Las babosas y el undécimo aniversario

Ciencia infusa

Los limacos son muy listos”

Dicho popular muy apreciado en el Laboratorio de Citología e Histología donde hice la tesina y la tesis (y tengo copia de ambas), hacia 1975.

Arion vulgaris

Acabo de descubrir, con sorpresa y el típico comentario de “que rápido pasa el tiempo”, que el 31 de octubre de 2007 publiqué las primeras entradas del blog “La Biología estupenda”. Es evidente que ya no puedo celebrar el décimo aniversario del blog y, qué remedio, celebraré el undécimo aniversario. No hay otra solución.

Transcribo no la primera entrada sino la segunda que incluye la explicación del origen del fantástico adjetivo de “estupenda” para la biología. Quizá se vea algo presuntuoso, incluso demasiado optimista para una ciencia pero, en fin, le debo el adjetivo a Arturo Pérez Reverte, a quien creo que llega el momento de agradecer públicamente el nombre de este blog. Va esa primera entrada que, en fin, era la segunda pero aquí he cambiado el orden.

La biología estupenda

Miércoles, 31 octubre 2007, 23:25

Arturo Pérez Reverte, en su columna de EL SEMANAL de fecha 8 de julio de 2007, publicó este texto:

La ciencia -bombas atómicas y doctor Mengele aparte- es sin duda fuente de innumerables bienes para la Humanidad doliente; pero también, cuando se pone estupenda, termina convirtiéndose en una incómoda mosca cojonera.”
Quien haya leído la primera entrada de este blog entenderá porque lo he llamado
La Biología Estupenda. Pérez Reverte me dio la idea; a él le corresponde la siembra y a mí, sólo a mí, la triste y desmedrada cosecha.

Hablaré de ciencia, pero de esa ciencia poco recompensada que aparece en los medios de comunicación casi como el chiste diario que hay que incluir porque es lo tradicional.

Y pondré citas más o menos divertidas y que tengan que ver con la ciencia, o con esa ciencia que debemos respetar pero, sobre todo, entender y criticar para que no se desmande, “bombas atómicas y doctor Mengele aparte” como nos decía don Arturo. Y habrá muchas citas, no por el sencillo experimento de copiar, sino por el ejercicio deliberado de humildad que significa aceptar que alguien dijo, y mucho mejor, la idea que intento expresar.

Amigos, bienvenidos a La Biología estupenda. Espero comentarios, críticas y correcciones. Adelante y a por ello.

Toda mi inspiración para este blog venía de años atrás, cuando no existía Internet y me peleaba con mi tesina y tesis doctoral, ambas sobre babosas o, como decimos aquí, limacos. Entonces, entre la bibliografía que consulté había un artículo del malacólogo suizo Lothar Forcart que aquí explico en mi primera entrada en el blog. Así comprenderán la convicción que defendíamos en el laboratorio pues creíamos, con absoluto convencimiento, que los limacos son muy listos. Creo que fue la primera y principal conclusión no escrita de mi tesis doctoral.

Limax flavus

El turco y la babosa

Miércoles, 31 octubre 2007, 23:06

En 1949, un turco, cuyo nombre permanece en el anonimato, ingresó en un Hospital de Ankara, Turquía, con una fuerte gastritis que, en un momento dado y ya ingresado, le provocó un liberador vómito. Y en el vómito apareció una babosa viva y todo lo feliz que puede ser un bicho como este en medio de tanta sacudida. El animal lo conservó en alcohol el profesor A. Neuzat Tüzdul, de la Facultad de Veterinaria de Ankara. Como no era un experto en moluscos, envió el ejemplar al Dr. Lothar Forcart, del Museo de Historia Natural de Basilea, en Suiza. El Dr. Forcart, y este sí era un conocido malacólogo (es decir, estudioso de los moluscos), clasificó al animal como Limax flavus, babosa no muy abundante pero tampoco rara en los campos de Europa.

Forcart analizó, con la colaboración del profesor S. Scheidegger, del Instituto de Anatomía Patológica de la Universidad de Baale, el contenido del estómago de la babosa (no del turco, al que supongo aliviado, que recibió pronto el alta y reanudó su vida normal, y el resto del vómito quizás quedó depositado en Ankara por lo que, definitivamente, ambos desaparecen de nuestra historia). Scheidegger y Forcart encontraron en el estómago los típicos restos vegetales, habituales en la dieta de una babosa, aunque de alguna manera serían vegetales compartidos con el turco; pero, además, hallaron células epiteliales de origen animal que provenían del estómago del turco que, por lo visto al microscopio, compartía con su babosa algo más que la verdura, la fruta y las ensaladas: literalmente compartía su propio estómago, aunque supongo que involuntariamente. No es de extrañar que sufriera de gastritis.

Se supone que la babosa llegó al estómago del turco camuflada en alguna sabrosa ensalada, seguro que de lechuga, que encanta a estos animales. Cómo aguantaba la extrema acidez del estómago humano, no se sabe; quizá por la abundante secreción mucosa típica del tegumento de los moluscos. Seguro que no terminó la comida con un café pues la cafeína es un enérgico repelente de babosas y caracoles y, en altas concentraciones, funciona para ellos como una neurotoxina. En fin, café aparte, está claro que las babosas son muy listas y saben aprovechar las oportunidades según se presentan.

Hollingsworth, R.G., J.W. Armstrong & E. Campbell. 2002. Caffeine as a repellent for slugs and snails. Nature 417: 915.

Forcart, L. 1967. Un cas de pseudo-parasitisme de Limax flavus L. Journal de Conchiliologie 106: 129.

Para apoyar mi convencimiento de tantos años sobre lo listos que son los limacos, añado aquí las publicaciones del grupo de Bartosz Piechowicz, de la Universidad de Rzeszow, en Polonia, con el limaco Arion vulgaris (por cierto, sinónimo del Arion empiricorum, especie que estudié en mi tesina y tesis). A este limaco, considerado una especie invasora y una peste agrícola, sobre todo en Europa central, se le conoce, en su nombre vulgar, como babosa española (o Spanish slug en inglés), pues se considera que su origen está en el sudoeste francés y el norte español, o sea, más o menos, por aquí.

Pues bien, pocos molusquicidas, en concreto solo con dos principios activos, son eficaces contra la babosa española. Bartosz Piechowicz detectó que, en su entorno rural más próximo, había dueños de pequeñas huertas y jardines que utilizaban cerveza para atraer a esta peste agrícola. Los investigadores probaron seis marcas de cerveza compradas en el mercado local. Eran, por si alguien se interesa por este método de capturar limacos (o, sin más, por las cervezas), las marcas Goolman Premium, Harnas Jasue Pelne, Tatra Mocne, Kaztelan, Lezajsk y Wojak Jasny Pelny.

Colocaron las muestras de cerveza cerca de los limacos e hicieron correr aire por encima para que el aroma llegara a los animales y observaron si les atraía o no. También hicieron un estudio de campo con recipientes llenos de cerveza y, a los tres días, contaban los ejemplares que habían caído en las trampas.

Entre el 70% y el 80%, de media, de los limacos eligen cerveza de cualquier marca y parecidos resultados se dan en el experimento de campo. La Goolman Premium siempre supera el 80% de elección.

Es obvio que el siguiente paso en esta interesante investigación es utilizar la cerveza en trampas para cazar limacos y controlar la plaga que supone la babosa española. Utilizan cinco marcas locales de cerveza: Zurb, Warka Full, Karpackie Pils, Zywiec y Lezajsk Full.

Los limacos eligen para caer en la trampa la cerveza Lezajsk Full, seguida de Zurb. Los autores ensayan los compuestos químicos que forman parte del aroma de las cervezas para averiguar cuáles son los que más atraen a los limacos. El que mejor funciona es el ácido decanoico y, por el contrario, el que más rechazo provoca es el éster del ácido acrílico y el N-hidroxisuccinimida. Dejémoslo así, sin entrar en detalles de estos compuestos, pues los autores tampoco lo hacen.

Un curioso efecto colateral del gusto por la cerveza de la babosa española es que su metabolismo reacciona ante su aroma. Cuando el grupo de Bartosz Piechowicz mide la respiración de los limacos ante el olor de las cinco marcas de cerveza del experimento anterior detecta que los animales aumentan la emisión de dióxido de carbono. En algún caso incluso se triplica la emisión en los primeros cinco minutos después de oler la cerveza. Vaya resaca.

No lo aseguro, ni los autores lo hacen, que la unión de limaco y cerveza contribuye al aumento de dióxido de carbono en la atmósfera y al calentamiento global, o sea, al cambio climático. Recuerden aquello de los limacos son muy listos.

En fin, consideren celebrado el undécimo aniversario del blog “La Biología estupenda”.

Referencias:

Piechowicz, B. et al. 2014. Beer as olfactory attractant in the fight against harmful slugs Arion lusitanicus Mabille 1868. Chemistry Didactics Ecology Metrology 19: 119-125.

Piechowicz, B. et al. 2016. Beer as attractant for Arion vulgaris Moquin-Tandon, 1885 (Gastropoda: Pulmonata: Arionidae). Folia Malacologica 24: 193-200.

Piechowicz, B. et al. 2016. The smell of beer as a factor affecting the emission of carbon dioxide by Arion lusitanicus auct., non-Mabille. Annals of Animal Science 16: 463-476.

Sobre el autor: Eduardo Angulo es doctor en biología, profesor de biología celular de la UPV/EHU retirado y divulgador científico. Ha publicado varios libros y es autor de La biología estupenda.

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