Trilobites bajo hielo
La pasada noche de Halloween, mientras veía películas de terror, me acordé de una que podríamos calificar “de serie B”, con un guion absolutamente lleno de Geología. Estrenada en 2021 y dirigida por John Carl Buechler, su título es “Deep Freeze”, también conocida como “Ice Crawlers” y, algunas veces, traducida al español como “Miedo helado”.

Sin hacer demasiados spoilers, se trata de la típica película de animales raros y enormes atacando a gente en un lugar del que no pueden escapar, por lo que deben enfrentar la amenaza con lo que tienen a mano. Lo especial de esta película es que bebe directamente de “La cosa”, ya que sucede en una base de exploración en la Antártida. En concreto, un equipo científico se desplaza al continente helado para realizar unas prospecciones petrolíferas no muy legales perforando las capas de hielo. Hasta que llegan a un nivel que alberga unos extraños seres congelados, que se despiertan, suben por el tubo de perforación y siembran el caos entre el personal de la base. Sin saber muy bien a lo que se están enfrentando, todo se desvela al final de la película, cuando aparece el “bicho” gigante que supone la principal amenaza. Y esos extraños “bichos” no son, ni más ni menos, que trilobites vivos.

Los trilobites son un grupo de artrópodos marinos que vivieron durante la Era Paleozoica, hace entre unos 539 y 252 millones de años. Tenían un caparazón carbonatado duro formado por segmentos que les permitían enrollarse, dos ojos compuestos, un par de antenas frontales y dos filas de apéndices que hacían la función de patas. Pero su principal característica, que además le da nombre al grupo, es que su cuerpo estaba divido en tres lóbulos, uno central y dos laterales. Fueron muy abundantes en todos los mares de la Tierra y se diversificaron ampliamente, habiéndose identificado cientos de especies por todo el mundo. Pero, como he comentado, desaparecieron en la gran extinción masiva del Pérmico, sin dejar descendientes directos en los mares actuales, por lo que no es posible encontrar ningún ejemplar vivo congelado en el hielo de la Antártida. Además de que los fósiles de mayor tamaño encontrados hasta la actualidad no llegan al metro de longitud, por lo que no había ejemplares gigantes como el que aparece en la película.
Sin embargo, la pregunta más interesante que nos podemos plantear al ver la película es otra: ¿Hubo trilobites en la Antártida? En este caso, la respuesta es sí.
En diversas áreas montañosas de la Antártida se han encontrado numerosos ejemplares fósiles de trilobites del Periodo Cámbrico, acontecido hace entre unos 539 y unos 487 millones de años. Si viajásemos a ese momento, nos encontraríamos con una disposición continental muy diferente a la actual, debido a la acción de la tectónica de placas. Entonces existía un gran Supercontinente llamado Gondwana, con algunas pequeñas masas continentales dispersas, rodeado por un gran océano llamado Pantalasa.

La Antártida formaba parte del Supercontinente de Gondwana, estaba unida a Australia, la India y Sudáfrica, y se encontraba situada en latitudes cercanas al Ecuador. Reinaba entonces un clima cálido subtropical, por lo que no había masas de hielo en el polo sur. Además, el agua de los mares someros que la rodeaban también era cálida y se encontraba llena de vida, siendo los trilobites uno de los grupos faunísticos más abundantes.
Los trilobites, como buenos artrópodos, mudaban su caparazón cada vez que crecían. Además, tenían la mala costumbre de morirse. Así que el barro carbonatado del fondo de los cálidos mares cámbricos de la Antártida estaba lleno de sus restos. Con el paso del tiempo, esos caparazones quedaron enterrados por más y más capas de sedimentos, hasta convertirse en fósiles.

Además, la tectónica de placas también hizo su trabajo. En estos cientos de millones de años, la Antártida fue cambiando su posición geográfica. Incluso, acabó formando parte del siguiente gran Supercontinente, Pangea. En esos continuos choques de placas, las capas de rocas más antiguas y que permanecían enterradas, ascendieron hasta formar las cadenas montañosas que hoy se alzan sobre la superficie del continente. Incluidas las rocas del Cámbrico que albergaban los fósiles de trilobites. Y el tiempo pasó, la Antártida acabó situándose en su posición actual, quedó aislada del resto de continentes, el clima se enfrió y las capas de hielo acabaron cubriéndola, encapsulando en frío la increíble historia de su pasado.
La Antártida todavía guarda innumerables secretos, pero los estudios geológicos nos permitirán descubrirlos poco a poco, gracias a nuestros grandes chivatos del pasado, los fósiles. Aunque, obviamente, perforar en el hielo no traerá a la vida a estas especies extintas, por muy bien que queden en una película de terror.
Sobre la autora: Blanca María Martínez es doctora en geología, investigadora de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y colaboradora externa del departamento de Geología de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la UPV/EHU
