La ciencia y el ‘establishment’

Una de las más peculiares justificaciones que se dan para rechazar los datos científicos en campos como las terapias alternativas o la eficacia y seguridad de las vacunas es la acusación de que la ciencia pertenece al ‘establishment’, esa palabra contenedor que agrupa a los segmentos sociales de poder. En estos tiempos de rechazo a cualquier cosa que esté cerca del poder, sea político o económico, ser asociado con las estructuras que dominan el mundo es el beso de la muerte y una pérdida automática de credibilidad: si formas parte de ‘los de arriba’ cualquier cosa que digas es automáticamente sospechosa de servir tan sólo para mantener la injusticia. Este rechazo y desconfianza a todo lo que represente poder forma parte de las revoluciones populistas que nos han dado fenómenos como el Brexit o la presidencia Trump, y sin duda tiene su parte de razón: la propaganda y la mentira son herramientas de los poderosos para conseguir sus intereses y mantener sus privilegios. Lo que resulta poco menos que hilarante es acusar a la ciencia, como conocimiento o como actividad, de estar en ese grupo. Porque los científicos nunca han tenido poder.

Hasta tal punto es así que cuando algún científico profesional se dedica a la política a todos los efectos deja de ser científico, o no actúa en público como tal: Alfredo Pérez Rubalcaba es profesor universitario de Química, pero es una anécdota en su carrera política, al igual que Angela Merkel es doctora en físicoquímica sin que ello haya parecido afectar demasiado a su presencia pública. Mientras la mayoría de los políticos son o abogados o especialistas en política, como es razonable, y actúan como tales, los científicos que llegan a la política aparentemente se olvidan de su pasado. Lo cual nos dice mucho sobre la realidad de la ciencia en los círculos de poder: si fuese una característica positiva quienes la poseen presumirían de ella.

De hecho la ciencia como metodología y el poder son bastante incompatibles, dado que la una trabaja para superar constantemente el ‘statu quo’ mientras que una característica permanente de cualquier poder es la tendencia a mantener la estructura que lo soporta. Mientras que el sueño del ‘establishment’ es que las cosas permanezcan como están, con ellos mandando, el objetivo de la ciencia es siempre superar los conocimientos anteriores. Por eso en múltiples ocasiones a lo largo de la historia poderes de diferentes tipos, desde gobiernos autoritarios a regímenes religiosos, han intentado e intentan hoy en día limitar, coartar y controlar el avance científico. Y por eso es tan complicado conseguir que los científicos ejerzan ningún tipo de acción conjunta o se organicen en estructuras de cualquier tipo: entrenados como escépticos y críticos profesionales resulta casi imposible usar con ellos las técnicas habituales de microgestión política, como sabe bien quien haya sobrevivido alguna vez a una reunión de departamento universitario.

La vida cotidiana de los científicos profesionales también respalda esta falta de poder real: sometidos a burocracias aplastantes y limitados en sus fuentes de financiación y recursos sus sueldos no son particularmente elevados ni gozan de privilegios sociales. Si la ciencia de verdad formase parte del poder sus practicantes recibirían las prebendas asociadas con esa exaltada posición. La realidad del día a día del científico desmiente categóricamente esta idea.

Es cierto que las empresas usan, y abusan, de la ciencia para aumentar sus beneficios; y es cierto que lo gobiernos y las naciones aprovechan las ventajas en riqueza y poder militar que la ciencia les ofrece. En el proceso a veces la ciencia es retorcida, abusada y masacrada, a veces hasta convertirla en caricatura de sí misma como cuando se utilizó para justificar principios político-morales en contra de la evidencia como el llamado ‘racismo científico’ o el darwinismo social. Pero esto es tan culpa de la ciencia como pueda serlo de la religión o de la nación cuando se convierten estos conceptos en justificaciones de políticas absurdas: la idea que una ideología retuerce para justificarse no es culpable de esa manipulación. Ni los descubrimientos realizados por la actividad científica quedan invalidados por el hecho de que haya quien abuse del nombre y prestigio de la ciencia para hacer propaganda o llevar a cabo manipulaciones políticas.

No, la ciencia no forma parte del ‘establishment’, y jamás lo hará. La acusación es injusta y extraña, al menos hasta que no veamos a los científicos en activo cobrando sueldos millonarios, presumiendo de sus artículos en la tribuna del Congreso, dirigiendo programas de televisión e horario de máxima audiencia y volando en aviones del estado a sus congresos. Cuando el fichaje de un científico por una institución ocupe en los medios tanto espacio como las opiniones de un político o como la llegada de un futbolista podremos revisar esta idea. De momento estamos muy, muy lejos de ello.

Sobre el autor: José Cervera (@Retiario) es periodista especializado en ciencia y tecnología y da clases de periodismo digital.

3 Comentarios

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Julián ÁlvarezJulián Álvarez

Completamente de acuerdo, aunque tengo que apuntar que no se ha incluido al complejo industrial.-Por ejemplo:Si alguien advierte que los experimentos LIGO, ni sirven, ni van a servir para nada, por las razones que sean…….¿-Va a admitirlo el complejo industrial que respalda este programa-?.-No, porque perderían millones, y harán lo posible e imposible para que esta advertencia no sea publicada.-No es el primer caso, ni será el último, que muy costosos experimentos no han proporcionado nada, y han seguido adelante, a pesar de reiteradas advertencias .-El caso de la teoría Supersimétrica, es representativo, pero hay muchos más.-Un cordial saludo

La ciencia y el ‘establishment’ – Cuaderno de Cultura Científica | Bitácora de...

[…] Origen: La ciencia y el ‘establishment’ – Cuaderno de Cultura Científica […]

Manuel López RosasManuel López Rosas

El texto y los comentarios nos llevan entonces a nuevas exigencias en nuestra comprensión del tema.

Es posible que frases sencillas como “el conocimiento -la ciencia- es poder”, o “el poder de la ciencia”, se encuentran acotados por determinaciones y limitantes donde las interacciones u las relaciones humanas, y los intereses agrupados (como el fundamento o la orientación social de ese conocimiento), son otro de los importantes componentes de los alcances de la ciencia, atendida en esta era como actividad profesional.

Buen y complejo alegato, por mi parte, deberé estudiarlo con más atención. Gracias por las aportaciones.

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