Antonia Maury, la astrónoma rebelde

Fronteras De las estrellas Artículo 8 de 10

Antonia Maury. Fuente: Wikimedia Commons.

Cuando Pickering las contrató como calculadoras, todo lo que buscaba era ahorrarse unos cuantos dólares. Pero la cosa no salió como esperaba. Resulta que aquellas mujeres, con “destreza para realizar trabajos repetitivos, no creativos” según él creía, terminaron teniendo iniciativa propia. A Henrietta Leavitt le dio por encontrar una regla con la que medir distancias astronómicas. Williamina Fleming se puso descubrir cosas, nebulosas, estrellas variables, la primera enana blanca. Annie Jump Cannon inventó un nuevo sistema de clasificación estelar. Pero entre todas ellas, la palma se la llevó Antonia Maury. Ella fue quien terminó por sacarle de sus casillas1.

La tarea que se le había encomendado era sencilla. Maury solo debía clasificar las estrellas según el sistema desarrollado por Annie Jump Cannon. Pero a ella le dio por pensar. Era una de las “calculadoras” con más formación previa en astronomía del observatorio, había estudiado en el Vassar College y se había graduado bajo la tutela de la astrónoma Maria Mitchell. Estaba acostumbrada a estudiar y reflexionar por su cuenta y le pareció que el esquema propuesto para el catálogo era demasiado simple para recoger toda la complejidad que ella había visto en las líneas espectrales de las estrellas. Por eso empezó a sub-clasificarlas, atendiendo a la anchura y la nitidez de las líneas. Pero lo hizo sin consultarlo primero con el profesor Pickering, y este, en lugar de incentivarla o valorar su esfuerzo, se mostró irritado por su desobediencia.

Maury, por lo demás, no debía de tener un carácter demasiado dócil. Así que sus constantes roces con el profesor forzaron la salida de la astrónoma del Observatorio de Harvard en 1891. Cuando, tiempo después, Pickering le pidió que regresara para completar sus observaciones (o para delegarlas en una nueva calculadora), ella le contestó que no deseaba volver si sus aportaciones no eran plenamente reconocidas2:

No creo que sea justo que tenga que dejar mi trabajo en otras manos hasta que pueda ser reconocido como un trabajo hecho por mí. Desarrollé mi teoría a costa de mucho esfuerzo y mediante muchas comparaciones, y creo que debería obtener todo el crédito por mi teoría de las relaciones de los espectros estelares y también por mis teorías con respecto a Beta Lyrae.

Pickering le contestó de forma seca, afirmando que “es la práctica habitual de este Observatorio dar reconocimiento a los autores de ciertas secciones en sus publicaciones”. Pero Maury quería más. Cuando regresó a Harvard en 1893 y nuevamente en 1895 para completar sus observaciones, utilizó su propio sistema de clasificación. Además, su catálogo, publicado en 1987, fue el primero claramente acreditado a una mujer. En el subtítulo de «Espectros de estrellas brillantes fotografiados con el telescopio Draper de 11 pulgadas” al fin figuraba su propio nombre: “Discutido por Antonia C. Maury bajo la dirección de Edward C. Pickering”.

¿Pero en qué consistía aquella clasificación que tanto enfrentó a la astrónoma con el profesor? Si bien el sistema de Cannon, con sus siete letras (O B A F G K M) resultaba adecuado para catalogar las estrellas en función de su color (y, por tanto, de su temperatura), Maury se dio cuenta de que el tamaño de las estrellas (su magnitud absoluta) también dejaba una huella distinguible sobre el espectro. Añadió así una segunda dimensión al sistema de clasificación de Oxford que resultaría clave, más tarde, para identificar el ciclo de vida de diferentes estrellas en función de su tamaño.

Sus ideas tuvieron el reconocimiento que merecían solo unas décadas más tarde. En 1911, Ejnar Hertzsprung y por Henry Norris Russell publicaron el diagrama que hoy lleva sus nombres y que se había basado, en parte, en las observaciones de Maury. En 1922, la Unión Astronómica Internacional modificó su sistema de clasificación para adoptar un método mucho más afín, en su planteamiento, al ideado por la astrónoma. Para entonces, y tras la muerte de Pickering, Maury había regresado al Observatorio de Harvard a trabajar como ayudante. Permaneció allí, bajo la dirección del nuevo director, el profesor Shapley, hasta que se jubiló por completo en 1948. En su retiro, Antonia se convirtió en una ornitóloga apasionada y una conservacionista que luchó para salvar los bosques de secuoyas de su país. Murió el 8 de enero de 1952.

Diagrama Hertzsprung–Russell. Fuente Wikimedia Commons.

Referencias:

1Masegosa, J. (11 de marzo de 2013). El harén de Pickering: Antonia C. Maury. El diario secreto de Henrietta S. Leavitt. Consultado el 7 de marzo de 2022.

2Carta del 7 de mayo de 1892. Citada por Hoffleit, D. (1991). The Evolution Of The Henry Draper Memorial. Vistas in Astronomy Volume, 34(Part 1), 107-162.

Para saber más:

Razkin, Uxue (2019) Antonia Maury (1866-1952): la mujer que conocía las estrellas. Mujeres con Ciencia

Sobre la autora: Almudena M. Castro es pianista, licenciada en bellas artes, graduada en física y divulgadora científica

1 comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos obligatorios están marcados con *