Aprender ciencia conociendo a los científicos

“Muchos adolescentes no ven la ciencia como parte de su vida cotidiana. Les enseñamos contenidos importantes, pero sin que éstos cobren vida”.

conociendo a los científicos

Einstein

402 chavales de 14 a 16 años de colegios públicos de Nueva York, concretamente de los barrios de Harlem y el Bronx.

Tres grupos diferentes:

– Uno estudió ciencia con el típico libro de texto, en el que se enumeraban los logros de científicos como Curie, Einstein o Faraday.

– Otro grupo leyó sobre las vicisitudes vitales de esos mismos científicos: la huída de Einstein de los nazis y su vida como expatriado en Estados Unidos, o los problemas de Marie Curie para estudiar y tener una vida de investigadora siendo mujer.

– Un tercer grupo leyó sobre los retos intelectuales de esos científicos. Sus intentos fallidos, fracasos y problemas para sacar adelante sus ideas o investigaciones.

Pasadas seis semanas, los investigadores, encabezados por la doctora Xiadong Lin-Siegler, profesora asociada de estudios cognitivos en la Universidad de Columbia, descubrieron varias cosas:

– Los estudiantes de los dos grupos que leyeron sobre los problemas personales e intelectuales de los científicos mejoraron su rendimiento y sus notas en las asignaturas de ciencias.

– Los estudiantes con un rendimiento más bajo fueron los que más mejoraron.

– Los estudiantes del primer grupo, el que estudió con el típico libro de texto, no solo no mejoraron sino que empeoraron.

marie_curie

Skłodowska-Curie

Ninguna de estas conclusiones es increíblemente espectacular si uno se para a pensarlo detenidamente. Cualquiera que tenga hijos, en realidad cualquiera de nosotros, sabe que las historias familiares que más valoran nuestros hijos, o que nosotros más recordamos de nuestros padres, no son aquellas que empiezan por “Yo era muy buen estudiante” o “Todo era facilísimo”. Las historias que interesan más, que enganchan más, que (a veces) motivan y mueven a hacer algo son las que relatamos y nos relatan sobre problemas, dificultades o cualquier otra vicisitud que hace esa historia más real y menos heroica. Los niños, los jóvenes, no necesitan pensar, ni quieren hacerlo, que los padres, que los mayores, lo pueden todo porque sí: necesitan poder identificarse con sus padres en su época de juventud, para hacerlos más reales.

En el caso de los científicos, los chavales que tuvieron un acercamiento más real a la ciencia, envuelto en los problemas y acontecimientos de una vida cotidiana con la que ellos pudieran identificarse, fueron los que más mejoraron.

Faraday

Faraday

¿Cómo estudiamos ciencia en el colegio? El discurso académico y pedagógico en ciencia se limita a la presentación de una serie de logros, descubrimientos y leyes que han sido alcanzados por grandes personajes a lo largo de la historia. Este mismo discurso se utiliza también al enseñar arte. Conclusión, personajes como Picasso, Velazquez, Mondrian o los científicos de este estudio, Faraday, Curie y Einstein, se presentan a los alumnos como seres superiores dotados mágicamente de un talento al nacer. El mensaje que se extrae de esta conclusión es: o vales o no vales para la ciencia. Este mensaje, obviamente, incide negativamente en la mentalidad para aprender.

“Nuestros temarios de ciencia son impersonales y los adolescentes los perciben como algo difícil porque solo ven una larga lista de datos a memorizar”.

Cambiar una metodología de enseñanza lleva tiempo y esfuerzo, y exige un compromiso de colaboración entre muchos agentes. La metodología actual de enseñanza de las ciencias tiene muchos puntos a favor. En los últimos años, además de la mera exposición de logros e hitos científicos, para que los alumnos los aprendan, la parte práctica ha ido avanzando y ganando terreno en las aulas. Experimentos, charlas, exposiciones organizadas por los propios alumnos, trabajos en grupo, utilización de las nuevas tecnologías para realizar videos, grabar experimentos, etc.,han favorecido mucho la percepción de la ciencia como algo vivo y creativo (algún día tendremos que hablar sobre la omnipresencia casi mística de la creatividad en nuestros días).

La ciencia se ha convertido en algo tangible y práctico por parte de los alumnos. En muchos casos, hasta se percibe casi como un espectáculo, como una diversión, un entretenimiento. Quiero creer que ese nuevo acercamiento metodológico repercute en un mejor rendimiento en las asignaturas de ciencias y espero, también, que propicie más interés por cursar esas asignaturas en la Universidad.

Ramón Y Cajal

Ramón Y Cajal

Lo que me ha llamado la atención del estudio Even Einstein Struggled: Effects of Learning About Great Scientists’ Struggles on High School Students’ Motivation to Learn Science es la constatación de la importancia de la historia de la ciencia como elemento fundamental para la comprensión del saber científico. Leer, conocer y aprender la vida, el entorno social, económico e histórico en el que la vida de los grandes científicos se ha desarrollado ha resultado ser un modo de acercar la ciencia tan efectivo como la parte práctica.

¿Cómo llegó Faraday a sus descubrimientos? ¿Cómo era la familia de Ramón y Cajal? ¿Qué tipo de vida llevaba Newton? ¿Fue Marie Curie una mujer afortunada en su vida o tuvo que pelear con todo y con todos para conseguir dedicarse a lo que le entusiasmaba? ¿Se equivocaron muchas veces? ¿Fueron siempre brillantes en sus estudios o, por el contrario, dieron mil tumbos antes de centrarse en su trabajo?

No se trata de convertir la enseñanza de la historia de la ciencia en una tv movie con el rótulo “basado en hechos reales” ni en una vida de santos, se trata de enseñar a las nuevas generaciones, y de no olvidar nosotros mismos, que los grandes logros de la ciencia (y del arte y la cultura en general) fueron alcanzados por personas como nosotros, con vidas como las nuestras y problemas que, en muchos casos, nos suceden a diario.

Enseñar, leer y aprender sobre historia de la ciencia y de los científicos es fundamental para desprendernos de la idea adquirida del valor del talento como una especie de premio gordo que te puede tocar o no, y adquirir en cambio la idea del talento como una habilidad que se adquiere con trabajo, dedicación e interés.

Aprendamos, conozcamos y enseñemos la historia de los científicos.

Sobre la autora: Ana Ribera (Molinos) es historiadora y cuenta con más de 15 años de experiencia en el mundo de la televisión. Autora de los blogs: Cosas que (me) pasan y Pisando Charcos.

6 Comentarios

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FelipeFelipe

No digo que no, pero me gustaría saber cómo los estudiantes del segundo grupo, sin estudiar de un libro de texto clásico y sin siquiera interesarse por los retos intelectuales de los científicos en cuestión, sino simplemente por sus vicisitudes vitales, pudieron mejorar sus notas en las asignaturas de ciencias. ¿Será que en el examen “de ciencias” se les preguntó qué tipo de vida llevaba Newton o cuántas veces se divorció Einstein? En ese caso entiendo que mejoraran sus resultados, claro. Pero si se les pidió resolver un problema, interpretar el resultado de un experimento o calcular básicamente cualquier cosa… lo dicho, me gustaría saber cómo lo consiguieron y dónde adquirieron tales habilidades. (O quizá los exámenes sí fueron de ciencia, y los que estudiaron las vicisitudes vitales de científicos famosos mejoraron su nota del 0.0 al 0.5, mientras que los que analizaron sus retos intelectuales y los que estudiaron de un libro de texto clásico la empeoraron del 10 al 9.5… eso sería formalmente consistente con los resultados del estudio.)

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Agustín SardónAgustín Sardón

Yo entiendo que los tres grupos estudiaron las mismas materias científicas, pero en el primer grupo se hizo a la manera clásica, impersonal y ordenada como por catálogo. En el segundo grupo esas materias se contextualizaron en vidas personales y humanas, en historias y en Historia. En el tercer grupo esa contextualización se hizo más poderosa (atractiva e interesante) al profundizar en los retos intelectuales y personales que supusieron esos logros científicos. Al final el rendimiento no depende de un único factor, sino de varios, al menos tres. Y tal vez el más importante de ellos sea la motivación. A mi los catálogos no me ponen especialmente.

heresquigheresquig

De esta forma, agradezco sus esfuerzos en pro de la Ciencia, me gustaria temas sobre educacion cientifica en las aulas de secundaria. Gracias.

MiguelMiguel

En el laboratorio de ciencias de mi instituto teníamos (estrenamos en mi curso, allá por los 80) unas magníficas mesas de trabajo, con grandes zonas donde trabajar, grifos, enchufes, . . . Sin agua, ni electricidad, ni (exagerando un poco por lo bajo) más material que los folios para los apuntes de la clase teórica, que era para lo que “disfrutábamos” del laboratorio. Dudo mucho que algún día llegaran a utilizarse para otra cosa. Aún así soy de ciencias, pero por afición y en mi tiempo libre, porque la vida me llevó por otros caminos.
A día de hoy sé que hay escuelas infantiles con maravillosas pizarras electrónicas con conexión a internet. Me da miedo pensar para qué se utilizan.

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