ZientZinema 2: El día de mañana

La biología estupenda ZientZinema Artículo 2 de 3

El día de mañana

Dirección: Roland Emmerich. USA. 2004. 124 min. Intérpretes: Dennis Quaid (Profesor Jack Hall), Jake Gyllenhaal (Sam Hall), Ian Holm (Terry Rapson), Emmy Rossum (Laura), Sela Ward (Dra. Lucy Hall), Dash Mihok (Jason Evans), Jay O. Sanders (Frank Harris), Austin Nichols (J.D.), Arjay Smith (Brian Parks), Tamlyn Tomita (Janet Tokada). Guion: Roland Emmerich y Jeffrey Nachmanoff; basado en un argumento de Roland Emmerich. Producción: Mark Gordon y Roland Emmerich. Música: Harald Kloser. Fotografía: Ueli Steiger. Montaje: David Brenner. Diseño de producción: Barry Chusid. Dirección artística: Martin Gendron, Michele Laliberte, Claude Paré, Réal Proulx, Tom Reta y Gerald Sullivan.

¿Y si estuviéramos al borde de una nueva era glacial? Éste es el asunto que obsesiona al climatólogo Jack Hall (Dennis Quaid). Las investigaciones llevadas a cabo por Hall indican que el calentamiento global del planeta podría desencadenar un repentino y catastrófico cambio climático de la Tierra. Las perforaciones realizadas en la Antártida muestran que es algo que ya ha ocurrido con anterioridad, hace diez mil años. Y ahora está alertando a los dirigentes de que podría ocurrir de nuevo si no se adoptan medidas de forma inmediata. Pero sus advertencias llegan demasiado tarde. Todo empieza cuando Hall presencia cómo un bloque de hielo del tamaño de Rhode Island se desgaja completamente de la masa de hielo de la Antártida. Posteriormente, una serie de fenómenos climatológicos cada vez más drásticos empiezan a ocurrir en distintas partes del globo: granizos del tamaño de una ciruela destrozan Tokio, vientos huracanados que rompen todos los récords machacan Hawai; la nieve cae en Nueva Delhi; una serie de devastadores tornados azotan la ciudad de Los Ángeles. Una llamada de teléfono de un colega suyo de Escocia, el profesor Terry Rapson, confirma los peores temores de Jack: estos intensos fenómenos meteorológicos son síntomas de un cambio climatológico masivo y, además, se ha detectado una bajada súbita de la temperatura en las aguas del Atlántico Norte. El derretimiento de la capa de hielo polar ha vertido recientemente demasiada agua dulce a los océanos y ha afectado a las corrientes que dan estabilidad a nuestro sistema climático. La disminución de la salinidad en el mar provoca que la corriente se detenga, la temperatura global cae y lleva al planeta a una nueva edad glacial. El cambio climático ha puesto el planeta al borde del precipicio y, en la película, todo ocurrirá durante una supertormenta de extensión planetaria.

La premisa central del guion se basa en una hipótesis científica legítima pero adornada con episodios de obvias inexactitudes científicas: tornados que destruyen Los Angeles; inundación de Nueva York con olas gigantes; y, sobre todo, el enfriamiento del planeta se completa en una semana.

La película de Emmerich combina con acierto melodrama y cine de catástrofes en un intento de comprometer a los espectadores cognitiva y emocionalmente con una historia espectacular sobre un abrupto cambio climático, escribía en 2012 Alexa Weik von Mossner, de la Universidad de Klagenfurt, en Austria.

La recaudación que obtuvo el film después de su estreno muestra que tuvo gran aceptación, no solo de críticos y periodistas, sino también de climatólogos, sociólogos, ecologistas y miembros del gobierno y la administración. Fue una película alabada, criticada e, incluso, despreciada. Pero, además, fue la primera película popular que promocionó el interés público por el cambio climático. Para la autora, el interés de la película está en que apela al pensamiento racional y, también, a las emociones cuando relata el rápido y catastrófico cambio climático.

El guion se basa en propuestas de la década de los noventa sobre la emisión de dióxido de carbono, su disolución en el agua del mar y su influencia sobre las corrientes marinas tal como aparece en el artículo de 1997 de Thomas Stocker y Andreas Schmitter en Nature. El estudio de los cambios en las corrientes se inició con la del Golfo y se amplió a todos los movimientos de agua en los océanos. Anuncian cambios en 100 años si la emisiones de dióxido de carbono aumentan con rapidez y provocarían la detención permanente de las corrientes. Si la emisión de dióxido de carbono disminuye, las corrientes no se detendrán pero serán más lentas.

La conocida Corriente del Golfo es parte de un sistema de corrientes del Atlántico que, en conjunto, se conocen como AMOC (en inglés, Atlantic Meridional Overturning Circulation, o Circulación Meridional de Retorno del Atlántico). Está compuesta por corrientes superficiales y profundas, como explica Montserrat Alonso, de la Universidad de Salamanca, en El País.

Las aguas superficiales del hemisferio sur pasan por el trópico donde se calientan, llegan al Caribe, se dirigen al norte por la costa este de Norteamérica, cruzan el Atlántico por el sur de Groenlandia y llegan a Europa frente a Noruega. Parte de este sistema es la Corriente del Golfo que sale del Caribe, se mueve hacia el norte paralela a la costa de Norteamérica y se convierte en la corriente Noratlántica.

Todo este sistema de movimientos de agua llega al Atlántico subpolar, se enfría, y como las aguas son muy salinas y con menos temperatura, se hunden y retornan hacia el sur como corrientes profundas. Por eso se le llama circulación de retorno: las aguas del sur, calientes, llegan a la zona polar, se enfrían y vuelven al sur.

Además de agua, AMOC mueve energía en forma de cambios de temperatura del agua. Según estudios recientes, todo el sistema se ha ralentizado en un 15% desde la mitad del siglo pasado. Sin embargo, en 2006 faltaban evidencias de que la circulación fuese más lenta, como escribía Richard Kerr en Science. En una reunión de expertos se constató que más del 95% de los asistentes consideraba que no había cambios significativos en las corrientes atlánticas. Añadían que no había pruebas de un riesgo inmediato y piden más datos, durante quizá décadas, para demostrar la circulación lenta por el cambio climático.

En aquellos años hay más expertos que consideran que una nueva edad glaciar en Europa no es un escenario probable a corto o medio plazo. Carl Wunsch, del MIT, plantea que la corriente del Golfo se produce por el sistema de vientos a gran escala del Atlántico y por el movimiento de rotación del planeta. Por tanto concluye que o se detiene el sistema de vientos o la rotación de la Tierra, o ambos a la vez, para llegar a una nueva edad glaciar dentro de millones de años.

La táctica del director se basa en los efectos especiales de un guion que relata la historia de un científico cuyos avisos de lo que puede ocurrir son ignorados. La ciencia avisa, es una profecía, y cuando se cumple es la visión del desastre lo que vemos en la pantalla. Algunos modelos predicen que si Groenlandia se deshiela, la corriente podría detenerse lo que haría caer la temperatura en el sur de Europa. En la película, en enfriamiento ocurre en cuestión de horas. Es poco probable pero puede comenzar una época más fría, una nueva edad de hielo.

El mismo año del estreno comenzó el debate la película. Bogi Hansen y su grupo, del Laboratorio de Pesquerías de las Islas Feroe, escriben, en 2004, que el debilitamiento de la AMOC durante este siglo puede tener efectos sobre el clima, quizá con el enfriamiento del norte de Europa como aparece en la película. El grupo de Hansen tiene datos de temperaturas más bajas en el mar, con la salinidad en aumento desde mediados de los 70 y menos flujo de agua, hasta un 20% desde 1950. Sin embargo, como muchos otros expertos concluyen que faltan datos a más largo plazo.

Para 2018 comienza a aceptarse, con datos y modelos, que AMOC se ha debilitado. Levke Caesar y su grupo, del Instituto Postdam de Investigación sobre el Impacto del Clima, en Alemania, plantean que la reducción es del 15% desde mediados del siglo XX. Añaden, para el futuro, que si continua el calentamiento global, seguirá debilitándose la AMOC, con cambios en los flujos de agua, pérdidas en la cubierta de hielo de Groenlandia y caída de las temperaturas en el Atlántico Norte.

La propuesta del grupo de Caesar se confirma con los datos de David Thornalley y su equipo, del Colegio Universitario de Londres, con participación de Pablo Ortega del Centro de Biocomputación de Barcelona. Es un estudio sobre el Mar del Labrador, entre Groenlandia y Norteamérica y, para los autores, las evidencias apuntan a los últimos 150 años, desde 1850, al final de la Pequeña Edad del Hielo, con una reducción de la corriente en 15%-20%. Sugieren más datos para delimitar el papel de la variabilidad natural del clima y de la actividad humana con el resultado actual del debilitamiento de la AMOC. Aunque también encuentran que los cambios en la AMOC no coinciden siempre con las variaciones en la temperatura. Parece que la AMOC responde a los cambios en el clima pero que no los dirige.

De nuevo Levke Caesar y su grupo, ahora desde la Universidad de Maynooth, en Irlanda, confirmaron que AMOC había perdido fuerza según la revisión de 11 series de datos desde el año 400 a la actualidad. Al principio, AMOC permanecía estable hasta comienzos del siglo XIX. Después, se acelera el proceso desde mediados del siglo XX hasta la actualidad.

Para resumir, en 2021, Niklas Boers, después de analizar ocho índices de la AMOC sobre la temperatura en la superficie del mar y la salinidad en el Atlántico, concluye que hay evidencias empíricas consistentes de que, en el pasado siglo, AMOC ha pasado de condiciones estables a un punto crítico de transición a una circulación más lenta que puede provocar un impacto severo en el sistema climático del planeta.

Una revisión final, publicada en 2021, sobre los indicadores del cambio climático en los océanos la firma Carlos García-Soto, del Instituto Español de Oceanografía en Santander, con otros once expertos y, entre ellos, Ainhoa Caballero, de AZTI en Pasaia.Según esta:

– La temperatura del agua en la superficie del mar ha crecido, de media, 0.062ºC al año en los últimos 120 años. En la última década, de 2010 a 2019, el aumento se ha acelerado a los 0.280ºC al año.

– El contenido de calor del océano en los 2000 metros superiores, de media y a nivel mundial, ha sido de 0.35 watios por metro cuadrado en los últimos 65 años. Durante la última década, de 2010 a 2019, la tasa es el doble con 0.70.

– El pH global de la superficie del océano ha disminuido, de media, 0.1 unidades desde 1770 con la revolución industrial. El nivel medio global del mar ha aumentado de 1993 a 2019 una tasa de 3.17 milímetros por año. Entre 1900 y 2015, en 115 años, ha aumentado en 19 centímetros.

– Los niveles de oxígeno disuelto han bajado el 2% en los últimos 50 años. La extensión de hielo marino en el Ártico ha disminuido un 13.1% por década en verano y un 2.6% por década en invierno.

– Y la AMOC está en su punto más débil de varios cientos de años y se ha ralentizado más en el último siglo.

Después del estreno en Gran Bretaña, el grupo de Thomas Lowe, de la Universidad de East Anglia en Norwich, organizó un estudio para conocer si los espectadores, después de la película, diferenciaban en ella la ciencia y la ficción. Los autores preguntan a los espectadores sobre su concepto del calentamiento global antes y después del film, así como su percepción sobre si la ciencia que aparece se basa en hechos. Entrevistan a 301 espectadores, de 12 a 60 años o más, y son mujeres el 55%.

La audiencia no consigue determinar la precisión de la ciencia que aparece en la película. Según los autores, los espectaculares efectos especiales y su gran calidad hacen difícil distinguir dónde termina la ciencia y comienza la ficción. Para el 30%, los efectos especiales les ayudan a entender los hechos y, por ello, aumentó su compromiso con lo que significa el cambio climático. Casi el 44% está dispuesto a hacer algo para reducir el cambio climático.

Otro estudio sobre el efecto de la película en el público y su percepción del cambio climático lo firma Anthony Leiserowitz, de la Universidad de Yale, e incluye entrevistas a 529 espectadores. Encuentra cambios en su percepción del riesgo, los modelos conceptuales del cambio climático, las intenciones de su conducta, las prioridades políticas e, incluso, en su intención de voto en futuras elecciones. En conclusión, la representación en una película popular de riesgos ambientales puede influir en la actitud y la conducta de los ciudadanos.

Uno de los cambios en que está implicada la temperatura del agua y la AMOC es la distribución de las especies pesqueras. Ocurre, por ejemplo, con las migraciones de anguilas y angulas desde Europa y Norteamérica al Mar de los Sargazos para la reproducción. La deriva hacia el norte de la isoterma de 22.5ºC, que marca el límite norte de la reproducción de las anguilas, más la disminución del viento y la mezcla de temperaturas en profundidad afectan a la distribución de las larvas. Según Kevin Friedland y sus colegas, del Servicio Nacional de Pesquerías Marinas de Estados Unidos, la relación entre estos datos y los cambios en la AMOC sugiere que la caída en el número de angulas y anguilas que llegan a nuestros ríos en Europa y, quizá, en Norteamérica, está causada, por lo menos en parte, por el cambio climático.

En conclusión, esta película busca provocar en los espectadores una reacción ante el desastre global que puede suponer el cambio climático y, en parte, lo consigue.

Referencias:

Alonso García, M. 2021. ¿Han cambiado la temperatura y la dirección de la corriente del Golfo? El País 3 marzo.

Boers, N. 2021. Observation-based early-warning signals for a collapse of the Atlantic Meridional Overturning Circulation. Nature Climate Change 11: 680-688.

Caesar, L. et al. 2018. Observed fingerprint of a weakening Atlantic Ocean Overturning Circulation. Nature 556: 191-198.

Caesar, L. et al. 2021. Current Atlantic Meridional Overturning Circulation weakest in last millenium. Nature Geoscience 14: 118-120.

Criado, M.A. 2018. El sistema circulatorio del planeta se debilita. El País 12 abril.

Cubitt, S. 2005. Eco Media. Rodopi. Amsterdam-New York. 168 pp.

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García-Soto, C. et al. 2021. An overview of ocean climate change indicators: sea surface temperature, ocean heat content, ocean pH, dissolved oxygen concentration, Arctic Sea ice extent, thickness and volume, sea level and strength of the AMOC (Atlantic Meridional Overturning Circulation). Frontiers in Marine Science doi: 10.3389/fmars.2021.642372.

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Sobre el autor: Eduardo Angulo es doctor en biología, profesor de biología celular de la UPV/EHU retirado y divulgador científico. Ha publicado varios libros y es autor de La biología estupenda.

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