Política de lobos

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Lobo ibérico (Canis lupus sygnatus) en Granada (España). Foto: Arturo de Frias Marques / Wikimedia Commons

Desde el mes de septiembre del año pasado el lobo ya no es especie cinegética en el territorio español. Así lo estableció una orden dictada por el Ministerio de Transición Ecológica. Ya no se pueden cazar lobos. A esa decisión se han opuesto, además de las asociaciones de ganaderos, las comunidades de Galicia, Asturias, Cantabria, y Castilla y León, en las que se encuentra el 95 % de los grandes carnívoros. Se calcula que en España hay entre 2000 y 2500 lobos distribuidos en cerca de 300 manadas.

La colisión de intereses en este asunto es clara. Están, por una parte, los movimientos conservacionistas y ecologistas, que presionan para que se implanten políticas de recuperación de espacios naturales y de las especies que en el pasado los ocupaban o cuyos efectivos se han visto muy mermados por efecto de la caza y otras actividades humanas. Y por la otra, están los ganaderos que se oponen a esas medidas y que denuncian que sus animales sufren el ataque de los lobos, por lo que la protección de estos se hace a costa de la viabilidad de sus propias haciendas. En general, los partidos ecologistas y de izquierda se oponen a la caza de lobos, mientras que los de derecha y, sobre todo, de extrema derecha, son contrarios a la protección a ultranza. Aunque hay excepciones notables.

En Estados Unidos se produjo una controversia similar cuando se decidió reintroducir el lobo en el parque de Yellowstone. Los cazadores de caribús se opusieron porque veían a los lobos como competidores, y los rancheros, por las mismas razones que los ganaderos del noroeste de la Península Ibérica. También allí las posturas están relacionadas con la ideología; son los votantes republicanos los que se muestran más en contra de las políticas conservacionistas, mientras que los demócratas son más favorables.

Con la recuperación del lobo en el centro de Europa durante los últimos años también ha empezado a haber ataques al ganado. En Alemania apenas se producían antes de 2010, pero durante la segunda década del siglo XXI, cada vez se han registrado más, hasta superar el millar en 2020, con más de 3500 cabezas muertas. Ese es el motivo por el que han investigado la relación entre los ataques de los lobos y el comportamiento electoral, y lo han hecho segmentando el espacio hasta el nivel municipal y estudiando cómo han influido en los resultados de Los Verdes (Die Grünen), el partido que más énfasis pone en las políticas conservacionistas, y de la extrema derecha, la Alternative für Deutschland (AfD), el partido que con más fuerza se opone a esas medidas.

En el estudio analizaron los resultados de las elecciones federales, territoriales y municipales desde 1990 hasta 2021. Y observaron que existe un efecto significativo de los ataques sobre el voto a la AfD, muy marcado en las elecciones a los länder y menor en las federales y municipales. Por otro lado, los ataques tuvieron un efecto negativo sobre los resultados de los Grüne, también en las elecciones territoriales, aunque no tan marcado como el beneficio que reportó a la “Alternativa”.

Los especialistas barajan dos hipótesis para explicar la vinculación entre los ataques de los lobos y el auge de la extrema derecha. Una es la amenaza económica que conllevan los ataques y que la AfD esgrime como argumento electoral. Otros interpretan la oposición a los lobos como una manifestación de resentimiento a las élites urbanas por parte de aquellos que se identifican con las formas tradicionales de vida y de explotación de recursos. Intereses, pero también valores, pesan en la balanza.

Fuente: von Hohenberg, B. C., Hager, A. (2022): Wolf attacks predict far-right voting. PNAS 119 (30) e2202224119 doi: 10.1073/pnas.2202224119


Sobre el autor: Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) es catedrático de Fisiología y coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU

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