La evolución de los peces pescadores (Lophiiformes)
Los peces pescadores (Lophiiformes) son un grupo de teleósteos depredadores que han desarrollado un procedimiento original para atrapar sus presas: una “caña de pescar” dotada con un cebo. Aristóteles, en su Historia de los animales, ya destacaba esta característica en los rapes, a los que llamó “ranas pescadoras”. Esta innovación ha supuesto un éxito evolutivo para estos peces, que cuentan con más de 400 especies marinas, distribuidas en unas 14 familias (Figura 1).

La “caña de pescar” de los lofiformes está formada por el ilicio, es decir, el primer radio de la aleta dorsal, que puede ser más o menos largo. La base del ilicio se articula con su soporte de una forma que le permite movimientos laterales o incluso circulares (Figura 2). El ilicio lleva en su extremo un tejido blando, de forma y tamaño muy variable, que recibe el nombre de esca, palabra derivada del latín que significa alimento, forraje o cebo[1].

Existen tres tipos de escas. Las mecánicas funcionan como un señuelo adoptando aspecto de gusanos u otros invertebrados marinos. Este tipo es el que usan los rapes (género Lophius). Un segundo tipo lo constituyen las escas químicas. Contienen glándulas y segregan sustancias atrayentes para invertebrados carroñeros. Esto se ha demostrado mediante experimentos, aunque se desconoce qué sustancias concretas son las producidas. Solo encontramos escas químicas en los peces murciélago (Ogcocephalidae) y en Antennarius striatus, aunque es probable que haya más especies que utilicen señuelos químicos. En este vídeo podemos ver a Antennarius en plena acción:
Las escas mecánicas solo funcionan si las presas pueden verlas, es decir, en fondos a los que llega la luz. Sin embargo, muchas especies de lofiformes (los ceratioideos) se encuentran a grandes profundidades, en ambientes pelágicos y carentes de luz (Figura 1). Estos peces han desarrollado un tercer tipo de escas, las bioluminiscentes. Estas escas son huecas y albergan bacterias, generalmente de tipo Vibrium, que producen luz verde-azulada[2]. Se sabe que las escas de los lofiformes de aguas profundas son colonizadas por las bacterias, pero no se conoce cómo son reclutadas. Recientemente, se ha descubierto que el genoma de estas bacterias luminiscentes está fuertemente reducido (alrededor de un 50%) y carece de genes esenciales para algunas rutas metabólicas. Esto significa que las bacterias dependen de los nutrientes que les suministra su hospedador, estableciendo con él una relación simbiótica.
Las escas luminiscentes pueden contar con tejidos especiales que reflejen la luz, aumentando su emisión al exterior, y también pueden regular la emisión abriendo o cerrando orificios. Por otro lado, como la producción de luz depende del oxígeno (ver nota al pie), cabe la posibilidad de que el pez regule la intensidad luminosa proporcionando más o menos oxígeno a sus bacterias, aunque esto no se ha podido demostrar.
Las escas luminosas se utilizan para atraer presas, como es lógico, pero tienen una segunda e importante función. Los cerátidos machos carecen de ellas, pero tampoco las necesitan ya que su función es localizar a una hembra y adherirse a su cuerpo como un parásito sexual. Se piensa que las señales luminosas de las hembras pueden ayudar, junto con la secreción de sustancias químicas, a atraer a los machos.
En este extraordinario vídeo obtenido por Kirsten y Joachim Jakobsen cerca de las islas Azores, a 800 m de profundidad, vemos una hembra de Caulophryne jordani con su macho parásito. Esta especie desarrolla una compleja red de filamentos que rodean al cuerpo y son luminiscentes:
El sistema de pesca basado en ilicios y escas supuso un gran éxito evolutivo para el grupo y no es de extrañar que se haya mantenido en todos los lofiformes… menos uno. Aparte de los machos de ceratioideos, que son un caso especial, Neoceratias spinifer ha prescindido de esta “caña de pescar”. Se trata de unos pequeños peces (6 cm las hembras) dotados de largos dientes en la parte externa de las mandíbulas (Figura 3).

Estamos ocupándonos de los lofiformes porque un grupo de investigación estadounidense acaba de publicar un completo estudio acerca de la evolución de estos peces. Utilizando análisis de caracteres morfológicos y genéticos se ha podido reconstruir su historia (Figura 4). Los lofiformes aparecieron a finales del Cretácico, hace unos 70 millones de años. Las escas mecánicas fueron el sistema original de captura, mientras que las escas químicas aparecieron de forma independiente en dos linajes: los de los peces murciélago y Antennarius. La transición hacia formas pelágicas de aguas profundas y con escas luminiscentes ocurrió hace unos 43 millones de años, en el Eoceno, iniciando la rápida evolución de los ceratioideos. De hecho, 11 de las 14 familias de lofiformes derivan de esta colonización de ambientes profundos dando lugar a uno de los grupos de vertebrados más diversificados en los fondos abisales.

Referencia:
Maile, A.J. y Davis, M.P. (2026) The Evolution of Lures in Anglerfishes (Acanthuriformes: Lophioidei): Investigating Nature’s Tackle Box. Ichthyology & Herpetology doi: 10.1643/i2025018.
Notas:
[1] Como curiosidad, la palabra “yesca” deriva de esta palabra latina, aplicada al “alimento” del fuego.
[2] La luz se produce por una reacción de oxidación de la luciferina (una molécula orgánica) catalizada por la enzima luciferasa. Aunque las luciérnagas también tienen un sistema luciferina-luciferasa, su origen evolutivo es independiente.
Sobre el autor: Ramón Muñoz-Chápuli Oriol es Catedrático de Biología Animal (jubilado) de la Universidad de Málaga.
