Cuando la ciencia es Zientzia #7

“El tiempo no corre, vuela” es una expresión que cuando nos la decían nuestros mayores, cuando éramos jóvenes, no acertábamos a entenderla bien. ¿Vuela? Sí, a velocidad supersónica. Hace ya un mes que visité este Cuaderno y hoy llego justo a tiempo, por los pelos y al galope, igual que los caballos de la imagen y a punto de acabar con la paciencia del editor de este blog. Pero gracias, que al igual que Job, tiene una gran santa paciencia.

cuando la ciencia es zientzia 7

El tiempo deja huella de su paso. Los cambios que acaecen en nuestro cuerpo son un reflejo de ello. La periodista Amaia Portugal nos contó hace unos meses que por muchos cosméticos y demás que medidas que tomemos, el paso del tiempo se refleja en nuestro rostro. Uno de los signos de ello es que la nariz se ancha, se achinan los ojos y disminuye la distancia entre la boca y la nariz. Algo que varía, pero no tanto como se creía, son nuestras huellas dactilares. Eso es lo que concluye un estudio de la Universidad de Michigan, el estudio más extenso jamás realizado en este materia, que ha contado con la muestra de 15.000 personas.

Volar ha sido uno de los mayores sueños del ser humano. Volar como los pájaros. Sin embargo dudo mucho que alguien haya dicho jamás que le gustaría volar como los murciélagos. Este pequeño mamífero es el objeto de estudio del zoólogo Joxerra Aihartza. ¿Sabíais que durante estos últimos 10 años se ha escrito más sobre este pequeño mamífero que de cualquier otro? ¿Y que representan el 20% de todos los mamíferos? Su radar de geolocalización es una de las características que más curiosidad despierta en científicas y científicos, con el fin de poder implementarlo, entre otras cosas, en sistemas de vuelo.

En la reserva de la biosfera de Urdaibai viven algunas de las 27 especies de murciélagos que tenemos en el País Vasco. La ecóloga Miren Onaindia es una de las responsables del buen hacer y seguimiento de esta biosfera, que es referencia a nivel mundial. Miren nos ha explicado si es realmente es posible el desarrollo sostenible en una biosfera. La respuesta es que sí, sin embargo, nos ha puesto en alerta diciendo que para ello es necesario que reduzcamos de manera efectiva los niveles de consumo actual.

Consumimos por encima de las posibilidades del planeta. Pero no todo el mundo consume de la misma manera, hay quien no puede cubrir ni sus necesidades básicas. La pobreza es uno de los actuales males de nuestro tiempo y deja huellas, huellas a nivel fisiológico. Un reciente estudio publicado en la revista JAMA Pediatrics ha dado a conocer que la precariedad en la que viven muchas/os niñas/os tiene repercusión en el desarrollo de su cerebro. Concretamente en el desarrollo del lóbulo frontal, el temporal y el hipocampo. El primero tiene relación directa con la capacidad de prestar atención, el segundo con la memoria y la compresión del lenguaje y el tercero con los procesamientos de información. Los tres se ven afectados en su desarrollo en los niños que pasan privaciones y en consecuencia, esto afecta en su rendimiento académico.

Ya sabéis que las mujeres vivimos más que los hombres. Y, ¿por qué será? Por dos cuestiones fundamentales, fumamos menos que los hombres y las enfermedades cardiovasculares nos afectan en menor medida. Así que… informados estáis.

La química Dorotea Barnés vivió casi 100 años. No sabemos si fumaba pero sí sabemos que fue una investigadora brillante de principios del pasado siglo. Doctora en química, en 1932 introdujo la espectroscopia Raman en España y escribió el primera artículo conocido en el estado sobre dicha técnica. Investigó en la Universidad de Yale y en Austria junto al físico austríaco K.W. Fritz Kohlrausch. Pero llegó la Guerra Civil española y Dorotea, hija de un ministro republicano, tuvo que exiliarse. Ahí finalizó su carrera científica. Poco antes de morir, en una entrevista, afirmó que si bien la guerra afectó a su carrera, no volvió a retomarla por petición de su marido.

Algunos estudios científicos duermen la siesta. Bueno, más bien un profundo sueño. Son las bellas durmientes de la ciencia, caen en el olvido hasta que alguien recuerda que existen. En 1935 Einstein escribió junto con Boris Podolsky y Nathan Rosen un trabajo de referencia para la física cuántica y hasta 1994 no tuvo visibilidad, ni eco alguno. El hecho de ser escrito por científicos ya conocidos o de renombre no ayudó a que el trabajo tuviera referencias. Mayor fue el periodo de olvido al que quedó relegado un trabajo del matemático Karl Pearson, 101 años.

Espero no tardar tanto tiempo en volver para contaros lo que editamos en Zientzia Kaiera. Buen mes de agosto.

Sobre la autora: Uxune Martínez es la responsable de la Base de Datos de la Comunidad Científica Vasca, Inguma y es editora de Zientzia Kaiera.

1 Comentario

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Javier Dueñas SodupeJavier Dueñas Sodupe

Muy real con lo que acontece ahora, demasiados olvidos políticamente intencionados ,nos estamos jugando el futuro + I+D+ I.

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