Que no te den cuarzos por diamantes

Fronteras

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Que no te den cuarzos por diamantes

Últimamente es muy habitual encontrar en las redes sociales vídeos protagonizados por personas que rebuscan entre los cantos rodados de un pequeño riachuelo y, sin apenas esfuerzo, encuentran un mineral brillante que nos describen como una gema preciosa de incalculable valor. En mi caso, cada vez que me aparece uno de estos vídeos, en lugar de entrarme envidia o pensar en los bonitos colgantes que me haría con esa hermosa roca, suele venirme a la cabeza una antigua expresión que los define a la perfección: no es oro todo lo que reluce.

Desde tiempos inmemoriales, los seres humanos hemos sentido atracción por los minerales más brillantes, con los colores más llamativos y, sobre todo, menos abundantes presentes a nuestro alrededor. Llegando, incluso, a convertirlos en símbolos de poder y riqueza. Y eso, por supuesto, ha agudizado la picaresca, llevando a mucha gente a buscar minerales más comunes, pero cuya coloración y aspecto puedan dar el pego, para hacerlos pasar por piedras preciosas y generar así un lucrativo negocio.

Para evitar que os engañen en ventas fraudulentas realizadas fuera del control de joyerías autorizadas y con todos los documentos de autenticación en regla, os voy a presentar los ejemplos más comunes de “gato por liebre” en el ámbito de las piedras preciosas.

no es oro todo lo que reluce
A) Cuarzo transparente de Brasil; B) cuarzo violeta, o amatista, de Siberia; C) cuarzo amarillo, o citrino, de Rusia; D) diamante en bruto de Sudáfrica; E) zafiro en bruto de Madagascar; F) topacio de Brasil. Imágenes de A) y F) Didier Descouens; B) Marie-Lan Taÿ Pamart; C) y D) Géry Parent; E) Kluka; todas tomadas de Wikimedia Commons.

El cuarzo es uno de los minerales más abundantes en la corteza terrestre. Aunque generalmente es incoloro, dependiendo de la presencia de ciertos elementos químicos en su composición estructural, puede adoptar diversas coloraciones. Y esto lo convierte en el mineral más confundido con numerosas gemas de gran valor. Así, los cristales irregulares de cuarzo transparente pueden mimetizarse con diamantes en bruto; la versión violeta, llamada amatista, es muy similar al aspecto del codiciado zafiro púrpura; y la variedad de tonos amarillentos, conocido como cuarzo citrino, podría confundirse con el topacio. La manera más fácil de diferenciar estos minerales sin acabar haciendo un análisis químico, es calculando su dureza en la famosa escala de Mohs: el cuarzo tiene una dureza de 7, el topacio de 8, el zafiro de 9 y el diamante de 10. Pero estas diferencias en la resistencia que ofrecen a ser rayados, es decir, en su dureza, únicamente se pueden calcular con certeza empleando herramientas especializadas de gemología, no con los utensilios que tenemos en casa.

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A) Variedad de granate de color rojo intenso de Madagascar; B) variedad de olivino de color verde brillante de Pakistán; C) rubí de Tanzania; D) esmeralda de Colombia. Imágenes de A) Kluka; B) y C) Robert M. Lavinsky; D) Géry Parent; todas tomadas de Wikimedia Commons.

Algo similar ocurre con los granates de tonos rojos más oscuros y los olivinos verdes brillantes. Ambos grupos de minerales son considerados como piedras semipreciosas, un término que se utiliza en aquellos ejemplares que, aunque tienen valor en joyería, son relativamente comunes en la naturaleza, lo que provoca que su precio en el mercado no sea muy elevado. En este caso, estos minerales se suelen confundir que dos tipos de gemas muy preciadas, el rubí y la esmeralda. Para diferenciarlos, de nuevo hay que acudir a un laboratorio de gemología para que calcule su dureza según la escala de Mohs: entre 6.5 y 7 para el granate, 9 para el rubí, alrededor de 6.5 para el olivino y de 7.5 a 8 para la esmeralda.

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A) Variedad de fluorita de color azul de Italia; B) variedad de fluorita de color verde de China; C) variedad de fluorita de color rosada de México; D) variedad de fluorita de color amarillento. Imágenes de A) Giovanni Dall’Orto; B) Marie-Lan Taÿ Pamart; C) Robert M. Lavinsky; D) M. Schaap; todas tomadas de Wikimedia Commons

Otro mineral tan camaleónico como el cuarzo, gracias a la química, es la fluorita. Podemos encontrar variedades con tonos azulados, violetas, verdes, rosados o amarillentos, todas ellas con la misma dureza de 4 en la escala de Mohs. Variedades que se pueden confundir con piedras preciosas como rubís, zafiros, esmeraldas o topacios que, como ya hemos visto antes, tienen durezas superiores a 7. Pero aquí sí que os puedo dar un truco muy útil para diferenciarlos en vuestra propia casa, ya que los minerales de dureza 4 se pueden rayar con una navaja de acero, mientras que aquellos con durezas superiores a 7 ni se enteran del roce del acero. De hecho, por si os quedan dudas, los minerales de dureza 7 en adelante son capaces de rayar un vidrio, mientras que la fluorita no le hace ni cosquillas.

no es oro todo lo que reluce
A) Agregado de cristales de pirita de Suecia; B) pepita de oro de Estados Unidos. Imágenes de A) W. Carter; B) Robert M. Lavinsky; todas tomadas de Wikimedia Commons

Para terminar, voy a cerrar el círculo volviendo a la expresión que he comentado al principio de este artículo. Seguro que habéis oído alguna vez que la pirita se conoce como “el oro de los tontos”. Esto se debe a que se trata de un mineral con colores dorados y brillo metálico, muy similar al aspecto que presenta el oro cuando se encuentra en los yacimientos naturales. Pues aquí también os voy a enseñar a distinguir ambos minerales de una manera fácil y rápida. En este caso, no vamos a utilizar la dureza, sino otra propiedad llamada raya. Sin entrar en detalles de lo que significa, el truco consiste en coger un fragmento de cerámica no vidriada ni esmaltada y raspar contra ella el mineral. Si se queda una marca de tonos verdosos oscuros o negros, se trata de pirita. Si, por el contrario, la marca es amarilla, tenemos oro.

Como veis, no me he metido a hablar sobre minerales sintéticos o vidrios coloreados creados para imitar piedras preciosas. Creo que la naturaleza ya nos ofrece suficientes ejemplos de por qué no debemos fiarnos cuando nos ofrecen una hermosa gema a un precio demasiado goloso, aunque el vídeo en redes sociales se vea muy realista. Sin embargo, como geóloga, creo que todos los minerales, por muy comunes que sean, nos cuentan historias maravillosas de millones de años. Así que, para mí, cada uno de ellos es una verdadera joya con un valor incalculable.

Sobre la autora: Blanca María Martínez es doctora en geología, investigadora de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y colaboradora externa del departamento de Geología de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la EHU

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