ZientZinema 1: Erin Brokovich

La biología estupenda ZientZinema Artículo 1 de 1

(c) 2000, Universal Pictures. Fair use

2000, Estados Unidos, 130 minutos, Título original: Erin Brokovich. Dir.: Steven Soderbergh. Intérpretes: Julia Roberts (Erin Brokovich, Oscar a la Mejor Actriz)., Albert Finney (Ed Masry), Aaron Erckhart (George), Marg Helgenberger (Donna Jensen), Peter Coyote (Kurt Potter). Guión: Susannah Grant. Fotografía: Ed Lachman. Música: Thomas Newman. Montaje: Anne V. Coates.

En 1996, Erin Brokovich, una mujer sin estudios universitarios, tres veces divorciada y con tres niños pequeños, consiguió la mayor indemnización pagada, 333 millones de dólares, en un proceso judicial en Estados Unidos. El pleito fue contra la compañía Pacific Gas & Electric por la contaminación con cromo hexavalente de los acuíferos de agua potable de la población de Hinkley, en California, y las enfermedades, sobre todo cáncer, que provocó en sus habitantes.

El cromo hexavalente, o cromo-6, es un compuesto carcinógeno, mutágeno, oxidante, tóxico, corrosivo y peligroso para el ambiente. Esta así clasificado por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (Environmental Protection Agency o EPA) y por la Unión Europea (UE). En la época de los hechos de la película, el cromo-6 era conocido como cancerígeno por inhalación pero no existían evidencias precisas de su toxicidad por ingestión, y así se menciona en la charla que tiene Erin Brokovich con un experto de la universidad.

Entre los problemas de salud causados por la ingestión de cromo-6 están varias formas de cáncer, enfermedades respiratorias, fallos renales, problemas gastrointestinales y reproductivos, hemorragias nasales, dolores de cabeza, tumores benignos y caída del cabello.

El cromo es un metal de transición, con el número atómico 24 de la Tabla Periódica, y elemento común en la superficie terrestre. Aparece en varios estados de oxidación que suponen diferentes propiedades y reacciones con otras moléculas, según la revisión de Giuseppe Genchi y su grupo, de la Universidad de Calabria.

El cromo-6 es la forma más peligrosa y otras fórmulas comunes son el cromo-3 y el cromo-0 o metal cromo. El cromo-3 es el más abundante en la naturaleza, se encuentra en el suelo y, en nuestra especie, interviene en el metabolismo de grasas y de glucosa. Son conocidos sus efectos beneficiosos en la obesidad y en la diabetes tipo 2.

El cromo-6, en cambio, por su utilización en procesos industriales, puede encontrarse en abundancia en suelos contaminados. Es carcinógeno e induce cambios en el ADN, en histonas y en el ARN. En la industria se utiliza el cromo-6 en la fabricación de colorantes, pigmentos, ladrillos para hornos y preservar piel y madera.

En 1958, la OMS recomendaba un nivel máximo de 0.05 miligramos por litro de agua potable. Entonces la EPA tenía como límite 0.10 ppm y en Hinkley la concentración era 0.58 ppm. En la actualidad, la EPA y la UE marcan 0.05 ppm para cromo-6 y cromo-3, sin diferenciarlos, aunque el cromo-6 es más tóxico y, por tanto, el nivel permitido debería ser más bajo. La Comunidad Autónoma del País Vasco (CAPV) y el Ministerio de Medio Ambiente han tenido en cuenta la diferente peligrosidad y el nivel permitido para cromo-6 es de 0.005 miligramos por litro.

El cromo-6 ingerido, cuando llega al estómago, pasa a cromo-3 por la acción del ácido clorhídrico de la digestión. En principio, el cromo-3 es inocuo para la salud. Todo el proceso se repasa en la revisión de Hong Sun y sus colegas, de la Universidad de Nueva York, y publicada en 2015. El cromo-3 es más estable y tiene una entrada más difícil en las células pues no atraviesa la membrana celular.

Sin embargo, una pequeña parte del cromo-6 llega a las células, pasa la membrana y penetra en su interior. En el citoplasma pasa a cromo-3, con liberación de sustancias oxidantes que actúan sobre las proteínas y el ADN. Además, el propio cromo-3, en el interior de la célula, también se une al ADN, y provoca mutaciones. Las sustancias oxidantes y el cromo-3 y las mutaciones que provocan pueden ser carcinogénicas.

El cromo-6 se utiliza en la industria de la fabricación de acero para impedir su oxidación. Era el método anticorrosión en los sistemas de refrigeración de gas de la Pacific Gas & Electric en su planta de Hinkley. Entre 1952 y 1966, la empresa añadió cromo-6 al agua para evitar la corrosión de los pistones de las torres de refrigeración. Una vez utilizado, se almacenaba en piscinas al aire libre en el exterior de la planta. Para evitar filtraciones al subsuelo, las piscinas deberían estar selladas pero la empresa no lo hizo y el cromo-6 llegó al acuífero de Hinkley y contaminó el agua potable que utilizaban sus habitantes. En el juicio se demostró que la Pacific Gas & Electric lo sabía desde 1967. Los vertidos tóxicos se descubrieron veinte años después, en 1987. El Control de la Calidad del Agua de California ordenó la limpieza de las zonas contaminadas. El aviso aparece en la película durante la revisión de documentos que hace Erin Brokovich en la Junta de Aguas. Se mencionan los niveles excesivos de cromo-6. La fecha del aviso es el 7 de diciembre de 1987.

Cratel de protesta a la entrada de Hinkley (California): «PG&E [Pacific Gas &Electric] lo hizo, y siempre lo supo, ¡¡desde 1952!!»
La Pacific Gas & Electric comenzó a comprar las granjas y terrenos cercanos para que los enfermos marcharan lejos y, así, fuera difícil demostrar la intervención de la empresa en los hechos. Fue lo que descubrió Erin Brokovich al comienzo de su investigación para Ed Masry al encontrar escrituras de venta de terrenos y casas junto a certificados médicos de las enfermedades de los vendedores.

No se conocían datos confirmados sobre los niveles de cromo-6 en el acuífero de Hinkley. Los valores que presentaba la Pacific Gas & Electric y la Administración eran más bajos que los obtenidos por una empresa contratada por los demandantes. Además, no era fácil determinar, debido a los muchos años en que habían estado expuestos, el riesgo que habían sufrido los habitantes de Hinkley.

En 1987, los propios empleados de la Pacific Gas & Electric detectaron niveles de hasta 0.58 miligramos por litro, es decir, por lo menos diez veces más de lo recomendado.

El acuerdo con Pacific Gas & Electric para la indemnización de los 333 millones de dólares se aceptó el 2 de junio de 1996.

Las decisiones regulatorias y políticas sobre tóxicos y los riesgos que suponen para el ambiente y la salud humana siempre incluyen incertidumbre. Son muchos los pasos a dar entre la etapa inicial de evaluación de los riesgos y la reglamentación final, nunca definitiva. La toma de decisiones de los reguladores se llena de incertidumbre por el gran número de variables que deben revisar. Sin embargo, la ciencia no puede determinar con certeza el nivel exacto en que un compuesto químico es un riesgo real. Por tanto, los reguladores deben desarrollar y proponer estándares de salud humana y ambiental cuantitativos basados en la evaluación de riesgos.

El proceso de evaluación tiene cuatro componentes. En primer lugar, hay que identificar el riesgo; después, concretar la relación entre dosis del compuesto y la respuesta que provoca; hay que evaluar la exposición el compuesto, más o menos intensa y cercana; y, finalmente, caracterizar el riesgo.

A veces, si se trata del riesgo de provocar cáncer, los modelos propuestos varían en diez órdenes de magnitud. Hace un tiempo se dijo, muy gráficamente, que era como no saber si tienes suficiente dinero para pagar una taza de café o la deuda nacional, y no hay forma de averiguarlo, como escribieron Sidney Shapiro y Thomas McGarity, de las universidades de Kansas y de Texas. Y con estas dudas, los científicos deben extrapolar los riesgos para los humanos a partir de estudios en otras especies animales.

Cuando se reglamenta sobre niveles seguros de tóxicos, las comisiones encargadas se ven influidas por presiones exteriores, sobre todo de las industrias y los políticos. En el caso del cromo-6, David Egilman, de Attleboro, en Estados Unidos, relata el proceso en California, antes y después del estreno de Erin Brokovich, y la influencia de los lobbies y de los medios en los debates de la regulación de niveles para este tóxico.

Desde finales de los ochenta se conoce la toxicidad del cromo-6. En un estudio sobre la mortalidad por cáncer en una zona industrial en Grecia, en Oinofita, Athena Linos y sus colegas, de la Universidad de Atenas, revisan que, a nivel celular, es un carcinógeno muy activo y hay tasas de cáncer muy elevadas, sobre todo cáncer de hígado y de pulmón.

Resultados parecidos han encontrado Priti Sharma y su grupo, del Instituto Indio de Investigación en Toxicología de Lucknow, en la India, en un estudio publicado en 2012. Encuentran vertidos de agua que toma un color verdoso con cromo-6. La población presenta desórdenes digestivos, cutáneos y anormalidades en la sangre.

Uno de los estudios más en debate y más utilizados en California para reglamentar el nivel de cromo-6 en el agua, trataba de los efectos de la exposición oral cerca de una zona industrial en la provincia de Liaoming, en China. El artículo, publicado en chino, lo firmaba J.D. Zhang, y daba altas tasas de mortalidad por cáncer de pulmón y de estómago. Fue revisado por varios expertos que confirmaron los resultados.

Se publicó en 1987, pero en 2009, otro estudio, también firmado por Zhang y con muestras de lugares cercanos, concluía que las tasas de cáncer no se diferenciaban de las habituales en la población en general. Este fue el estudio utilizado en California para rebatir el riesgo ambiental del cromo-6 durante el proceso de reglamentación. El estudio de Zhang de 2009 se consideró que demostraba que el original de 1987 era erróneo. Egilman relata el proceso en detalle, incluidos los cambios de criterio.

Para febrero de 2007, todavía una amplia extensión del acuífero de Hinkley tenía cromo, incluyendo el 6, con concentraciones superiores a 0.05 miligramos por litro. El 26.7% de los habitantes de Hinkley mayores de cinco años, en el año 2000, tenían alguna discapacidad, frente al 19.3% de media nacional en Estados Unidos. En 2010, el censo de Hinkley era de 1962 habitantes. A finales de los noventa, cuando comenzaban los trámites para la denuncia de la Pacific Gas & Electric, eran unos 3500 habitantes.

Para terminar, el enfoque emocional y melodramático, centrado en Julia Roberts y su personaje, es, según explica Alexa Welk von Mossner, de la Universidad de Klagenfurt, en Austria, aleja la película de un verdadero film de lo que Paula Willoquet-Maricondi, del Colegio Champlain de Vermont, clasifica como ecocinema.

Falta el objetivo activista habitual del ecologismo y, para ello, destacar la responsabilidad de las prácticas de la especie humana que afectan a la salud del planeta. Al final de la película, la contaminación del suelo y del agua y el daño a la salud humana quedan por debajo de la lucha individual y el heroísmo de los protagonistas. Además, la culminación de la trama es la indemnización y los millones de dólares que supone, y no lo es la salud y el futuro, que no se cuenta, de los trabajadores afectados y de sus vecinos.

Referencias:

Arroio, A. 2007. The role of cinema into science education. Problems of Education in the 21st Century 1: 25-30.

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Kerger, B.D. et al. 2009. Cancer mortality in Chinese populations surrounding an alloy plant with chromium smelting operations. Journal of Toxicology and Environmental Health A 72: 329-344.

Linos, A. et al. 2011. Oral ingestion of hexavalent chromium through drinking water and cancer mortality in an industrial area of Greece – An ecological study. Environmental Health 10: 50.

Menéndez-Navarro, A. 2011. The vindication of non-expert knowledge in the defense of public health: Erin Brokovich. Journal of Medicine and Movies 7: 54-60.

Shapiro, S.A. & T.O. McGarity. 1991. Not so paradoxical: The rationale for technology-based regulation. Duke Law Journal 729.

Sharma, P. et al. 2012. Groundwater contaminated with hexavalent chromium [Cr(VI)]: A health survey and clinical examination of community inhabitants (Kanpur, India). PLOS One 7: e47877.

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Weik von Mossner, A. 2014. Melodrama, emotion, and environmental advocacy: A cognitive approach to Erin Brokovich. Anglia 132: 292-309.

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Willoquet-Maricondi, P. 2010. Shifting paradigms. From environmentalist films to ecocinema. En “Framing the world: Explorations in ecocriticism and film (Under the sign of nature. Explorations in ecocriticism)”, p. 43-61. Ed. por P. Willoquet-Maricondi. University Press of Virginia. Charlottesville.

Zhang, J.D. et al 1987. Chromium pollution of soil and water in Jinzhou (en chino). Zhonghua Yu Fang Yi Xue Za Zhui 21: 262-264.

Sobre el autor: Eduardo Angulo es doctor en biología, profesor de biología celular de la UPV/EHU retirado y divulgador científico. Ha publicado varios libros y es autor de La biología estupenda.

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