La caracola más grave del mundo

Fronteras Caracolas Artículo 4 de 8

«El caracol debía tocar el trombón que lleva a cuestas.»
Ramón Gómez de la Serna. Greguerías.

Steve Turre es un virtuoso del trombón, arreglista y compositor de jazz estadounidense. Con más de cincuenta años de carrera a sus espaldas, veinte discos liderados por él e incontables colaboraciones, se ha convertido en uno de los trombonistas más prolíficos de la historia del jazz. Sin embargo, cuando uno busca su nombre en internet es mucho más fácil asociarlo a sus sorprendentes habilidades con otro instrumento de viento metal: la caracola. O, mejor dicho, las caracolas. En cada concierto, Turre alterna entre conchas vacías como un pulpo avaricioso en una mariscada. No es por presumir de instrumentos, ni un síntoma de indecisión. Cada una le ofrece un color propio, un timbre nuevo y, sobre todo, la capacidad de tocar una nota distinta.

Fuente: Wikimedia Commons

El tono de un instrumento depende de su forma y, sobre todo, de su tamaño. En una caracola grande, el aire tarda más en recorrer la cámara de resonancia, por lo que las ondas estacionarias que se forman en su interior son más largas o, lo que es lo mismo, tienen un sonido más grave. Las caracolas pequeñas, en cambio, producen sonidos más agudos. Por ese mismo motivo, casi todos los instrumentos de una orquesta se estructuran en familias: un mismo artilugio que, a distintas escalas, consigue producir rangos de frecuencias diferentes.

Octobajo y violino piccolo. Créditos: Fotografía de Henrik Beck / nyMusikk.

La familia orquestal más conocida es, sin duda, la de la cuerda frotada. Probablemente, porque todos sus miembros tienen un nombre propio y ocupan un montón de hueco en el escenario. Mientras que los distintos saxofones, por poner ejemplo, se distinguen únicamente mediante su apellido (saxofón tenor, alto, soprano…), los violines mutan en violas, violonchelos y contrabajos según van aumentando de peso1. Pero existen también otros miembros menos conocidos dentro de esta gran familia. Los luthiers fabrican violines fraccionarios para los violinistas de brazos diminutos. En el extremo opuesto encontramos el gigantesco octabajo de 4 metros de altura. No existen gigantes que puedan trepar por sus cuerdas, así que el instrumento cuenta con una serie de trastes y palancas que permiten pulsarlas. Fue inventado a finales del siglo XIX por Jean Baptiste Vuillaume y se llama así por producir sonidos una octava más graves que los de un bajo. Como resultado, el octabajo suena a truenos y a rugir de tripas. Alcanza, de hecho, el límite de nuestro rango auditivo.

No existe un equivalente del tamaño del octabajo en la familia de las caracolas. Pero si hubiese que elegir uno, sin duda sería miembro de la especie Syrinx aruanus. Estos gasterópodos pueden alcanzar casi un metro de altura y llegar a pesar 18 kg. El espécimen más grande conocido se encuentra en el Museo de Ciencias Naturales de Houston y tiene una altura de 91 centímetros. Con este dato y gracias a las propiedades geométricas de su espiral logarítmica podemos calcular la longitud de su cavidad interna: unos 3 metros, según la foto que se encuentra en la Wikipedia. Ahora, para calcular su frecuencia, debemos modelar la caracola como un cono cerrado en un extremo (la punta desde donde se sopla) y abierto en el opuesto. En ese sentido, sería parecida a un saxofón o a una tuba. En un tubo cónico, la frecuencia fundamental se calcula como f=c/2L, siendo c la velocidad del sonido y L, la longitud del tubo.

Otros instrumentos cónicos son el saxofón y la tuba. El saxofón más grave del mundo, de apellido subcontrabajo y con una altura superior a 2 metros (lo que equivale a una longitud de unos 6 metros según calculo a ojo), alcanza sonidos de 29 Hz. No fue posible construirlo hasta 1999. La tuba de la misma tesitura, cuyo tubo se pierde en un nido de espirales mucho más difícil de seguir, retumba hasta una frecuencia parecida. La caracola más grave del mundo, en cambio, se parece mucho más a una trompa alpina; se podría decir que no es más que su versión desenrollada. Aunque este instrumento tiene una tesitura menos estandarizada que la del saxofón o la tuba, su voz resuena en los graves sin llegar a la tenebrosa caverna de los subcontrabajos. Más o menos, a partir del do2 o 65 hercios: la nota más grave del bajo más profundo; el sonido más grave que un ser humano puede cantar.

Trompa alpina. Fuente: Wikimedia Commons

Nota:

1Por motivos históricos, existen diferencias entre las propiedades acústicas de estos instrumentos. Ha habido propuestas en el siglo XX para cambiar esto, como el octeto de violín.

Sobre la autora: Almudena M. Castro es pianista, licenciada en bellas artes, graduada en física y divulgadora científica

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