Por qué los estudiantes de más éxito no tienen pasión por el colegio

Jihyun Lee

Para tener éxito, mucha gente cree, uno tiene que tener pasión. La pasión convierte los retos en algo a disfrutar. Proporciona el aguante necesario para destacar. Sin embargo, hay contraejemplos elocuentes en los que la pasión no parece ser un ingrediente necesario para el éxito. Uno de estos casos es el éxito académico. Podrías pensar que los estudiantes de éxito deberían ser apasionados del colegio, y que está pasión por el colegio sería la responsable, al menos parcialmente, de por qué algunos estudiantes tienen éxito y otros no. Pero esto no es cierto. Mi investigación ha encontrado que, de hecho, no existe ninguna relación entre lo bien que les va académicamente a los estudiantes y qué actitud tienen respecto al colegio. Un estudiante no necesita ser un apasionado del colegio para tener éxito académicamente.

Los hallazgos de mi investigación provienen del análisis de una gran base de datos internacional llamada Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés). La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) hace pública esta base de datos cada tres años. Es un tesoro oculto que proporciona a investigadores como yo una visión sin par de lo que estudiantes de todo el mundo piensan de su educación. En la evaluación PISA más reciente, de 2015, participaron 72 países y economías. Se administran exámenes de lectura, matemáticas y ciencia junto a un cuestionario acerca de actitudes, creencias, hábitos de aprendizaje y demás, a muestras representativas a nivel nacional de quinceañeros de todo el mundo. En encuestas anteriores se usaron cuatro opciones sencillas para medir la actitud de los estudiantes hacia el colegio:

(a) el colegio ha hecho poco para prepararme para la vida adulta cuando deje el colegio

(b) el colegio ha sido una pérdida de tiempo

(c) el colegio me ayudó a darme confianza para tomar decisiones

(d) el colegio me ha enseñado cosas que podrían ser útiles en un trabajo

Resultó que la correlaciones simples y directas entre los logros académicos de los estudiantes y sus actitudes hacia el colegio eran cercanas a cero. Esto estaba lejos de ser una anomalía. El resultado cercano a cero se replicaba en los PISA de 2003, 2009 y 2012. No había diferencias en lo que respecta a la extracción socioeconómica de los estudiantes. El género no afectaba al resultado, y se mantiene para países desarrollados y en vías de desarrollo. Solo alrededor del 2 % de los resultados en el examen PISA de matemáticas se explicaba por las actitudes de los estudiantes hacia el colegio en 62 países. Esto significa que en la mayoría de los países, los estudiantes buenos académicamente no valoran demasiado su escolarización. De forma similar, los estudiantes menos buenos no tienen necesariamente mala opinión de su escolarización. Simplemente no hay conexión. Esto plantea la fascinante cuestión de la motivación. Si no existe una relación real entre logros académicos y actitud, entonces ¿qué motiva a los estudiantes brillantes a obtener el éxito académico? Está claro que no es por una abrumadora pasión por el colegio.

La respuesta es que viene de dentro. Otra investigación basada en PISA sugiere que lo que separa a los estudiantes buenos de los menos buenos son sus creencias propias respecto a sus fortalezas y debilidades. Las variables psicológicas individuales como la autoeficacia, la ansiedad o el placer de aprender en sí mismo explican entre el 15 y el 25 por ciento de la variación en los resultados académicos de los estudiantes. Colectivamente, la investigación muestra que las creencias propias de los estudiantes en sus propias capacidades para resolver problemas es mucho más importante que su propia percepción del colegio.

Esto es un problema. La actitud de los estudiantes hacia el colegio debería contar por una serie de razones. Si los estudiantes encuentran difícil ver los beneficios directos de su escolarización, si piensan que su colegio no ha conseguido colmar sus expectativas, y si consideran que sus capacidades académicas se aprenden fuera del colegio, es posible que esto afecte a su visión de las instituciones formales más adelante. Y, en efecto, mucha gente tiene una visión pesimista del papel que juegan las instituciones formales; una visión que muy bien podría haber surgido de las experiencias escolares durante sus años formativos. Las instituciones formales determinan las vidas de los ciudadanos. Necesitan ser mantenidas, mejoradas y fortalecidas; no descartadas inmediatamente. Por eso a los estudiantes se les debería enseñar a implicarse ellos mismos en las instituciones formales, más que a denigrarlas o dejar de participar en ellas.

¿Qué puede hacerse? Los adultos responsables de tomar decisiones acerca de la escolarización deberían tener conocimiento de las influencias a largo plazo que la experiencia escolar puede ejercer sobre las actitudes y creencias de los estudiantes. Un mayor énfasis debe darse también a la inclusión de actividades prácticas en grupo que emulen lo que pueden hacer en la vida una vez terminen el colegio. El que los estudiantes sean capaces de ver la conexión entre su presente y su futuro puede tener consecuencias críticas para la sociedad.

Referencias:

Jihyun Lee (2016) Attitude toward school does not predict academic achievement Learning and Individual Differences doi: 10.1016/j.lindif.2016.09.009

Jihyun Lee (2014) Universal factors of student achievement in high-performing Eastern and Western countriesJournal of Educational Psychology, Vol 106(2), 364-374.

Jihyun Lee (2009) Universals and specifics of math self-concept, math self-efficacy, and math anxiety across 41 PISA 2003 participating countries Learning and Individual Differences doi:10.1016/j.lindif.2008.10.009

Sobre la autora: Jihyun Lee es profesora titular en la Facultad de Educación de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia)

Texto traducido y adaptado por César Tomé López a partir del original publicado por Aeon el 6 de marzo de 2007 bajo una licencia Creative Commons (CC BY-ND 4.0)

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