Los museos como herramienta de comunicación

Frontera

«Cuando hablamos de divulgación científica los grandes olvidados son siempre los museos y las exposiciones, tanto permanentes como temporales. Una buena exposición, bien comisariada y documentada, puede ser una puerta maravillosa por la que acercarse a la ciencia». (Cosmonautas, el espacio a escala humana)

El desarrollo de internet pilló a los museos, como a casi todos, completamente desprevenidos. ¿Qué hacer con esa herramienta? Había muchísimas dudas sobre la utilización del mundo digital: ¿convenía mostrar todos los fondos en la red? Eso, ¿sería bueno porque daría visibilidad y acceso a todo el material? ¿O sería malo porque si la gente podía verlo en su pantalla dejaría de acudir a los museos? ¿El acceso digital a todo el conocimiento fortalecería el papel de los museos o los haría desaparecer?

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Museo delle Scienze, Trento (Italia)

Con más o menos dudas, con más o menos rapidez, con más o menos acierto, la mayoría de los museos, tras unos tímidos inicios, se han adaptado al entorno digital con mucho acierto. Las páginas web de los museos de todo el mundo dan acceso a tanta información que es literalmente abrumador acceder a ellas. Exposiciones, archivos, muestras, el día a día de un museo, el montaje de las colecciones, las investigaciones, los fondos que permanecen en los almacenes, aparte de todo tipo de información práctica, están accesibles a un golpe de clic.

El museo que quieras, la exposición que no quieras perderte, está a golpe de clic. ¿Para qué ir entonces a un museo? ¿Para qué llevar a nuestros hijos?

Science Museum, Londres
Science Museum, Londres (Reino Unido)

Hay que ir a los museos y hay que llevar a nuestros hijos, porque acceder a todo el contenido online de cualquier museo es una experiencia que no tiene nada que ver con una visita a una exposición.

Vuelvo aquí a la teoría de la comunicación que ya expuse en un post del pasado mes de diciembre. Nadie duda del valor que como ruta directa de conocimiento tienen los museos y sus exposiciones. Cuando accedemos a una web, lo hacemos de manera consciente, buscando un determinado contenido e información. Sabemos qué queremos, se supone que sabemos buscarlo y cuando lo encontramos lo interpretamos y, o bien lo incorporamos a nuestro conocimiento o lo olvidamos. Por decirlo de alguna manera: en una visita online a una web encontramos lo que buscamos.

Por otro lado, la experiencia de visitar la web de un museo no se diferencia a nivel sensorial de la experiencia de visitar la web de una tienda, el catálogo online de una biblioteca o un álbum de fotos.

Cuando visitamos físicamente un museo normalmente también vamos buscando algo; en la mayoría de los casos sabemos qué se guarda en ese museo y por eso elegimos visitarlo… pero el parecido con la experiencia digital acaba ahí. El conocimiento que se expone en un museo multiplica sus posibilidades de alcanzarnos ya que puede hacerlo, además de por la ruta directa de conocimiento, por un millón de rutas periféricas que nos llamen la atención.

MUNCYT- A Coruña (España)
MUNCYT- A Coruña (España)

Entrar en un espacio físico, en la sala de un museo, comenzar el recorrido de una exposición temporal, nos sumerge en el contenido. Sabemos lo que hemos ido a ver, pero no lo que vamos a encontrar. La posición, las luces, el recorrido, el tamaño de lo que se nos muestra, los colores, las texturas, los sonidos o los silencios de la salas rodean y marcan toda nuestra experiencia en el museo. Incluso el cansancio que acumulamos al final de nuestra visita condiciona lo que hemos sentido, aprendido y recordaremos de ese museo.

No es lo mismo ver una película en el ordenador de tu casa que ir al cine. Y por la misma razón debemos visitar los museos de manera habitual, acudir a las exposiciones temporales y llevar a nuestros hijos.

Museo Geominero, Madrid (España)
Museo Geominero, Madrid (España)

Todos estaremos de acuerdo en que no es ni de lejos la misma experiencia ver El Guernica en una pantalla que entrar en la sala del Museo Reina Sofia y hacer algo más que verlo. En ese espacio físico lo sentiremos, lo abarcaremos en su tamaño real e, incluso, el recorrido que hayamos hecho hasta llegar a la sala y la disposición de la sala dejarán una huella en nuestro recuerdo. Lo mismo ocurre con casi cualquier objeto de una colección museística. No se trata solo de descubrir los objetos en una realidad en tres dimensiones: la visita al museo es un recorrido en el que cualquier objeto expuesto puede captar nuestra atención.

"Johanna Martens" por Paulus Moreelse (1625. Óleo sobre lienzo, 122,7 x 96,5 cm.). Museo del Prado, Madrid
«Johanna Martens» por Paulus Moreelse (1625. Óleo sobre lienzo, 122,7 x 96,5 cm.). Museo del Prado, Madrid

Puede que hayamos ido a ver Las Meninas y, sin embargo, un breve vistazo a un cuadro de un flamenco holandés nos llame la atención y nos haga interesarnos por esa época. O puede que hayamos ido a ver una exposición sobre dinosaurios y lo que nos llame la atención sin esperárnoslo sea una piedra volcánica, un microscopio o un trozo de meteorito.

No lo sabemos y ese es el misterio y el encanto de un museo. Debemos visitar los museos, pasear por sus salas, llevar a nuestros hijos a las exposiciones temporales. Acudiremos por un interés, creyendo que sabemos qué vamos a ver, pero lo que nos espera allí para llamar nuestra atención, excitar nuestra curiosidad y mostrarnos un camino que ni siquiera sabíamos que existía es siempre una sorpresa.

Los contenidos museográficos y las exposiciones temporales están muy pensadas y parten siempre de una idea que se quiere transmitir: ¿Quién fue Julio Verne? ¿Cómo fue la carrera espacial soviética? ¿Qué papel tuvo Ingres en la historia del arte? ¿Cómo es la colección de calcos prehistóricos del Museo de Ciencias Naturales? Pero, a la vez, exponen a nuestra vista una multitud de puertas en forma de interrogantes que los objetos mostrados pueden abrir para nosotros y nuestro deseo (o el de nuestros hijos) de aprender.

Planear una visita a un museo a través de su web, visitarlo después físicamente y al volver a casa brujulear para responder a las preguntas que nos hayan surgido es una manera maravillosa y muy completa de utilizar los museos. ¡Aprovechémosla!

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Sobre la autora: Ana Ribera (Molinos) es historiadora y cuenta con más de 15 años de experiencia en el mundo de la televisión. Autora de los blogs: Cosas que (me) pasan y Pisando Charcos.

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