Desmitificando: Alguien me está mirando…

El hombre me interesa como estudio psicológico. En el desayuno de esta mañana de repente tuve esa sensación vaga de desasosiego que se apodera de algunas personas cuando alguien las mira atentamente, y, mirando rápidamente alrededor, me encontré con sus ojos clavados en mí con una intensidad que llegaba a la ferocidad, aunque se suavizó de forma instantánea mientras hacía una observación trivial sobre el tiempo. Curiosamente, Harton dice que tuvo una experiencia similar en cubierta ayer.
Sir Arthur Conan Doyle, en “La relación de J. Hababuk Jephson”, 1884.

Era, según como se anunciaba, el hombre que tenía Rayos X en los ojos. Así conseguía ver a través de las paredes o el mundo en colores pues veía otras longitudes de ondas, además de las habituales. Y no piensen que veía a las señoras sin ropa, en realidad, lo que veía eran sus huesos. Era una película así titulada, “El hombre con Rayos X en los ojos”, dirigida por Roger Corman y estrenada en 1963. La traducción del título, desde el original, que era una simple “X”, era engañosa. El protagonista no tiene Rayos X en los ojos, es decir, no emite Rayos X con los ojos, sino que aumenta el espectro de longitudes de onda que capta con sus fotorreceptores e incluye los Rayos X. Y el título traducido más bien sugiere que emite Rayos X con los ojos. Lo cual me lleva a la creencia tan extendida de que vemos porque emitimos rayos de visión con los ojos y no porque detectamos los rayos de luz que vienen del exterior.

Mucha personas aceptan que emitimos rayos por los ojos, incluso, como veremos, hasta un tercio de estudiantes universitarios. Como es posible que se mantenga esta creencia durante tantos años en esta era de la ciencia y, se supone, de la buena educación científica y tecnológica, es sorprendente. Aunque ya conocemos que ocurre con muchas otras ocurrencias como esta. Christian Jarrett, del blog BPS Research Digest, escribe que esta creencia se apoya en otros mitos como, por ejemplo, la idea, tan extendida igualmente, de “sentir” que alguien a nuestra espalda nos está mirando. Es la llamada escopestesia, y esa sensación solo puede deberse a que los rayos que emiten sus ojos están impactando en nuestra nuca.

Y todo esto a pesar de que, en experimentos controlados, los voluntarios no puedan detectar si hay o no alguien a su espalda. En encuestas de finales de los noventa e inicios de los dos mil en Estados Unidos, entre el 13% y el 67% de los encuestados eligen como sistema de visión en nuestra especie la emisión de rayos desde los ojos. Como resumen, Gerald Winer y su grupo, de la Universidad Estatal de Ohio, concluyen que más del 50% de los adultos aceptan que vemos porque emitimos rayos por los ojos.

En alguna de las encuestas de este grupo, presentan a los voluntarios un dibujo esquemático con una persona y un balón unidos por unas líneas rectas y les piden que dibujen puntas de flecha en las líneas para indicar la dirección de los rayos que permiten la visión. El 86% dibujan que los rayos salen de los ojos hacia el balón y, si los investigadores insisten para que precisen su concepto de visión, algunos se lo piensan y el porcentaje desciende al 69%.

Ni siquiera con una mejor educación, en concreto, con charlas previas a las encuestas se atenúa la creencia en los rayos emitidos por los ojos. Siempre queda un 30%, más o menos, que lo sigue aceptando. Hay autores que lo relacionan con las conductas de nuestra especie, no al ver, sino al mirar. Dirigimos los ojos en una dirección determinada, lo que parece apoyar la emisión de rayos aunque, en realidad, sirve para captar la luz que llega a nuestros ojos. Es lo que se denomina un error primitivo basado en un fenómeno, en una conducta.

Volvamos a la extendida, y desasosegante, sensación de que alguien nos mira por la espalda, quien sabe con qué intenciones.

El primer estudio científico sobre la sensación de que alguien nos mira lo publicó, en Science y en 1898, E.B. Titchener, de la Universidad Cornell. Decía que

cada año encuentro un cierto porcentaje de mis alumnos que están firmemente convencidos de que pueden sentir que alguien les mira por detrás, y un pequeño número de ellos cree que, con una mirada persistente a la nuca de alguien, tienen el poder de conseguir que la persona que está sentada se vuelva y les mire a la cara.”

Unos años después, en 1013, J.E. Coover, de la Universidad Leland Stanford, Jr., publicó los primeros resultados cuantitativos sobre la sensación de ser mirado por detrás. En primer lugar, del 68% al 86% de los grupos de voluntarios que entrevista creen sentir cuando alguien les mira. De los 1000 voluntarios que participan, el 50.2% acierta en el experimento de Coover, pero es el 47.3% los que aciertan que no les mira nadie y el 53.3% aciertan cuando alguien les mira. Un porcentaje asombrosamente cercano al 50% que significaría que se acierta por azar.

Y en un asunto como este no podía faltar Rupert Sheldrake, el conocido escritor, biólogo y pseudocientífico británico. Ha publicado los resultados de sus experimentos e, incluso, un libro de gran éxito sobre la sensación de ser mirado.

Algunos de sus resultados son curiosos. En general, hay personas con una capacidad débil para detectar que le miran por detrás pero no aciertan a saber cuando no las miran. Dos de sus voluntarios consiguen un acierto porcentaje de acierto del 53.1%.

De nuevo es un porcentaje de acierto cercano al 50%, o sea, al azar, como ya encontraba Coover en 1913.

Sheldrake escribe que, en Europa y Norteamérica, entre el 70% y el 97% de los encuestados afirma que ha tenido experiencias personales de la sensación de que alguien te mira. Ocurre más en las mujeres, con el 81%, que en los hombres, con el 74%. Es más habitual en los extranjeros cuando se encuentran en lugares públicos como calles o bares. Además, el 88% de las mujeres y el 71% de los hombres aseguran que pueden mirar a otras personas por la espalda y conseguir que se vuelvan hacia ellos.

Por otra parte, Sheldrake asegura que esta habilidad de detectar que te miran por la espalda es valiosa para muchos profesionales como, por ejemplo, expertos en supervivencia o seguridad, militares, paparazzis, practicantes de artes marciales y cazadores.

Sin entrar en detalles, pues está publicado, varios autores han mencionado fallos metodológicos y de interpretación de resultados en los estudios de Sheldrake.

Para terminar, es interesante el estudio del grupo de Isabelle Mareschal, del Centro de Visión de la Universidad de Sydney, en Australia. Los encuestados en este trabajo tienden a aceptar que tienen la sensación de que miran por detrás, aunque no ocurra, como una ventaja evolutiva seleccionada, en nuestra especie, como defensa ante posibles riesgos y, sobre todo, ante ataques de depredadores. Incluso declaran que sienten que alguien les mira aunque no le vean, porque es de noche o porque el observador se tapa los ojos con unas gafas oscuras.

En conclusión, la especie humana tiene, como una expectativa importante y primitiva, sentir que le miran, incluso cuando no puede ver si alguien lo hace. Solo hay que recordar el miedo que provoca en el espectador de cine la escena, tan utilizada por los directores de películas de suspense y terror, del protagonista andando delante de la cámara y dando la espalda al espectador. Todos sentimos que alguien le mira por detrás y, antes o después, le va a atacar.

Referencias:

Coover, J.E. 1913. “The feeling of being stared at” – Experimental. Journal of Psychology 24: 570-575.

Gross, C.G. 1999. The fire that comes from the eye. The Neuroscientist 5: 58-64.

Jarrett, C. 2016. 10 of the most widely believed myths in physiology. BPS Research Digest. July 29.

Mareschal, I. et al. 2013. Humans have an expectation that gaze is directed toward them. Current Biology 23: 717-721.

Sheldrake, R. 1995. Siete experimentos que pueden cambiar el mundo. Una guía para revolucionar la ciencia. Ed. Paidós. Barcelona. 274 pp.

Sheldrake, R. 2005. The sense of being stared at. Part 1: Is it real or illusory. Journal of Consciousness 12: 10-31.

Titchener, E.B. 1898. The “feeling of being stared at”. Science 8: 895-897.

Wikipedia. 2017. Psychic staring effect. 26 June.

Winer, G.A. et al. 2002. Fundamentally misunderstanding visual perception. Adults’ belief in visual emissions. American Psychologists 57: 417-424.

Sobre el autor: Eduardo Angulo es doctor en biología, profesor de biología celular de la UPV/EHU retirado y divulgador científico. Ha publicado varios libros y es autor de La biología estupenda.

5 Comentarios

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ariveroarivero

¿Hay tambien experimentos en funcion del angulo?

Eduardo AnguloEduardo Angulo

Quizá se ha hecho algún experimento pero no lo conozco.

Alb.Alb.

Conoci a la que ahora es mi esposa por internet. Durante un par de años mantuvimos una relacion a distancia y nos veiamos a diario por videoconferencia.
Como todos los enamorados los lanzabamos tiernas miradas. Pero en las videoconferencias tienen molesto un problema, esta separado el ver del mirar. Para ver los ojos de tu intelocutor tienes que ver la pantalla… para mirarle a los ojos tienes que mirar la webcam.

Nos pasabamos largos ratos mirando cada uno su webcam… obviamente sin vernos. Deduje que cuando uno esta enamorado tiene mas importancia mirar que ver.

Se optica, conozco como funciona los ojos y el proceso fisico de la visión. Pero los ojos en los humanos no solo tienen la funcion de ver, sino de mirar. No solo recibe informacion del exterior sino que tambien la envia. Con la mirada transmitimos información a otras personas.
Nuestos ojos estan adaptados a esta función, entre otras cosas tenemos la esclerótica blanca a difencia del resto de animales.

Aunque la luz siempre fluja hacia el ojo. La informacion fluye en los dos sentidos, no es de extrañar que personas no familizadas con la optica o la fisica en general, muestre los rayos en sentido contrario a los de la luz.

Nuestro cerebro esta acostumbrado a detectar miradas. Capta rapidamente esta información y sabe diferenciarla del ruido de fondo. Asi que mirar a alguien es una forma de captar su atención. Ya que basa con que vea nuestros ojos durante unas decimas o centesimas de segundo para detecte esta mirada. Una persona conocida te reconocera ante si la estas mirando que si no. Por eso no es raro interpretarlo como lanzar miradas, y pensar que tambien pueden hacerlo de espaldas.

Eduardo AnguloEduardo Angulo

Tienes razón, cuando miramos a alguien o alguien nos mira, transmitimos o nos transmite algo más que una simple mirada basada en la óptica y la fisiología. pero, creo, es muy importante tener en cuenta que no solo es la mirada pues la especie humana tiene mecanismos seleccionados en el proceso evolutivo para reconocer a otras personas y, también, sus emociones y, por tanto, lo que suponen para el que recibe la mirada. Somos una especie profundamente social y conseguir un contacto rápido con quien forma parte del grupo y con los extraños a él, es importante para la supervivencia. Lo es ahora ahora y, quizá más, lo fue en los pasados 100000 años de evolución de Homo sapiens. Vemos más de lo que creemos y, además, lo hacemos inconscientemente y de manera automática pues estamos seleccionados para ello. Siempre me he preguntado, y con esto acabo, por qué, si uno viaja a Nueva York, siempre hay un amigo más experimentado en viajes que avisa de que, en aquella ciudad, no hay que mirar a la gente a los ojos por la calle pues les sienta muy mal…

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