Sistemas nerviosos: la médula espinal

La médula espinal es un cordón cilíndrico de tejido nervioso que se extiende desde el tallo encefálico hacia la parte posterior o inferior del cuerpo a lo largo (en humanos) de unos 45 cm. Es la parte del sistema nervioso que retiene la organización segmentada propia de varios grupos de invertebrados. Sale del cráneo a través de un orificio en el cráneo relativamente amplio y se encuentra protegido en el interior de una columna vertebral. A lo largo de su recorrido salen de la médula varios pares de nervios, llamados espinales, cuyo su número varía entre especies.

Como en la corteza cerebral, también en la médula se distinguen materia blanca y materia gris. En la médula la materia gris se dispone en el interior, adoptando un perfil semejante a una mariposa; está constituida por cuerpos neuronales sin vaina de mielina con sus dendritas, algunas pequeñas interneuronas y células de glía. La materia blanca está organizada en tractos, que son fascículos de fibras nerviosas mielinadas consistentes en axones de interneuronas de gran longitud. Los fascículos están organizados en columnas que se extienden a lo largo de toda la médula. Cada uno de esos tractos comienza o termina en un punto particular del encéfalo, y cada uno es específico del tipo de información que transmite. Unos ascienden hasta el encéfalo; son fibras aferentes que conducen señales sensoriales. Otros descienden; son fibras eferentes y conducen señales hacia músculos u otros órganos efectores.

Los nervios espinales (fascículos de axones) conectan con cada lado de la médula mediante una raíz dorsal y una raíz ventral. Las fibras aferentes entran por la raíz dorsal, mientras las eferentes salen por la ventral. Los cuerpos celulares de las neuronas aferentes se concentran en un ganglio de la raíz dorsal; los de las neuronas eferentes, sin embargo, se encuentran en la propia médula, en la materia gris, y envían axones a través de la raíz dorsal. Ambas raíces se unen en único nervio al salir de la médula, un nervio que, por lo tanto, transmite información en las dos direcciones de manera independiente. Estos nervios espinales, junto con los craneales, forman parte de lo que se conoce como sistema nervioso periférico, al que ya nos referimos aquí. Una vez salen de la médula, los nervios espinales se van ramificando, formando una amplia red nerviosa que sirve a los tejidos, tanto para recibir información de ellos o del entorno, como para enviar señales que den lugar a actuaciones.

La médula espinal cumple dos funciones. (1) Por un lado, es el canal por el que se transmite información entre el encéfalo y las diferentes partes del cuerpo (órganos receptores y efectores). (2) Y por el otro, integra actividad entre inputs aferentes (señales sensoriales) y outputs aferentes (señales motoras), sin que tenga que intervenir el encéfalo. La ruta que se establece entre esas neuronas aferentes y eferentes, con el concurso de una pequeña interneurona es un arco reflejo. Y a esos reflejos se les denomina espinales. En ocasiones la médula espinal es el origen de determinados movimientos repetitivos, como ocurre en aves (los pollos pueden andar sin que el encéfalo intervenga) y en peces (pueden nadar y mantener funciones viscerales sin control encefálico).

Por último, las fibras preganglionares del sistema nervioso simpático (que es parte del sistema periférico autónomo) parten de la región torácico-lumbar de la médula espinal. Cada una de ellas establece sinapsis, a su vez, con una fibra (postganglionar) en el correspondiente ganglio. Igualmente, las tres fibras espinales del sistema parasimpático también parten de la médula y establecen conexiones sinápticas con ganglios terminales que se encuentran en los órganos diana o su proximidad inmediata. Estas son las vías mediante las cuales el sistema nervioso central controla la actividad del sistema autónomo.

Fuentes:

David Randall, Warren Burggren & Kathleen French (2002): Eckert Animal Physiology: Mechanisms and Adaptations 5th ed.; Freeman & Co, New York

Lauralee Sherwood, Hillar Klandorf & Paul H. Yancey (2005): Animal Physiology: from genes to organisms. Brooks/Cole, Belmont.

Sobre el autor: Juan Ignacio Pérez (@Uhandrea) es catedrático de Fisiología y coordinador de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU

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