El misterio de la cara oculta de la Luna

Fronteras

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El misterio de la cara oculta de la Luna

La Luna tarda lo mismo en dar una vuelta alrededor de la Tierra que sobre sí misma, es por eso que siempre nos muestra —o nos oculta— la misma cara. Y ya sabemos qué hacemos los seres humanos cuando una parte del mundo permanece fuera de nuestro alcance: tratamos de rellenar ese vacío con los medios que tenemos y alguna suerte de mitología o teoría al respecto hasta que la ciencia proporciona una explicación más rigurosa y fiable.

La cara oculta de la Luna, ante la ausencia de datos, fue durante muchísimo tiempo un espacio ideal para la especulación: civilizaciones alienígenas escondidas, portales hacia otros mundos, fantasías conspiranoicas sobre enclaves militares secretos… en resumen, era un lugar en el que proyectar nuestros miedos, deseos o fantasías. En realidad, la Luna entera lo fue. No es tan sorprendente que los primeros astrónomos vieran en ella mares, continentes y volcanes donde hoy sabemos que hay extensas planicies de lava solidificada; áreas más elevadas, compuestas principalmente de anortosita, y cráteres de impacto. Pero la cara oculta siempre estuvo envuelta por un misterio, si cabe, mayor. La cara visible, al fin y al cabo, al menos se podía cartografiar.

Los soviéticos

El inicio de la carrera espacial dio un vuelco a eso. La sonda soviética Luna 3 nos permitió, en 1959, echar un primer vistazo a lo que había en esa región de nuestro satélite que nunca, en toda la historia de la humanidad, habíamos observado —no eran extraterrestres, una lástima—. La sonda tomó la primera foto el 7 de octubre, y haría veintinueve más que cubrirían un total del 70 % de la cara oculta. Aunque las fotos no era muy nítidas, se podía apreciar en ellas que, a diferencia de la cara visible, al otro lado apenas había mares y el número de cráteres era mucho mayor. Seguramente no era el misterio al que queríamos enfrentarnos, pero lo cierto es que no dejaba de ser un misterio. ¿Por qué los dos hemisferios de la Luna no eran más o menos uniformes?

cara oculta de la LunaReproducción a tamaño natural de la sonda Luna 3 que se encuentra en el Museo de las Csomonáutica de Moscú y primera foto de la cara oculta de la Luna. Imágenes:CC0 1.0 Universal; Dominio público

Las siguientes imágenes llegaron seis años después, cuando otra sonda soviética, la Zond 3, envió veintiocho más —veinticinco en el rango visible y tres en el ultravioleta— como parte de un programa cuyo objetivo principal era desarrollar la tecnología necesaria y preparar el envío de vuelos tripulados al espacio. Estas fotografías eran algo más nítidas, y no solo ayudaron a completar el mapeado de la parte de esa superficie que aún faltaba, sino que confirmaron la asimetría que ya había mostrado Luna 3. Para entonces, la pugna por ser los primeros en poner un ser humano en nuestro satélite había comenzado, y a los esfuerzos soviéticos por saber más de él se unieron los estadounidenses con el programa Lunar Orbiter. Las cinco misiones que formaron parte de él, todas exitosas, no solo ayudaron a identificar posibles zonas seguras de aterrizaje para las misiones Apolo; también proporcionaron material para cartografiar casi toda la superficie lunar, incluida la que no se veía desde la Tierra. Sin embargo, lejos de aclarar nada, aquellas imágenes empezaban a dejar de ser una curiosidad cartográfica para convertirse en un enigma geológico.

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Primera foto de la Tierra desde la órbita lunar, tomada por la sonda Lunar Orbiter 1 en 1966. Imagen:: NASA Apollo Archive/William Anders

Los estadounidenses

Luego llegaron las misiones Apolo. En 1968, Frank Borman, James Lovell y William Anders, durante la misión Apolo 8, se convertirían en los primeros seres humanos en ver la cara oculta de la Luna con sus propios ojos.[1] Al año siguiente, el alunizaje del Apolo 11 —en la cara visible, eso sí—, cambiaría para siempre la relación con nuestro satélite; este dejó de ser territorio desconocido, dejó de ser un reto, perdió el interés. Tras el viaje del Apolo 17 en 1972, tan solo se pasaron por allí algunas misiones no tripuladas del programa Luna soviético, ninguna aterrizó en la cara oculta —sí en la visible, y se obtuvieron incluso muestras—, aunque sí se siguieron enviando datos de ese hemisferio recogidos por los orbitadores. Después, desde 1976 y hasta 1994, la Luna se quedó prácticamente sola.

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Lovell, Anders y Bornan, los primeros seres humanos en ver la cara oculta de la Luna a bordo del Apolo 8. Imagen: NASA

Aún así, la cuestión de las grandes diferencias entre las caras visible y oculta de la Luna siguió ahí. Empezaron a llegar las primeras explicaciones: procesos volcánicos desiguales en un lado y en otro; una corteza más gruesa en el lado oculto, que habría impedido la salida del magma y, por tanto, la formación de mares que cubrieron los cráteres de un lado, pero no del otro; una distribución desigual del calor interno… pero ¿por qué sucedería algo así?

A principios de los noventa, la misión Galileo (NASA) haría un pequeño sobrevuelo alrededor de la Luna en su camino a Júpiter, tomando más fotos de la cara oculta, pero hubo que esperar a las misiones Clementine (NASA) y Lunar Prospector (NASA) para disponer de datos actualizados, sistemáticos y homogéneos de toda la superficie del satélite, tanto cartográficos como de composición. Con la llegada del siglo XXI, más sondas se asomarían a la cara oculta de la Luna, como SMART-1 (ESA), Kaguya (JAXA), Lunar Reconnaissance Orbiter (NASA), Beresheet (SpaceIL e Israel Aerospace Industries) hasta que las misiones Chang’e, de la Administración Espacial Nacional China, conseguirían un nuevo hito: aterrizar allí.

Los chinos

El 3 de enero de 2019, la sonda Chang’e 4 se posó en la cara oculta de la Luna, llevando consigo un rover que sigue en activo, Yutu-2, y nos envió las primeras fotos desde su superficie. Esta sonda nos permitió analizar la composición del suelo en una de las regiones más antiguas y profundas de nuestro satélite, la cuenca Aitken, que reveló diferencias químicas entre sus dos caras. Chang’e 6, en 2024, iría más allá, trayendo muestras a la Tierra que permitieron un análisis mucho más minucioso.

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Panorámica del lugar de aterrizaje de la sonda Chang’e 4 en la cara oculta de la Luna. Imagen: CC BY 4.0/CNSA

El enigma de la cara oculta continúa

¿Solucionó esto el misterio de las diferencias entre los dos hemisferios lunares? Pues lo cierto es que no del todo. A grandes rasgos, la hipótesis general, no exenta de debate, es que, durante las primeras etapas de formación de la Luna, la mitad que mira hacia la Tierra estaba más caliente y tenía una corteza más fina, lo que permitió la salida del magma y la formación de mares. La otra mitad, en cambio, estaba más fría y tenía una corteza más gruesa que impidió que el magma aflorara con tanta facilidad, conservando así su aspecto lleno de cráteres. ¿Y los motivos de ese desequilibrio en cuanto a la actividad volcánica o la temperatura? Ahí es cuando entran en escena modelos que proponen que algo sucedió para que se desencadenara, como el impacto gigantesco que formó la cuenca de Aitken y que podría haber alterado los patrones de circulación del manto, evento sobre el que los datos y muestras recogidos por las misiones Chang’e podrían aclarar muchos matices. Así que el enigma, por el momento continúa, al menos en cierta medida.

En este sentido, las nuevas misiones Artemis no irán a la cara oculta de la Luna, sino a su polo sur, pero si el sobrevuelo reciente de Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen nos ha mantenido por un momento delante de nuestras pantallas, maravillados ante lo desconocido, y nos ha hecho volver a preguntarnos qué pasa en el lado invisible de nuestro satélite… bienvenido sea.

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Foto tomada desde Artemis II durante su sobrevuelo de la cara oculta de la Luna. Imagen: NASA

Bibliografía

Loske, A., & Massey, R. (2019). Luna: Arte, ciencia, cultura. Ediciones Akal.

NASA. (s. f.). Moon. NASA. https://science.nasa.gov/moon/

Siddiqi, A. A. (2002). Deep space chronicle: A chronology of deep space and planetary probes, 1958–2000. NASA.

Nota:

[1] También fueron los primeros en salir de la órbita terrestre baja, en ver la Tierra completa desde el espacio y en ver un amanecer terrestre desde la Luna. De esta misión es también la famosísima foto Earthrise, muy parecida a la que aparece en este artículo de la Lunar Orbiter 1.

Sobre la autora: Gisela Baños es divulgadora de ciencia, tecnología y ciencia ficción.

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