¡Mundo Anillo es inestable!

Fronteras

Si hay algo con lo que disfrutan los lectores de ciencia ficción dura es con criticar a los autores. Incluso es posible que esa sea, en realidad, su motivación más profunda. Por eso no es de extrañar que cuando Larry Niven llegó a la Worldcon de 1971, justo tras la publicación de Mundo Anillo, un grupo de estudiantes del MIT empezara a gritar por los pasillos del hotel donde se celebraba en señal de protesta: «¡Mundo Anillo es inestable! ¡Mundo Anillo es inestable!». Sí, hay gente que dedica su tiempo libre a hacer los cálculos asociados a cualquier ocurrencia que aparezca en la ciencia ficción, e incluso publica papers al respecto. Desde luego, Niven no era el único que tenía que andarse con ojo con lo que publicaba —que le pregunten a Isaac Asimov— y, en este caso, se vio casi obligado a arreglar el desaguisado publicando Los ingenieros de Mundo Anillo (1979) unos años después.

Larry Niven y las primeras ediciones de Mundo Anillo y Los ingenieros de Mundo Anillo.
Fuentes: Gage Skidmore/Ballantine Books/Phantasia Press

Vale, pero ¿qué es Mundo Anillo y por qué despertó la indignación de los nerds de la Worldcon? Como su propio nombre indica, se trata de un mundo artificial con forma de anillo construido alrededor de una estrella. Una megaestructura híbrida entre una estación espacial rotatoria y una «rodaja» de esfera de Dyson. En la novela, tiene un radio de 1 UA —básicamente, la órbita de la Tierra—, una anchura de 1 600 000 km aproximadamente, una superficie habitable tres millones de veces mayor que la de nuestro planeta… y algunos problemillas. El primero que señalaron los lectores de Mundo Anillo fue la inestabilidad gravitatoria.

Un anillo orbital como este funciona solo en condiciones de «vaca esférica», esto es: la estrella tiene que comportarse como una partícula puntual, el anillo tiene que ser perfectamente rígido y simétrico, estar centrado a la perfección… algo que, en la práctica, no ocurre. Un sistema así se encuentra en un punto de equilibrio gravitatorio inestable, así que cualquier perturbación —interacciones gravitatorias producidas por cuerpos relativamente cercanos, colisiones con meteoritos, asimetrías en su construcción, radiación o viento estelar, vibraciones estructurales…— se amplificaría hasta desestabilizarlo por completo y hacerlo colisionar con la estrella central. Mantener el anillo estacionario sería algo similar a intentar mantener vertical un lápiz sobre su punta. La solución que planteó Niven en Los ingenieros de Mundo Anillo fue instalar propulsores en la estructura que corrigieran constantemente las desviaciones. Pero este podría ser el menor de los problemas con el que nos encontraríamos si quisiéramos construir algo así.

Para simular una gravedad similar a la terrestre, un anillo de semejante tamaño tendría que dar una vuelta sobre sí mismo cada nueve días, equivalente a una velocidad tangencial de 1200 km/s. Esto no solo convertiría el impacto de cualquier cuerpo extraño en una auténtica catástrofe de escala nuclear —por las energías que podría alcanzar la colisión—, sino que estaríamos hablando de que la estructura tendría que soportar una tensión del orden de 10¹⁵ Pa, una magnitud para la que ningún material que conozcamos está preparado, ni siquiera los nanotubos de carbono, cuyo límite de rotura ronda los 10¹¹ Pa. Mención aparte merecen la cantidad ingente de recursos que harían falta para construirlo, las dificultades logísticas… pero estos detalles son los habituales cada vez que a un escritor de ciencia ficción se le ocurre alguna obra de astroingeniería.

Larry Niven recurre a soluciones más o menos imaginativas para justificar la viabilidad de Mundo Anillo. Inventa el scrith, un material casi mágico que no ofrece fricción, capaz de soportar tensiones imposibles, tan denso que bloquea el 40 % de los neutrinos además de la radiación, y absorbe el calor. Con él construye dos muros en los bordes del anillo para que la atmósfera no se «derrame» en el vacío y hasta encuentra una original solución para uno de los problemas más obvios: en un ecosistema artificial de este tipo, nunca se hace de noche. Con la estrella ocupando el centro, toda la superficie habitable del anillo estaría permanentemente iluminada de no ser por las «pantallas de sombra», grandes paneles opacos dispuestos en un anillo interior que bloquean su luz a intervalos regulares, proyectando sombra sobre el anillo exterior.

Impresión artística de Mundo Anillo, tal y como lo describió Larry Niven. En ella se pueden apreciar los paneles de sombra. Fuente: CC BY-SA 3.0/Hill

Mundo Anillo es, en sí, un gran experimento mental, y no solo de física o ingeniería, sino también de biología o ciencias sociales. ¿Cómo sería el clima en un lugar así? ¿Podríamos hacer que existieran estaciones? ¿Qué distribución de tierra y océanos sería la más estable o conveniente? ¿Qué ecosistemas sería interesante albergar? ¿Cómo se vería el horizonte? ¿Cómo determinarían las peculiaridades de Mundo Anillo el orden social? ¿Podría existir algo parecido a la exploración y los descubrimientos en un mundo construido a medida? Larry Niven da algunas respuestas, pero, como siempre, es más divertido encontrar las nuestras propias. ¿Alguien se anima?

Bibliografía

Brannen, C. A. (s. f.). Niven Ring gravitational stability. Brannenworks.

McInnes, C. R. (2025) Ringworlds and Dyson spheres can be stable Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, 537(2), 1249–1267. doi: 10.1093/mnras/staf028

Niven, L. (1970). Ringworld. Ballantine Books.

Niven, L. (1979). The Ringworld Engineers. Phantasia Press.

Sobre la autora: Gisela Baños es divulgadora de ciencia, tecnología y ciencia ficción.

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