Polvo de estrellas en la Antártida recuerdo de nuestro viaje interestelar

Experientia docet

4 min

Polvo de estrellas en la Antártida recuerdo de nuestro viaje interestelar

En mitad del espacio interestelar, entre las estrellas más cercanas al Sol, flotan enormes nubes tenues de gas y polvo cósmico. El Sistema Solar atraviesa actualmente una de ellas: la llamada Nube Interestelar Local. Aunque parezca un entorno vacío, esa nube conserva restos de antiguas explosiones estelares, y parte de ese material acaba cayendo lentamente sobre la Tierra.

interestelar
Posición actual del Sistema Solar en su trayectoria a través de la Nube Interestelar Local. El perfil de concentración de la nube se conserva como una huella de polvo interestelar en las muestras de hielo antártico.

El análisis de hielo antártico ha permitido reconstruir ahora parte de ese viaje cósmico. El equipo de investigación ha encontrado en capas de hielo de entre 40.000 y 80.000 años de antigüedad diminutas cantidades de hierro-60, un isótopo radiactivo que prácticamente no se produce de forma natural en la Tierra. Su origen está en el interior de estrellas masivas que terminaron explotando como supernovas.

Trayectoria del Sistema Solar a través de la Nube Interestelar Local (Local Cloud). La nube podría haberse formado por las ondas de choque de supernovas, que también habrían producido el isótopo ⁶⁰Fe. Al analizar este isótopo en el hielo antártico, los científicos están descubriendo más sobre la Nube Interestelar Local y el paso de la Tierra a través de ella. Ilustración: NASA / Adler / University of Chicago / Wesleyan.

El hallazgo es importante porque confirma que nuestro planeta sigue acumulando material procedente del espacio interestelar mientras el Sistema Solar avanza por la galaxia. Y también porque ese material parece estar relacionado con la propia nube interestelar que atravesamos actualmente.

La Antártida es uno de los mejores lugares del mundo para buscar estas señales. La nieve se acumula lentamente y queda atrapada como hielo en capas muy estables, como si fuese un archivo natural del entorno terrestre y espacial. Cada estrato conserva partículas y elementos presentes en la atmósfera en el momento en que se formó.

Para detectar el hierro-60, el equipo tuvo que procesar cientos de kilos de hielo extraído de un núcleo perforado en la Antártida dentro del proyecto EPICA (European Project for Ice Coring in Antarctica, Proyecto Europeo de Muestreo de Hielo en la Antártida). Tras fundirlo y separar químicamente sus componentes, analizaron los residuos con espectrometría de masas con acelerador, una técnica extremadamente sensible capaz de identificar unos pocos átomos concretos entre billones de ellos.

El hierro-60 ya se había encontrado antes en sedimentos oceánicos y en nieve antártica reciente. Sin embargo, seguía sin estar claro si procedía de antiguas supernovas ocurridas hace millones de años o si existía una fuente más cercana y continua.

interestelar
El Complejo de Nubes Moleculares de Orión es un tipo de nube interestelar. Imagen: NASA/JPL-Caltech

Las nuevas muestras aportan una pista decisiva. Los niveles de hierro-60 no son constantes a lo largo del tiempo: hace entre 40.000 y 80.000 años llegaba menos cantidad a la Tierra que en épocas más recientes. Ese cambio relativamente rápido encaja mejor con la idea de que el Sistema Solar se estaba desplazando por regiones distintas dentro de la Nube Interestelar Local, algunas más densas y ricas en polvo estelar que otras. Dicho de otra manera, el hielo antártico estaría registrando el relieve invisible del medio interestelar que rodea al Sistema Solar.

Los datos también refuerzan otra hipótesis: que esta nube interestelar podría haberse formado a partir de material expulsado por antiguas supernovas. El hierro-60 actuaría así como una especie de fósil radiactivo de aquellas explosiones estelares.

La escala del hallazgo resulta difícil de imaginar. Los cambios observados abarcan decenas de miles de años, un instante breve en términos galácticos. Sin embargo, permiten seguir el movimiento del Sistema Solar a través del espacio interestelar casi como si se tratara de un barco atravesando bancos de niebla cósmica.

Hoy sabemos que la Tierra no está aislada del resto de la galaxia. Mientras orbitamos alrededor del Sol, y el Sol gira alrededor del centro de la Vía Láctea, nuestro planeta continúa recibiendo un tenue flujo de polvo procedente de estrellas muertas hace millones de años. Parte de esa historia queda escrita, grano a grano, en el hielo más antiguo de la Antártida.

Referencia:

Dominik Koll, Annabel Rolofs, Florian Adolphi, Sebastian Fichter, Maria Hoerhold, Johannes Lachner1, Stefan Pavetich, Georg Rugel, Stephen Tims et al. (2026) Local Interstellar Cloud Structure Imprinted in Antarctic Ice by Supernova 60Fe Phys. Rev. Lett. doi: 10.1103/nxjq-jwgp

Para saber más:

Disfrutando a otro nivel

Ajustando un cronómetro astrofísico

Lo que cristales más antiguos que el Sol revelan sobre el origen del Sistema Solar

Sobre el autor: César Tomé López es divulgador científico y editor de Mapping Ignorance

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos obligatorios están marcados con *