El impacto de los tatuajes en el sistema inmunitario

Investigación UPV/EHU

5 min

El impacto de los tatuajes en el sistema inmunitario

El impacto de los tatuajes en la salud humana siempre ha estado en el punto de mira. Esta vez, un equipo de investigación suizo ha analizado la toxicidad que produce la tinta de los tatuajes y la respuesta del sistema inmunitario mediante la observación de los ganglios linfáticos.

tatuajes
Foto: benjamin lehman / Unsplash

La moda de los tatuajes no se trata de una tendencia actual pues se han encontrado vestigios en momias de hace más de 5.200 años. La palabra tatuaje proviene del término inglés tatoo, término que se la atribuye al capitán James Cook. Cook observó que en Tahití los nativos realizaban dibujos en la piel y los denominaban tatau. La industria del tatuaje es un mercado en constante crecimiento. En 2025 facturó 2.200 millones de dólares, y se prevé que en 2030 alcance los 5.000 millones. Según estimaciones actuales, una tercera parte de la población mundial tiene al menos un tatuaje, por lo que, si tuviesen algún impacto en la salud, no sería una cuestión baladí.

Los tatuajes se insertan en la dermis de la piel

La piel está compuesta por tres capas: la epidermis, la dermis y la hipodermis. La epidermis es un tejido epitelial que está formado por varias capas, no está vascularizado, y tiene en la superficie una capa protectora de una proteína llamada queratina. Debajo se encuentra la dermis, un tejido conjuntivo, donde se encuentran, entre otros elementos, pequeños vasos sanguíneos, vasos linfáticos, fibras nerviosas y varias células del sistema inmunológico. Bajo la dermis se encuentra la hipodermis, una zona formada principalmente por tejido adiposo. El tejido adiposo, conocido también como grasa, nos proporciona aislamiento térmico entre otras funciones.

La epidermis es un epitelio estratificado que se renueva constantemente. En su capa inferior se encuentran las células madre, y las células situadas en las capas superiores de la epidermis, a medida que mueren, son sustituidas por otras nuevas que ascienden desde las capas inferiores. Por lo tanto, no tendría sentido hacer un tatuaje en la epidermis si lo que pretendemos es que dure toda la vida. Los tatuajes permanentes se insertan en la dermis porque esta capa no se renueva tantas veces como la epidermis.

La respuesta del sistema inmunitario

Cuando la tinta del tatuaje se introduce en la dermis, las células del sistema inmunitario de nuestro organismo —especialmente los macrófagos— intentan eliminarla al considerarla un elemento extraño. Los macrófagos son capaces de fagocitar las sustancias extrañas mediante un proceso denominado fagocitosis y destruirlas en sus lisosomas. Sin embargo, con las tintas no ocurre lo mismo: aunque las fagocitan, no son capaces de destruirlas y terminan muriendo. Tras su muerte, otro macrófago fagocita la tinta, y este proceso se repite una y otra vez. La repetición continua de este proceso provoca inflamación, pero nuestro organismo procesa dicha tinta de otra manera.

Tal y como hemos mencionado anteriormente, en la dermis existen vasos linfáticos. Esos vasos linfáticos recogen los líquidos y sustancias que no son captados por el sistema cardiovascular y están presentes entre las células. A lo largo del sistema linfático aparecen, de forma intercalada, los ganglios linfáticos. Los ganglios linfáticos son pequeñas estructuras encapsuladas, en las que la linfa es inspeccionada desde un punto de vista inmunológico por las células inmunitarias, que se encuentran de forma permanente y en gran concentración en estos pequeños órganos. Si en los ganglios se detecta alguna sustancia extraña, las células del sistema inmunitario reaccionan para destruirla.

Efectos a largo plazo

En esta ocasión, un equipo de investigación del Instituto Suizo de Investigación Biomédica ha descrito el efecto que las tintas de los tatuajes tienen principalmente en los ganglios. Del mismo modo que ocurre en la dermis, en los ganglios también hay macrófagos que fagocitan la tinta e intentan destruirla, aunque no lo consiguen. Las células del sistema inmunitario tratan constantemente de combatir la tinta, aunque sin éxito. Si tenemos en cuenta que en los ganglios la concentración de células del sistema inmunitario es muy elevada —mayor que en la dermis—, la reacción es aún más intensa.

Esa reacción persistente provoca una inflamación crónica, que a largo plazo puede favorecer la aparición de enfermedades autoinmunes o cáncer. Otro efecto de la inflamación crónica es el agotamiento de las células inmunológicas. El trabajo continuo de estas células podría producir que se agoten sin llegar a conseguir su objetivo, lo cual influiría en el funcionamiento del sistema inmunitario. Un sistema inmunitario agotado tiene menor capacidad para hacer frente a futuras enfermedades y las vacunas tampoco son tan efectivas en esos casos.

El tamaño importa

Contodo, no todos los tatuajes son iguales. Los científicos apuntan a que, de alguna manera, la superficie del tatuaje influye en estos efectos. Es decir, los tatuajes de mayor superficie generarían una respuesta inmunitaria más intensa que los pequeños. Por lo tanto, según parece, el riesgo aumenta a medida que aumenta el tamaño del tatuaje.

Referencia:

Capucetti A, Falivene J, Pizzichetti C, Latino I, Mazzucchelli L, Schacht V, Hauri U, Raimondi A, Virgilio T, Pulfer A, Mosole S, Grau-Roma L, Bäumler W, Palus M, Renner L, Ruzek D, Goldman Levy G, Foerster M, Chahine K, Gonzalez SF. (2025) Tattoo ink induces inflammation in the draining lymph node and alters the immune response to vaccination Proc Natl Acad Sci U S A. doi: 10.1073/pnas.2510392122.

Sobre el autor: Iker Badiola Etxaburu es doctor en biología, Profesor Pleno en la Facultad de Medicina y Enfermería de la EHU, y director de la Cátedra de Cultura Científica de la EHU

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