es de Víctor Navarro)


Sobre el autor: Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) es catedrático de Fisiología en la UPV/EHU y coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de esta universidad.

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