Consumo conspicuo

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Foto: Nischal Masand / Unsplash

Cuanto mayores son los ingresos de una persona, mayor es la proporción de sus gastos que destina a adquirir bienes de lujo. Dicho así, esto parece una trivialidad; al fin y al cabo, quienes tienen cubiertas sus necesidades básicas disponen de recursos para obtener otros bienes o disfrutar de servicios no tan necesarios o del todo innecesarios, de hecho. Pero lo cierto es que no es tan trivial. Además, el uso que hacemos de los recursos no solo está condicionado por nuestro nivel de ingresos. Resulta que la posición jerárquica o el nivel que ocupamos en la entidad en la que trabajamos y el grado de desigualdad salarial que hay dentro de esa entidad también inciden en las decisiones de gasto que tomamos.

Se sabía que en las regiones de mayor desigualdad económica se adquieren y buscan en internet más objetos de lujo que en regiones de menor desigualdad. Pero a esa conclusión se había llegado utilizando datos agregados, que no permitían saber quiénes en concreto eran los individuos que gastaban más en bienes de lujo.

Para poder precisar el origen del gasto suntuario un equipo de investigación ha analizado las transacciones, mediante tarjeta electrónica, de 683677 personas que trabajan en 32008 entidades del Reino Unido durante diez meses. Las compras (a 4118 marcas) se adscribieron a una de las siguientes cuatro categorías: necesarias (24%), discrecionales (54%), de lujo (10%) y desconocidas (12%). Por razones metodológicas, excluyeron del resto de cómputos las compras de categoría desconocida. Y con las sumas destinadas a las otras tres, estimaron los porcentajes de gasto a cada una de ellas: en servicios y productos necesarios fue de un 46%; en discrecionales, un 42%; y en bienes de lujo, un 12%.

En general, el gasto en objetos y servicios de lujo era mayor cuanto mayor era el salario. También era mayor cuanto mayores eran las diferencias salariales (estimadas mediante el índice de Gini) en la entidad en que trabajaban. Ahora bien, el efecto de la desigualdad afectaba en mayor medida a quienes disfrutaban de menos ingresos. Para quienes más ganaban, la desigualdad de ingresos dentro de la empresa prácticamente no incidía en el porcentaje que dedicaban a adquirir productos lujosos. Además, el rango que ocupaban los empleados en la escala salarial de su empresa también influía en el porcentaje de gasto que destinaban a adquirir productos de lujo. Para un mismo salario en términos absolutos, gastaban más en objetos y servicios suntuarios los que, en su empresa, ocupaban una posición inferior.

Los autores del trabajo concluyen que el gasto en bienes y servicios de lujo es una señal mediante la que los individuos pretenden mostrar un estatus más elevado. En los más pudientes, el mayor gasto refleja un estatus elevado real, pero en los que menos ganan las cosas son más complejas. Que, a igualdad de salario, los individuos con un estatus inferior en su empresa gasten una mayor proporción de sus ingresos en objetos de lujo confirma, según los autores de la investigación, la denominada “hipótesis de la ansiedad por el estatus”. Tal condición -propia de un rango salarial bajo-, combinada con la disponibilidad de medios para adquirir objetos más caros -mayor salario- conduciría a un mayor gasto relativo en bienes y servicios suntuarios.

El gasto en objetos de lujo se destina a lo que se denomina consumo conspicuo, el que se hace para dar a entender que se disfruta de un estatus elevado. Ese estatus puede ser real, pero también puede no serlo. Recuérdelo la próxima vez que vea un collar de oro o un coche deportivo de alta gama.

Fuente: Muggleton, N., et al, Workplace inequality is associated with status-signaling expenditure. PNAS, April 8 (2022), 119 (15) e2115196119.

Para saber más:

Por qué la langosta es el emoji del lujo


Sobre el autor: Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) es catedrático de Fisiología y coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU

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